¿Por qué celebrar la Eucaristía los domingos?


Los martes, los miércoles, los jueves también se puede celebrar sin problema. Cada día hay celebraciones en muchos sitios de tu ciudad. De hecho, te invitaría a acercarte por tu propia voluntad, y libremente a ella. Es hermoso sorprender al amigo, ser acogido un día de diario en casa, cuando todo es más sencillo y está menos preparado. Por lo tanto, nada te lo impide. Ahora bien, no será la Eucaristía del domingo.

La celebración dominical tiene de peculiar que une a toda la Iglesia. Allí donde esté, cada cristiano se acerca a orar, a encontrarse con Dios, y aplaudir la Resurrección. Es un vínculo de comunión con todos, de todas las partes del mundo. Y recibimos al Señor en la comunión del pan único y compartido.

  1. El domingo nos vincula a la Resurrección. Es el tercer día del que habla la Escritura, el séptimo día o incluso el octavo, si nos salimos de los cómputos normales.
  2. Ofrece a nuestro descanso del fin de semana el impulso de la plenitud. En el domingo reconciliamos con el Señor todo el esfuerzo acumulado durante la semana pasada, y también ofrecemos humildemente nuestros esfuerzos de la siguiente. A uno y otro lado del domingo, como bisagra, se levanta la vida cotidiana, la misión, la familia, la tarea de amar. El descanso cristiano es para la reconciliación, para la plenitud, para la alegría.
  3. Nos reúne a todos. O debería hacerlo. Nos da una fuerza distinta saber que todos caminamos en la misma dirección, que queremos impulsar la vida, la historia y el amor en un sentido común y queremos trabajar por lo mismo. Es ese “todos” que representa la comunidad cristiana en torno a la Palabra y al Banquete de la Eucaristía.
  4. Rompe lo cotidiano. Y qué pena cuando se va por rutina, porque toca, y bajo el signo del cumplimiento. Que hay veces que es verdad que domina más que la alegría del encuentro, o nos faltan ojos para verlo. En la Eucaristía del domingo no nos “evadimos del mundo”, de hecho tratamos de nuestra vida con especial profundidad. Pero sí que rompemos dinámicas, nos abrimos a otra manera de recibir y de agradecer cuanto tenemos.

¿Por qué dices eso, en qué te basas?


De vez en cuando, casi de forma periódica, como si se tratase de algo que hay que decir para avisar de algo… De vez en cuando me encuentro con alguien que me dice (sin que quiera decir nombres yo, esta vez al menos) que hay una persona, siempre es otra distinta,  que no quiere estar conmigo, que le parezco muy serio, que mejor con la compañía de otras personas…

Esto de forma sistemática. Palabra, no he hecho nada en contra de esta persona. Más bien lo contrario. Pero quedará en mi corazón. Algún día le diré, a la cara, que yo la he defendido frente a otras personas que, a sus espaldas, hablaban mal de ella, aunque a ellas las quiera más que a mí, no me importa; algún día le haré ver que, lo que por fuera parece bonito o feo, puede ser precisamente lo contrario y que sólo se descubrirá profundizando, lejos por tanto de primeras impresiones y de confiar sólo en lo que otros dicen. Pero esto será algún día. Hasta ese momento seré igualmente serio y recto y no permitiré que se hable mal de esta persona. De verdad. Ni lo quiero, ni me parece justo, ni llevará a nada. Aunque siga comprobando cómo “quiere” y “aprecia” más a quienes hablan mal de ella.

Me alegro de ser serio. Creo que no molesto a nadie y que soy bastante recto y sincero. Siempre quedan cosas por pulir, claro está. Pero las personas que me conocen, al menos eso me queda, sé que no son superficiales. Esas me conocen, porque han pasado por encima de la apariencia de seriedad.

Curiosamente me ocurre con dos tipos de personas de las que habla el Evangelio: los pequeños, los niños, esos me conocen y pasan por encima de la seriedad y de la apariencia para calar mi corazón; y de los que son como niños, los débiles y los sencillos. Ni los niños ni los que son como ellos son superficiales. Se hacen superficiales a golpe de martillo social y de falsos dioses. Pero no son superficiales, saben bien quiénes les quieren de corazón. Y de corazón deseo ser como niño.

Un saludo.