¿La Iglesia es necesaria?


Creo que esta es la intención con la que pregunta snorry en la sección ¿Qué te preguntas tú?  Creo que no es una pregunta que se hace él solo, sino que son muchos los creyentes y no creyentes que mantienen esta tensión. Por empezar a clarificar puntos y responder desde mi vida, diferenciaría entre: (1) Qué entiendo por Iglesia. Aquí no siempre se es correcto en la respuesta, o sincero, o comprometido, o responsable. (2) Quién es responsable de la Iglesia. ¿Curas y demás, yo y nosotros, todos los creyentes, Dios? (3) Qué experiencia he tenido de vivir en la Iglesia. Hasta qué punto he “entrado en el hogar, en sus habitaciones, en sus dependencias, en sus lugares de descanso, en sus comedores”, como si fuera una metáfora de la casa, del hogar, del lugar donde se puede vivir. (4) ¿He escuchado la llamada a ser Iglesia?

Por mi parte, con todas estas preguntas, os ofrezco una especie de “materiales para la reflexión” que elaboramos para un retiro entre un hermano y yo. (link) Está en la página de materiales de la web de pastoral de mi centro.

Pero quiero responder. Al menos en parte, porque sería propicia para un diálogo intenso. Yo la entiendo como comunidad, en el sentido más amplio y profundo del término. No sólo como “grupito reunido” sino como humanidad convocada, por una única persona, Jesucrito, por un único Señor, el Padre, y que nos hace compartir un único Espíritu, que nos mueve, nos empuja, nos alienta, nos revela, nos ilumina y nos hace tan hermanos como santos, o santos en la medida en que vivimos la fraternidad y la comunión.

Soy parte de la Iglesia. Indiscutible. Y no cualquier parte. Cuando digo esto, no lo digo en general. Sé quién soy dentro de la Iglesia, conozco mi misión. Soy cura, sacerdote, presbítero, ministro, confesor, educador, catequista, religioso, consagrado… ¡Cuánto me ha dado! Pero no son “títulos”, sino realidades. Quizá, toda la fuerza “clarificadora e iluminadora” de estas palabras debería ser desarrollada igualmente en otros ámbitos como “laico, seglar, esposo, padre de familia, trabajador…” Porque todos somos, en cuanto somos Iglesia, iguales.

Y vuelvo a la pregunta del inicio. ¿Es la Iglesia necesaria? Estoy tentado de utilizar un “para mí sí”. Pero no lo voy a hacer. No quiero decir “para mí”, sino simplemente “sí”. Es necesaria para hacer presente el Reino, para hacer presente a Jesucristo. Porque uno solo ni puede, ni puede convertirse en Dios para otros. Porque si fuera solo no compartiría su fe, no celebraría su fe, no recibiría ningún sacramento, no sería ni acompañado por otros ni podría acompañar, no sería parte ni pertenecería a la familia de los creyentes. La Iglesia es necesaria para mostrar a Dios, para configurarlo al modo humano, entre las personas. No sólo es cuestión de “más fuerza” sino de “más vida”. No es cuestión de “más número” sino de “mayor visibilidad y significatividad”.

Claro… la Iglesia es imperfecta. Pero Dios vive en ella. Si fuera cosa de personas, una creación suya, pensaría sinceramente que … no puede ser cierto. Tiene que ser cosa de Dios, una verdadera locura, unos objetivos que son una continua llamada, un proyecto empresarial con infinitas lagunas, un atrevimiento tal que no puede significar más que una palabra: “Yo sí creo en vosotros. Cuando vosotros no creéis en vosotros mismos, aquí estoy para revelar de qué pasta estáis hechos, cuál es vuestra imagen, dónde está la vida verdadera y cómo se alcanza.” Chaval, la Iglesia es… genial (lo dejamos ahí).

Un saludo .