¿Cómo estoy? (Desolación y Consolación)


Fuera de la adolescencia, donde predominan los estados de ánimo por encima del resto de cosas, podemos identificar en la vida espiritual en dos grandes momentos o situaciones vitales prolongadas: la consolación y la desolación. Estos son los nombres que reciben clásicamente en la tradición eclesial, y que se hicieron “famosos” tras s. Ignacio de Loyola. De ellas vamos a hablar hoy, en clave de discernimiento, para comprender a qué atiende, cómo comprende y cómo discierne la persona espiritual en estas circunstancias.

La semana pasada estuvimos contemplando la parábola de la viña. En ella aparece un único campo con dos frutos contrapuestos por la acción de dos agentes diferentes. Lo importante es aprender a ponerle nombre, reconocernos en una situación de conflicto personal, no de simplicidad o de pasotismo. Nuestra vida, que es la viña, es una vida disputada. ¿Cómo podemos hablar de esto? ¿Qué palabras deberíamos usar para no “desvirtuar”(nos)? Podemos hacerlo de distintas maneras: las intenciones buenas y las malas intenciones, o las luces y las sombras, o como las llamó San Ignacio,consolación desolación.

Ambas situaciones por las que atravesamos no han de ser confundidas con la simple euforia, sensación de bienestar, buen o mal humor, tristeza natural, pesimismo, meras consecuencias del mal o buen tiempo o de una mala digestión, una noticia, un triunfo o un fracaso. Estos sentimientos pueden mezclarse, o no, con la consolación o la desolación. Las distinguimos porque las primeras no llevan la experiencia a nivel espiritual, y la consolación y la desolación son propiamente vivencias de la persona a ese nivel (que por otro lado implica el resto, pero desde esa dimensión personal).

 En forma de avance, antes de desglosarlo más podemos decir que:

╬       Consolación espiritual: todo aumento de fe, esperanza y caridad y toda alegría interna que llama y atrae a las cosas de Dios pacificando el alma en el Señor. Calor, fervor interior, amor que unifica y dirige a su verdadero centro: Dios.

╬       Desolación espiritual: cuando lo que se siente es aridez o disgusto por la oración y por las cosas de Dios. Cuando el alma se inclina hacia las cosas bajas y terrenas, se siente agitada, tentada y turbada. Sin esperanza, sin amor, totalmente perezosa, tibia.

Consolación y desolación reciben “mociones” y movimientos contrarios entre sí. Es importante entender que básicamente son “generadores de mociones”, de movimientos interiores, personales. En estos campos se recibe el sentido y la vida de forma contrapuesta entre sí.

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