Será intransferible o no será, pero contagiar, contagia


Esta mañana me he despertado bajo el signo de los exámenes. Tengo una pila de ellos sobre la mesa, por corregir. Mis alumnos no dejan de sorprenderme, y no me abandonan ni los fines de semana. Aquí tengo esta forma inusual de correspondencia, que terminará en algo más que un número rubricado en un boletín de notas. A veces no somos del todo conscientes de las consecuencias que tendrá el resultado final de estas pruebas. Aunque no sea más que una prueba parcial de la vida. De todos modos, crece en mí últimamente el rechazo ante esta situación en la que el maestro deja de ser enseñante para pasar a ser evaluador, juez y dictador. Ojalá hubiera otro modo, todavía no inventado. Seguiré esforzándome por encontrar alternativas, que pasan, dicho sea de paso, por la voluntad de estudiar de los alumnos independientemente de la nota y sin considerarla el final de su sabiduría. Me entristece comprobar que son ellos los primeros que cierran todo capítulo de sus vida tras los exámenes.

Además de estas lecturas programadas, tres artículos me han sorprendido agradablemente al relajarme de mi tarea. Cada uno de ellos con su claridad y luz particular. El primero, en el blog Amar en amarillo, con el título “Puedo sufrir y sufro“. El segundo, leído con tristeza por no haber encontrado ayer el tiempo y la forma de encontrarme ayer con su autor (José Chamorro, Desde el Silencio) para tomar algo en una terraza y dialogar apasionadamente, “La cristianía necesaria“. Y por último, la contundencia de la última entrada de Daniel Pajuelo en Novabella, blog que admiro desde hace tiempo, que considero a día de hoy muy oportuna y necesaria, por aquello de recordarnos lo esencial.  A la mezcla de unas y otras, más el reposo oportuno aderezado con la corrección de los exámenes de mis alumnos, les debo el título de mi post de hoy. Cierto es, y hablo especialmente con los tres, que en la vida lo auténtico tiene ese punto de intrasferible que nace de nuestro ser únicos en el mundo y del aislamiento de nuestro ser. Sin embargo, todo se contagia. Estamos marcados in aeternum con la característica particularmente potente del “yo y las circunstancias”, de nuestro ser, vivir y actuar en el espacio y el tiempo, en un mundo compartido que genera novedades.

Sobre aquello que se tiene que vivir necesariamente en soledad podríamos estar hablando hasta la saciedad. Lo intransferible. Aquello que no se puede compartir por mucho que otras personas incluso quieran cargar con ello o compartirlo. Aquello que ya de por sí , aunque en forma de deseo, tiene mucho de maravillosamente humano y de incapacidad para alcanzar por esa vía la plenitud a la que aspiramos. Sin embargo, pongo el énfasis en un aviso, amable y fraterno, para principiantes. En absoluto podemos reducirlo al signo negativo, doliente y doloroso de la vida. Bajo ningún concepto podemos permitirnos creer que sólo en los momentos malos, en las circunstancias en las que toca sufrir y llorar, sobreviene sobre nosotros esta vivencia. También supone una gran causa de frustración e impotencia sentirse incapaces de compartir la alegría, la esperanza, el amor y la fe. Ver con los propios ojos, elegir una perspectiva tan reducida para ver el mundo como la propia, tener que hablar para expresar lo que sentimos en lugar de compartir el sentimiento nada más. Es más, deberíamos recordarnos siempre lo contrario de lo negativo y doloroso, hacer siempre presente nuestra condición instransferible para vencerla en la medida grande y gloriosa que se le ha dado al hombre vivir: la palabra, la empatía, la cercanía, y cuando todo esto no alcance lo deseable, que al menos quede compartir tiempo, espacio, mirada. No podemos compartir el “yo”, y siempre queda abierta la puerta para realizar juntos las “circunstancias” (por cierto, Ortega debería haber hablado más de esto).

Quizá aquí, en el dolor y el sufrimiento, sintamos más necesidad, más apremio, se haga más insoportable la vida exclusivamente vivida para el egoísmo personal, centrada en uno mismo, aislada hasta el punto de que nadie pueda interferir en ella. Quizá en el dolor, además, se produzca un primer momento de repliegue que puede pagarse caro a la larga si éste aumenta por encima de nuestras fuerzas.Y con tanto quizá, no sentiremos nunca completa la vida hasta que no se hayan hecho de otros nuestras alegrías, nuestras fuerzas, nuestro amor, nuestra fe, nuestra esperanza, nuestras bondades. Sólo cuando hayamos vivido sin reservas para otros lo excelente que portamos dentro alcanzaremos la plenitud que andamos buscando. Hasta entonces, quedará mucho camino por andar, demasiado nuevo por desgastar y usar, excesivas resistencias para ser quienes somos. Esto último, verdaderamente intransferible y único, recibe el nombre de vocación. Y lo creamos o no, siempre es compartida cuando es auténtica.

Lo intransferible de la vida, además de convertirnos en responsables de nosotros mismos, y en parte de las circunstancias, se contagia independientemente de nuestra voluntad y al margen de nosotros mismos. Lo siento mucho, no podemos manejarlo todo en nuestra vida y entorno, ni nos haría mejores personas siquiera ese conocimiento. ni respecto a “lo de fuera”, ni tampoco en “lo de dentro”. Cuando digo “contagiar” me refiero a lo involuntario. Darle a otros la oportunidad de compartir la propia vida supondría la victoria de nuestra triste condición solitaria, pero voluntariamente. Dicho de otra manera, sólo contagia aquel que no abre sus puertas al amigo o no sabe cerrarlas a tiempo ante el ladrón en la noche. Quien no ha experimentado la comunión hasta el punto de reflejarse en los demás y reconocerse habitado interiormente, entiendo que no pueda comprender lo que digo, considere que es una estupidez juvenil o adolescente, o son palabras románticas nada más. Dicho sea de paso, considero un tanto torpe, aunque maravillosamente se esconda tras ella algo más grande, la actitud de quienes con su vida deciden contagiar a otros en lugar de compartir abiertamente. El contagio, y es lo que quiero decir, se produce sólo en quienes no optan alegremente por saberse en un mundo compartido y habitado, ni se ven constitutivamente creados para la apertura al prójimo, al hermano, o a quienes están presentes a su alrededor con su misma necesidad y reclamo, o a quienes tienden desde la amistad, desde el amor o desde la casualidad de la conversación su mano.

  1. La palabra vence el contagio, cuando genera diálogo. Y no todo diálogo se reduce a las palabras que se intercambian dos hablantes. Forman parte del diálogo la escucha, la admiración, el silencio, la ignorancia y la falta de respuesta. Y si analizamos nuestro mundo, el exceso de palabras al tuntún, lanzadas al viento o arrojadas contra otros, rompen el diálogo contagiando el ambiente de mayor soledad y tristeza. El diálogo, maravilloso invento que no se debe la humanidad a sí misma ni por asomo, crea el espacio necesario para la ruptura de lo intransferible. Nunca podremos alcanzar el todo de la transferencia, y sin embargo hemos llegado a algo que es común a más de una vida vivida en soledad. Sin cotagiar, con la disposición voluntaria de hablar y de escuchar y acoger.
  2. Ahondar en personal nos vislumbra conectados a los otros. No por contagio involuntario, insisto, sino por unidad estructural. Detenerse en uno mismo, despojados de la actitud egoísta de quien sólo saber mirarse a sí mismo y recrearse tanto en la propia miseria como en la gloria, nos descubre absolutamente relacionados. En cierto grado amparados por los conceptos del ambiente y de la cultura, de la situación en la que estamos. No sé hasta qué punto podríamos decir que el ambiente inconscientemente se cuela en la vida de las personas sin que éstas se den cuenta activamente, y por lo tanto, tampoco puedo afirmar cuantitativamente su falta de libertad aunque se vean a sí mismos tomando decisiones muy personales. La cuestión siempre queda abierta a la posibilidad de separarme críticamente del dominio que la cultura, el mundo y el ambiente tiene sobre mí, como ejercicio de libertad y autonomía responsable. Pero nunca, bajo ningún concepto, podré suprimir una humanidad terriblemente compartida con los otros. Es más, cuando alguien emprende la asombrosa tarea de conocerse a sí mismo, de cuidar primero de sí mismo, de adueñarse de la propia vida, de lo primero que surge en su interior con perplejidad es una historia vinculada estrechamente a los otros, a otras personas. Algo que, lejos de entristecernos, debería causarnos una gran alegría. Y, por debajo de esta constatación, afirmar que, si bien no somos “de los otros” posesivamente ni los otros son “de lo nuestro”, sí es cierto que no son “sin los otros” ni los otros “sin lo nuestro”.
  3. Las huellas de la foto del post de hoy, un tanto ñoña ciertamente (esto puedo decirlo aquí porque no todo el mundo llega hasta el final de las entradas de mi blog, como recientemente he comprobado con el post “Abandono el sacerdocio”), reflejan algo muy simbólico. Con lo único de dos personas, o más, surgen intersecciones, nuevas líneas, trazos igualmente únicos pero compartidos esta vez. Deja de verse tanto, y significarse tanto, aquello de lo que nos gloriamos o cargamos. Será por vía del sufrimiento o la alegría, de lo personal o lo comunitario, de la crítica feroz o la constructiva, pero será en cualquier caso algo nuevo. Deberíamos fijarnos, a mi entender en todo aquello que provoca intersección, que impide la separación total y absoluta o el engaño e ilusión de nuestra soledad. Es posible dejar huella en los demás al pasar, por de la acción, la acogida o la palabra. Y también es posible que otros dejen huella en nuestra historia, también al pasar o compartir mucho. Es posible que estas huellas sean muchas, cuando esas existencias cruzadas se quedan juntas en su trayecto, de modo que ya no sean “de paso” sino permanezcan al lado hasta la eternidad. Pero también es posible dejar huella común (de esto, en relación a mi experiencia religiosa y sacerdotal, hablaré en otro momento), porque si bien las limitaciones del hombre son muchas, el Espíritu juega en otra dimensión superior a la nuestra aunque comparte nuestra realidad y nuestro mundo. No sé cómo decir que el amor que siento por alguien (el único amor posible, con mayúsculas) no es mi amor por alguien, sino el amor a-secas. Y que cuando sufro por alguien (el único sufrimiento desgarrador que existe) no es mi sufrimiento, sino la intersección de dos vidas debidas la una a la otra e incapaces de solventar y salvar la situación. Es decir, que ni el amor ni el sufrimiento son intransferibles, sino comunes verdaderamente, amando a ambos y sufriendo a ambos. Y esto, me saca de la espiral de lo intransferible definitivamente.

El post de hoy está, a mi entender, muy poco ordenado. Sólo espero, ahora que termino, no contagiar mi impresión de unos alumnos a otros corrigiendo sus exámenes uno detrás de otro, valorándolos por los previos de otros compañeros. Quisiera poder entender que esta tarea, y otras muchas, reflejan más bien algo compartido en clase. Estas notas también me las pongo a mí mismo, y en esa medida alegran y entristecen, fruto de los días que desde las ocho de la “madrugada” andamos, ellos y yo, inmersos en cuestiones filosóficas que sólo la vida debería despertar, y no la fuerza de un programa que, con frecuencia, no viene a cuento ni de nuestra necesidad, ni de nuestra humanidad, ni de nuestras preguntas.

Os dejo en compañía, más amable, de la música que escucho mientras corrijo y escribo. Si el video no os impresiona, no sois humanos.¡Cuánta belleza en la música! ¡Cuánta belleza en la creación! ¡Cuánta belleza en la sonrisa de quien toca en semejante lugar! ¡Qué admirable oportunidad para compartirlo con todo el mundo, dejarse llevar por su ritmo!

En atención a una amiga anoto que este post tiene 1877 palabras. Ahora 1885. Después de una leve corrección que no quería que saliera publicada en las RSS y en los email para suscriptores, he llegado a las 2009 palabras.

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8 pensamientos en “Será intransferible o no será, pero contagiar, contagia

  1. comparto tu ideas, sobretodo la de la correccion de pruebas y las notas , para mi no sirve asi! soy docentes y trato de innovar en mis clases y trabajos pero el sistema se impone! que hacer!?

  2. ¡Tocada!. Benditas palabras ¡Qué sería yo sin palabras y sin la música!, noche sin luna, río sin agua, flor sin olor…
    Adoro las palabras, reivindico las palabras y te agradezco tus palabras, porque hablan de la Palabra que nos salva.

  3. Hola, empiezo con la canción, sin dudarlo, una de mis favoritas y seguro que has leído la letra, si no me equivoco se trata de encontrarse con alguien, que al final es el mensaje dentro de esta entrada, que es como vivimos, con alguien al lado. Quisiera poder señalar en amarillo algunas frases (como dices haces tu), pero en el post no se puede. Me llama la atención algo que tiene que ver conmigo y es que siempre que trabajo para los demás pienso que es una carencia mía por agradar, pero he descubierto con el pasar de los años que es parte de mi personalidad, brindar servicio a los demás, ser servicial es algo maravilloso. Luego me alegraba leer “Sólo cuando hayamos vivido sin reservas para otros lo excelente que portamos dentro alcanzaremos la plenitud que andamos buscando. Hasta entonces, quedará mucho camino por andar, demasiado nuevo por desgastar y usar, excesivas resistencias para ser quienes somos. Esto último, verdaderamente intransferible y único, recibe el nombre de vocación. Y lo creamos o no, siempre es compartida cuando es auténtica”. Aqui en este entrecomillado está quizás la razón de mi vida que tanto he andado buscando y que por miedo no me he ‘tirado al agua’.
    El diálogo lo forma todo esto que dices sin que medie palabra alguna, estoy completamente de acuerdo. Y encontrarse a sí mismo depende de las relaciones con los demás.
    Y me “agarro” de lo que comentas del engaño de la soledad. Al final no hay y es hora ya, después de muchos años de sentirme así que la deje donde debe estar (en un cajón llena de polvo) y me mueva hacia adelante.
    Con la clave ‘no dejas de sorprenderme’ te dejo este comentario y es que me sorprendo al leerte, que espero releer el post más veces para sacarle más la sustancia. Saludos y GRACIAS! Además de comentar los post existe un mail del administrador?

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