Opiniones pastorales en forma de ortografía


Hace poco alguien me recordó (feliz memoria, por cierto) que había escrito este artículo hace un año y medio sobre cómo veía yo la Acción Pastoral y la Evangelización, es decir, el anuncio de Jesucristo y del Reino, y cómo andaba implicado en ella. De entonces hasta ahora, sí que me he movido “un poco” en algún terreno de lo que venía siendo “lo habitual y común”. La JMJ no pasó sin dejar huella, tanto en su preparación, como en el encuentro, y los anhelados frutos de los que tanto hablábamos en los previos.

Como es una reflexión, sin más ánimo ni pretensión que el diálogo, la búsqueda común, y el buen hacer, lo pongo a disposición de todos. Creo mucho en esto de compartir y sentarse verdaderamente juntos a mirar con nuestras acciones en la misma dirección después de una buena conversación y diálogo. De hecho, reconozco que hay muchas aportaciones en la misma dirección que son mucho mejores que ésta. Por tanto, permitidme que no cambie nada de lo dicho, a pesar de que fue escrito en poco más de una noche y en algún caso se hace un tanto liosa su lectura.  Lo divido en varias entradas, según las partes que componen dicho artículo. Para cualquier aclaración, duda o cuestión, siempre a vuestra disposición en la medida de mi capacidad y tiempo.

  1. Introducción.
  2. Puntos finales, o sobre lo que no tiene futuro.
  3. Puntos y aparte, o sobre lo que ha terminado para que empiece algo nuevo.
  4. Comas, o sobre los espacios para poder respirar.
  5. Exclamaciones, o sobre aquello que provoca asombro o llama la atención.
  6. Interrogantes, o sobre las grandes cuestiones actuales.

El epílogo:

Jesús, fijando en él la mirada, lo amó.” Estas palabras, del Evangelio, son fácilmente reconocibles en toda pastoral. Sin duda, nos han animado a ponernos en el lugar preferente para poder contemplar con verdad cuál es el fundamento de nuestras acciones ordinarias y extraordinarias, de nuestros esfuerzos e ilusiones. Cuando Marcos habla de “amor” utiliza un verbo fuerte, que implica acción más allá de las apetencias personales, que sale al encuentro del otro verdaderamente. Sin embargo, ese “amor” tan concreto está precedido por una palabra mucho más amplia como es “mirar”, pero que aparece pocas veces en la Escritura, y que exige un grado de claridad alto.

Es este, de nuevo, el camino que nos traza el Evangelio en pastoral y que, por muchas veces que se repita, no deja de ser actual. Saber mirar y saber amar según el Hijo.

Para quienes no recuerden cómo termina la perícopa, el joven se va porque lo que escucha es demasiado exigente. Ha recibido amor; no ha sido capaz de compartirlo. Y poco después Jesús recuerda que “para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible.

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Un pensamiento en “Opiniones pastorales en forma de ortografía

  1. “Jesus lo miró y lo amó”.
    Pero ¿no lo había mirado antes, desde el momento en que se había acercado a él?
    ¿Qué “mirada” es ésta que lo lleva a amarlo?
    Por eso el joven se marcha cabizbajo, porque él no es capaz de “mirar” así.
    No es que no acepte el amor de Jesús, es que no lo “ve”. Y no lo ve siendo, a la manera humana, bueno.
    ¿No hay cierta crueldad en este hecho? ¿Por qué no le es dado “ver”? ¿Por qué para los hombres es imposible?
    Aquí me suenan las campanas del pecado original. ¡Maldito ser humano!
    Punto y aparte.

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