GRATIS. Anúnciate.


Hoy me ha llegado un correo fabuloso, con una propuesta extrañísima en los tiempos que corren. Me ofrecen espacio en una web (no haré propaganda) para colgar este blog y otros. El argumento que me ofrecen es “anunciarme gratuitamente“. Así de sencillo, sin más. Cogerán un logo que lo identifique, y lo enlazarán. Sin mayor trabajo, sin mayores implicaciones, así de cómodo y fácil en la era de la tecnología. Para los que sepan algo de esto, no hay ningún misterio escondido. (seguir leyendo)

Pedir lo que conviene – 5


Probablemente nadie se atreva a decir que estas peticiones -las del Padrenuestro- están mal, que no son acertadas, o que no son necesarias. Unas veces por respeto poco sincero, otras veces porque no sabría qué poner en su lugar. Pero la mayoría, seguramente, porque no conoce el tesoro que encierran. La Iglesia de los primeros siglos tenía esta oración como algo para “entregar” a los que iban siendo catequizados poco a poco. No era una oración que se explicaba después de aprender, sino que se vivía al mismo tiempo que se aprendía. Sin duda, todos ellos conocieron en lo cotidiano qué era eso de la voluntad de Dios, del Reino, o del nombre de Dios antes de empezar a rezarla. ¡Qué curioso! ¡Nos vemos en el lado contrario! ¡Explicándola después de decirla miles de veces! Sigue leyendo

Simplifica tu vida


Rodeados de cosas. Acumuladas con mayor o menor sentido. Unas sobre otras, a su lado, por doquier. Son libros, ropa, música, imágenes, partituras, dibujos, cuadros, comodidades, accesorios… Todo un tesoro para poder compartir con otros. Simplificar compartiendo, descubriendo al otro. Convertir tu mirada y la actitud del corazón las cosas que nos rodea, viéndolas por encima de lo normal, como puertas que nos permiten amar, nos dan seguridad, nos brindan un encuentro más allá de ellas. Te hago la siguiente propuesta: simplifica, reduce, desecha, comparte, libérate, purifica. Que lo muerto, tenga vida.

Una semana diferente. Frente a la acumulación, el desprendimiento. Tenlo todo preparado, para empezar y no parar durante los siete días que hayas decidido.

  1. Busca 7 cosas que tengas por ahí, y de las que casi ya ni te acuerdas. Fueron importantes o no, significativas o no. Ahora están muertas. Límpialas, envuélvelas y piensa en alguien de tu entorno a quien regalárselas. Conocido o no tan conocido. Es un detalle.
  2. Cada día, una persona a quien acercarse. Es el paso de las cosas a la vida, al encuentro, al otro. Supone el riesgo de “utilizar” adecuadamente, de dar el paso por llegar a los demás. Decirles, de forma sencilla, que has pensado en ellos. Y agradecerles el camino hecho juntos. Porque queda mucho que recorrer.
  3. Y de vuelta, cuando ya no sea tuya esa “cosa”, agradecer la persona con la que te has encontrado. Menos será más. Y cuanto más arriesgues, será más grande su presencia.
  4. Si te animas, apúntate en twitter a #comparte7

¿Te atreves?

Es una cuestión vocacional. La de poner en juego para descubrir. La dinámica de la liberación por medio de la entrega, no para tirar a la basura sino valorando la maravilla que somos y cuánto tenemos que podemos usar para el bien. Todo está puesto, y es verdad, en la medida. “Tanto” encontrarás “en cuanto” pongas en marcha.

Este camino te llevará a darte cuenta, cuando busques algo para otros, de lo apegado que estás (o no) a la realidad que te rodea. Y qué poco valor tiene todo eso que acumula polvo a tu alrededor. Entonces tendrás la oportunidad de ser libre, cuando veas de corazón la verdad ante ti, y de liberarte y tirar aquello que ni vale para ti ni puede valer a otros.

  1. No se trata sólo de hacer. Sino de dedicar tiempo, de pensar, y ordenar el mundo, de distribuir y facilitar algo grande a los otros. De tomarnos el pulso y conocer en qué encontramos vida. ¿Cosas, personas, Dios? ¿Cómo están relacionados?
  2. Dar un paso valiente. Facilitar el encuentro con el Señor de la vida, que generosamente me ha puesto en el mundo, y me ha regalado primero todo cuanto tengo alrededor. Querer quedarme con el Señor de las cosas, en lugar de con las cosas del Señor.
  3. Liberarme de las zarpas pulpescas y de las garras afiladas de todo eso que parece que me da seguridad, que supone la rutina y el “porque sí”, para preguntarme por lago más grande: ¿Por qué no vivir de otra manera? ¿Por qué no purificarme y comenzar de nuevo? ¿Por qué no retomar lo que hace feliz verdaderamente al hombre?

¿Dios ha tocado alguna vez tu corazón?


Un segundo y medio de silencio para responder a esta pregunta. Y algunas pistas para ayudarte.

  1. Es algo intenso y personal. Muchas veces muy íntimo aunque estés rodeado de mucha gente. Nos sentimos conocidos y amados aunque no seamos capaces de entender cómo alguien puede hacerlo. Lo deseamos, queremos que nos acepten tal como somos, y en ese momento nos sentimos reconfortados especialmente.
  2. Siempre supone una llamada, que nos saca de nosotros mismos y nos invita a caminar por donde no habíamos imaginado. Nos hace soñar con atrevimiento singular, como pocas veces antes, y creer que somos capaces si permanecemos unidos a lo que estamos viviendo. Sigue leyendo

¿Por qué reducimos…


… la vida, a los días; los días, a horas; las horas, a minutos; los minutos, a segundos? ¿Por qué reducimos el mundo, a mi mundo, y mi mundo a mis intereses? ¿Por qué reducimos la humanidad, a lo que es para mí ser “ser humano”, y lo que es “ser ser humano” a vivir bien, a desarrollo, a comododidad, a bienestar, a confianza en sí mismo? ¿Por qué reducimos la plenitud a satisfacción, la satisfacción a sentirse bien, al éxito, al aplauso? ¿Por qué reducimos?

Salía en una conversación que mantengo en otro foro.

Mi respuesta es sencilla:

Porque llamados a algo más grande, a vivir con Dios, a vivir la VIDA de Dios tendemos a hacer y construir las cosas y el mundo a nuestra medida. Creo que la respuesta es sencilla, una buena noticia para quien sepa y quiera ver, para quien quite el velo de su cabeza, para quien supere mediocridades, para quien sueña y para quien está despierto, para quien sufre y para quien corre. Una buena noticia para todos. Pero con semilla de Reino, con su exigencia y su valor. En nuestra vida está escrita la Palabra, en la historia, la salvación, que es la grandeza de Dios, el don sin límites y la vida que no termina. Es Dios que se da a sí mismo y se comparte. Por eso no le vemos, porque vemos personas o cosas, y su grandeza lo inunda todo y lo supera a su vez todo. Nuestro rostro, lo más íntimo de nosotros, la humanidad con mayúsculas es la del Hijo, y el Hijo es Dios. Y Dios es inconmensurable. Las palabras nos faltan, le hacemos entonces pequeño. Pero la huella, su huella está y permanece. Vivifica y eleva. Ansía y provoca. Vamos más allá. Sabemos que estamos entre “cosas pequeñas” y que el presente pasará. Pero continuamos la carrera, la búsqueda, la meta y el horizonte. Construimos proyectos, soñamos lo irrealizable. Y nos parece bueno, mejor que cualquier cosa. Anclados a lo posible por la realidad, algo se escapa a ella, y ese algo lo reconocemos como lo mejor, lo más grande, lo más poderoso, la felicidad, la verdad, lo más bello. Tenemos rostro de Hijo, rostro herido por el egoísmo y la inconstancia, que convierte todo a nuestra medida. Lo primero que vemos es la herida, nuestra cicatriz, y saltar por encima de ella omitiendo sus males y la posibilidad de volver a herirla nos hace plantearnos que mejor mantener los límites, seguir cerrado. Y reducimos. Entonces, reducimos.

¿Quién nos dejará ver las cosas tal y como son, sin nuestras palabras, prejuicios y criterios? ¿Quién nos asomará al misterio y quién se asomará al misterio y dirá su nombre? Dos mundos existen: el mío y el mundo. Dos actitudes: apertura o cerrazón. Dos conformidades: pasiva o activa.

Y así, tantas veces cuanto sea necesario. Y en cada reducción, un grito y una disconformidad. Esto es algo, pero nunca todo. Y “todo” es todo, y Todo me espera, me llama.

¿Calasanz escribe… ?


Las cartas de Calasanz son un tesoro espiritual y pedagógico. Preocupado por las cosas concretas, prácticas… como un maestro de escuela que enseña a sus hijos a dar los primeros pasos. Así es Calasanz.

Te invito a que te acerques a una pequeña parte de sus cartas, seleccionadas y brevemente comentadas para que puedas orar con ellas.