Perdí la fe que tenía


Casi he estado por felicitarle, darle un abrazo, e invitarle a tomar algo. Pero he sido comedido, prudente, sabiendo escuchar y dejando hablar, acogiendo lo que tenía que contarme, y queriéndole en la medida de mis posibilidades. Creo que una leve sonrisa, en más de un momento me salió por la boca, y una de esas miradas jocosas que nos dedicamos de vez en cuando. (seguir leyendo)

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