Jóvenes del mundo, ¡reunid vuestras fuerzas y gritad!


Trabajo con adolescentes y jóvenes, me paso la mitad de mi vida entre ellos. Por lo tanto, sé que a muchos les puede poner enfermo el título del post. A mí me da un poco de vértigo. No tanto por los jóvenes, como por la imagen que nos ofrece la televisión de ellos y sus reuniones. Pero los jóvenes del mundo real no son patéticos y alcohólicos, al modo como los pintan desfigurados y ridiculizados en la prensa. Perdonad que no me sume al grupo, y hable en tercera persona; ya no me considero tan joven.

Me apetecía escribir un post ante la situación en la que los veo. Parece que a los adultos les da por cargar sobre ellos excesivas culpas y cargas, comentarios anodinos en ocasiones que ni vienen a cuento ni les llevarán a ningún lugar. Si acaso, cultivarán aún más la dichosa indignación de la que parecen hacer más gala que nunca, aunque en esta época carentes de ilusión y de ideales. Indignación por indignación, nada más. Sin más trasfondo que la pataleta visual para luego marcharse a bailar y de fiesta, a seguir moviéndose pero de otra manera. Cabreo potenciado, y trastornos adelantados por la falta de pericida de una sociedad para involucrarlos adecuadamente en su ritmo e intereses. ¡Reuníos para vivir! ¡Coged fuerzas porque el trayecto, DM, es largo y con curvas!

Lo que digo no lo expongo al modo de un código ético, que debemos obedecer. Sé que para alcanzarlo, para crecer alto y llegar lejos, hemos de echar raíces y cultivar demasiado la interioridad. Mucho antes de volver nuestra mirada a los demás, mucho antes de ello, estamos nosotros mismos. Haciéndonos responsables, luchando por ello. Y sólo durante el tiempo de juventud en el que se desean grandes cosas se puede descubrir lo esclavos que son aquellos que dicen que viven como quieren sin hacer nada con lo que son. Sólo quien se lanza y arriesga se da cuenta de cuántas cosas le atan, deciden por él y exponen, bajo el signo de justificaciones razonables, que no deben hacer demasiado consigo mismos.

  1. Seréis el futuro. Todavía no. Tenéis que llegar, y hacerlo con criterio suficiente para tomar las riendas de los asuntos en los que ahora sois gobernados. Perdonad que no diga que lo sois, ya y ahora. Pero no creo que sea una cuestión de automatismos, simple pasar de los años. ¿Quién sabe lo que ocurriría dentro de unos años si ahora dejáis vuestra responsabilidad con el mañana?
  2. Disfrutad la juventud. No la estupidez. Joven y estúpido no son equivalentes. Sí concursa con una cierta locura, con bastante de hiperactividad  e hipersensibilidad e hiperemotividad ante la realidad, fundamentalmente cuando os dáis cuenta de lo frágiles que sois (y seguiréis siendo). Que nadie os engañe en esto. Lo que ahora vivís con tanta pasión dentro de unos pocos años dejaréis de sentirlo, en parte porque, me temo, os abrán anestesiado para poner vuestras fuerzas al servicio de cuestiones que no necesitan ni que penséis ni que sintáis con pasión. Disfrutad vuestra juventud, comenzad a dar frutos de novedad ahora. Nadie comienza un largo viaje si sus primeros pasos vienen dados por la frustracción sin esperanza, por el dolor sin alegría, por el sacrificio sin deseos de conquista. Nadie se hará cargo de su propia vida movido por la apatía, el tedio, desairándose a sí mismo y olvidándose de su grandeza.
  3. De vez en cuando, pensad la dirección. Es decir, hacia dónde camináis, por dónde queréis que vayan las cosas. Esto requiere pensamiento, ser conscientes de lo que somos (y lo que podemos llegar a ser), mirando alrededor y atendiendo a la verdad que os rodea. La inquietud que agita el interior de vuestras vidas os puede llevar lejos, indiscutiblemente. Y si alguien os lo niega, ¡miente! Pero nadie quiere llegar lejos, a decir verdad, por el hecho de llegar lejos. Ni quiere llegar tan lejos que al mirar atrás no sepa reconocer ningún terreno por el que ha pasado, o se encuentre solo porque nadie le ha podido seguir, o se sienta perdido. Sin embargo, si pensáis la dirección os estaréis convirtiendo en señores sinceros de vuestra existencia, y tendréis al mismo tiempo capacidad para redirigir la vida. Aquello que marca la dirección en el interior del hombre se llama conciencia, y darse cuenta de su fuerza es propio de la verdadera juventud. ¡Forma tu conciencia! ¡Déjate incomodar por ella, dentro de ti mismo! ¡Habla con otros de lo que sucede, de lo que piensa! ¡Sé su dueño y su siervo al mismo tiempo!
  4. Gritad fuerte, que se os oiga. Levantad la voz. Que no la apaguen ni el pan ni el circo, ni el ocio fácil, ni se pueda subestimar pidiendo el carnet de identidad o credenciales y méritos que dan la experiencia y los años. Que vuestro grito sea, como se espera de vosotros, original, en atención a vuestras singularidades, sin que os dominen consignas que responden a lo que otros quieren que penséis restando la oportunidad que tenéis de mostrar vuestra perspectiva. Daremos por sentado que vuestro grito, auténtico y personal, es propio de jóvenes que aportan nuevas perspectivas, porque van comprendiendo el mundo clausurado de los adultos. Si es original y auténtico. Existe un grito único en el corazón de todo joven que le puede llegar a vincular con otros, que gritan a su vez otras cosas. Un grito desgarrador, propio de quien sabe más de lo que ha adquirido, y en el que a veces ni nosotros mismos somos capaces de reconocernos. Sin embargo, no siempre se puede gritar. El grito que nace en vosotros no es para otros, como pensáis, sino para que seáis capaces de escuchar vuestra propia vocación. Está a vuestro servicio y constituye vuestra responsabilidad, más que conformar un reclamo para otros. Si lo has escuchado, ¡empieza por ti mismo!
  5. No seáis una farsa, ni sigáis las comedias y tragedias del mundo destinadas a vivir vidas que no son las vuestras mientras pensáis que está sucediendo algo en la vuestra propia. De la juventud se deriva la insaciabilidad, una cierta confusión y una grandísima sintonía con las claves fundamentales de la vida. Tenéis miedos que están más que fundados y deseáis realidades verdaderamente inmensas. Sin someter vuestra inteligencia a las apariencias, y muchas veces por medio de la prueba y el experimento de lo diverso, de vez en cuando os topáis con fuentes de vida y de verdad que os hacen sentir libres y con confianza suficiente para desproteger vuestra existencia ante la mirada de los demás, de los otros, y de Dios. Ya que las habéis encontrado, profundizad en ellas, en todo lo que signifique no esconderse bajo capas que otros quieren ver. Combatid tantas simetrías e igualaciones trazadas por un mundo que os aparta también del amor sincero, de la confianza en los demás, de la valentía para emprender caminos diferentes.
  6. Por último, y como siempre sin ganas de agotar nada, aprended, no repitáis. Os queda casi todo por conocer, casi todo por descubrir, casi todo por recibir, casi todo por acoger, casi todo por vivir. Y esto, lejos de ser una carga, realmente indica libertad. Un don que muchos desearían que no tuviéseis, ni cayese en manos de cualquiera.

En cualquier caso, ¡qué triste sería ver que para siempre sois adolescentes o jóvenes! Tomados perpetuamente por inmaduros críos que no tienen nada sensato ni prudente que dar a la sociedad que les vio nacer. Encuentro jóvenes vestidos de adultos, que se comportan como adolescentes con años de más, pasados de moda y anclados en épocas que debieron ceder. Sin embargo, así continúan. Que no os pase a vosotros, que no os impidan realizar palabras grandes, en lugar de seguir jugando a encajar palabras pequeñas en puzzles prediseñados por otros, con menos fichas de las necesarias. Necesitáis, y queréis crecer. Juntarse y reunirse, coger fuerzas. Y dejarse acompañar por quienes sepan, y sean diferentes a os jóvenes con los que siempre estáis. Modelos, referencias encontradas en un mundo que no os pertenece y que os antecede.

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Un pensamiento en “Jóvenes del mundo, ¡reunid vuestras fuerzas y gritad!

  1. ojalá muchos jóvenes que los hay y pienso que como siempre se saca en las noticias las malas y no las buenas hay más que nunca ha habido tantos jovenes comprometidos que se desviven por los demás pero desgraciadamente los medios de comunicación algunos radio televisión nos presentan unos modelos que da pena, rabia , tristeza, unos valores que no son ni mucho menos los que hemos recibido de pequeños ni nosotros queremos dar a nuestros hijos ojalá muchos sepan no dejarse manipular por estos estereotipos que nos presentan de familia ,de valores , de ceencias, de vida fácil ,de no sacrificio, de no esperar a tener relaciones hasta el matrimonio, de que Dios aunque todos somos sus hijos y nos ama incondicionalmente nos pone unas bienaventuranzas unos mandamientos que debemos cumplir y una familia formada por la union de un solo hombre con una sola mujer en el matrimonio,yo que tengo 57 años diría a los jóvenes que no se dejen influenciar por los medios de comunicación ni por amistades que les puedan perjudicar y que si es posible encuentren el sentido de la vida y su vocación y nunca por ser únicos y diferentes y sean rechazados nunca CAMBIEN Y SIGAN A SU CORAZÓN Y A DIOS LES PIDAN QUE LES GUIE EN SU CAMINAR POR LA VIDA Y EL SEÑOR LES CONCEDA CADA DÍA LA AYUDA DEl ESPIRITU SANTO ..Que aumenten su fe para ir contracorriente de esta sociedad que no piensa en las consecuencias de sus actos que no sean correctos.

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