Encontré verdaderos sabios


He tenido profesores que siempre recordaré. De los que aprendía incansablemente, y a los que escuchaba con verdadera pasión. Me hacían sentir tonto, pero muy muy tonto. Se me habría la boca en sus clases, no para bostezar sino de esas veces en las que de pequeño estabas absorto. Me dejaban anonadado las narraciones de historia, los relatos y cuentos. Yo creía que mis profesores, como todos los niños, eran los profesores que más sabían del mundo. Pero eso sí, ¡mis padres eran mi padres! Y mis padres eran los más listos de todos, porque eran quienes más me querían. Después me tocó crecer, y me di cuenta de que muchos sabían más bien poco, pero tenían la lección aprendida. Y a mis padres, por mucho que me quisieran, nunca les iban a conceder el Premio Nobel. Si se lo hubieran dado, yo encantado. Pero no iba a suceder. (seguir leyendo)

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