Como te pille…


El mundo es muy pequeño. Pero que muy pequeño. No es que lo diga yo. Es que lo saben “hasta los chinos”. Tarde o temprano nos reencontraremos. No te preocupes, que no se me olvidará lo que has hecho. Y te lo digo para que lo vayas teniendo en cuenta. Que tampoco tú tengas la sensación de que no ha pasado nada. Que no hace falta que corras, que no voy a salir detrás de ti como un loco. Que no me hace falta, insisto. Que si estás por aquí, dentro del mundillo, nos volveremos a ver. Lo dicho, que no veas las ganas que tengo de volver a darte un abrazo, de charlar contigo de nuevo sobre lo vivido en este tiempo intermedio. Sé que nos veremos. ¡Confío!

¿Por qué no damos la vuelta a las cosas que parece que van a terminar mal? ¿Por qué no aprovechamos el transcurso de la realidad por el tiempo, y los minutos que necesita para ser escrita, y giramos en las visagras de la historia torciendo? Algunos esperan a estrellarse del todo entre sus miserias para, posteriormente, intentar reconstruirse, pedir ayuda, salir del entuerto del que podrían, quizá, haberse visto libres. Despreocupadamente libres.

El texto del inicio corresponde a mi estado de Twitter ayer por la noche. También lo compartí en una serie de tweets seguidos. Sorprendió. Volví a tener respuestas del estilo: “Ya me extrañaba, no me lo esperaba de ti.”, “Menos mal que llegué al final.” Y me dio que pensar, nuevamente, que el simple texto se corresponde a muchas aventuras vividas, que impedimos con pericias que se dejen llevar por la inercia de los acontecimientos, los prejuicios de los finales adelantados, o las perezas de quienes no intentan luchar ante los malos principios. De ahí una serie de consideraciones, menos literarias, y más contundentes:

  1. De un buen principio se espera un feliz final. Ésta es la frase original. Las películas nos enseñan desde pequeños que grandes historias se gestan en trágicos inicios. Y la vida nos ofrece la oportunidad de adueñarnos responsablemente del transcurso de los hechos que van sucediéndonos. Lo que acontece puede servir para que, en la impaciencia, nos despreocupemos y abracemos el desenlace antes de tiempo, o por el contrario, su ritmo pausado nos brinde la oportunidad paciente de una respuesta contundente.
  2. No en cualquier momento podemos dar un giro brusco. Hace falta prestar atención a las bisagras y brechas. Parto de una cierta incapacidad del ser humano, no pesimista, para ser señor absoluto e independiente de la vida. Alguien me preguntaba estos días cómo se podía empezar a cambiar una situación en nosotros mismos. Mi respuesta, no definitiva y quizá no muy meditada, sería ésta: algo tiene que ocurrir; bien en nosotros mismos, algo que nos lleve a decidir incondicionalmente algo, o bien externamente, que dispongamos de una situación privilegiada. Y no entro a valorar lo bueno y malo de estas oportunidades, porque estimo que podemos servirnos y utilizar cualquier cosa. Incluso el miedo, el dolor, el sufrimiento en lo personal. Y personas que durante un tiempo sean bastón o escudo para nosotros. ¡Cualquier cosa! Pero sostengo que, internas o externas, llevan en su ser un signo de gratuidad, inmerecimiento y don.
  3. El concurso de nuestra voluntad y libertad. Que los renglones puedan enderezarse, utilizando una frase que no me quiero apropiar del todo, puedo entenderlo. Que dejemos de escribir, no.  Y este ejercicio de escritura corresponde, metafóricamente, a nuestra actitud ante la vida (dicho en general) y a nuestras acciones concretas (dicho en particular), y muy especialmente a la coordinación de ambas de modo que una y otra se retroalimenten decididamente. Escribir, como actuar, no se hace a golpes, sino coordinando palabras y frases. Y lo que comienza de una manera tiene que esperar un tiempo para poder cambiar de tercio. La voluntad no se aprovecha siempre, no sirve en toda ocasión. Tiene igualmente su momento. El del inicio de la frase. El de la ambigüedad de las palabras sin final que pueden ser transformadas antes de por el punto. Y poco a poco, el sentido y el conjunto se van concluyendo.
  4. Hasta el final, no está todo dicho. Me encanta el final del primér párrafo de un libro que cayó en mis manos siendo un muchacho, y que ahora os transcribo: “Hoy lo divino señala sus umbrales, sobre todo, en el raro descubrimiento, a nuestro lado, de prisa, de otra vida que tampoco conoce la quietud mortal del que lo ha conquistado ya todo.” (un párrafo al día) Sólo aquel que crea que lo ha conquistado todo puede darse por muerto. Tesis magníficamente expresada en “Elogio de la infelicidad” de manos de la sabiduría de E. Lledó. Nada podemos darlo ni por terminado, ni por perfecto, ni por cerrado. Ni siquiera aquello que para nosotros, ahora, es pasado y que algún día descubriremos eterno.

El párrafo de incio, que comenzó como una tontería o un desahogo, quiero cerrarlo como homenaje a otro texto, profundamente educativo, que me cautivó con su estilo y con su capacidad para reescribir una historia de la que todos conocíamos su final. Si no has leído “La casa de Astión”, de Jorge Luis Borges, aquí lo tienes. Espero tu comentario.

Por si estás perezoso, aquí te lo dejo escuchado. Aunque aviso que es infinitamente mejor leído por ti mismo, a tu ritmo y repasando palabras cuantas veces necesites.

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2 pensamientos en “Como te pille…

  1. hermosa reflexión! y buenísima la sugerencia de leer a Borges!!! que maravilla que en la incompletud y en lo imprevisible puedan darse los milagros…que muchas veces nos pasan desapercibidos…lo desconocido es la riqueza y el desafío cotidiano…apresurarnos solo nos distrae del presente…y es allí donde por donde la eternidad pasa… un gran abrazo desde Cba, Argentina!!! =)

  2. Me quedo con el segundo párrafo, pues es muy real, se puede dar esa vuelta de timón y quedar “despreocupadamente libres”, pero alli pude ver en un hecho concreto (hace tiempo ya) a mi yo interno luchando y lo malo es que después me dí el tortazo de mi vida y bien…Una experiencia muy dura, pero qué tonto yo, pasó ya (pero jugó la libertad). Sobreviví, pero seguro que puede suceder otra vez. Creo que sí, ahora, puedo estar alerta para que las cosas que sé puedan terminar mal las pueda cambiar a tiempo.
    Luego el cuento, me asusta su clave y decidí que palabras en específico eran para mí:
    -quietud, soledad (soy un prisionero en una casa sin cerraduras)
    -soy único, con un espiritu capacitado para lo grande
    -vive o viene mi redentor (creo que dice las dos cosas)
    Qué capacidad para asombrar! y es que no dejo de asombrarme con los escritos y la forma de comunicar que tienes.
    Le estuve dando más vueltas a los temas sugeridos por tu estudiante y cuando los tenga más delimitados te los envío, ¿sí?
    Saludos,

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