Vatileaks


He pretendido guardar silencio, permanecer callado. En parte porque no quería verme implicado. Algo dentro de mí me dice que esto no tiene nada que ver conmigo. Pero, como no puede ser de otro modo, la mirada juiciosa de mis alumnos, de gente de la calle que me conoce, de personas que vienen a la iglesia en busca de oración y paz, y de familiares y amigos, me ha descubierto dentro de la sórdida trama. Ni soy el mayordomo del Papa (palabra acrónima cuyo origen está en la expresión latina Petri Apóstoli Potestatem Accipiens, por si no lo sabías), ni una de sus personas de confianza, ni siquiera he hablado con cardenales de la Curia Romana (ahora que caigo, nunca he charlado con ninguno, y mira que puede resultar interesante), ni he tocado ninguno de los papeles de los que tanto se habla. De vez en cuando, eso sí, y con mucho agrado, celebro la Eucaristía con mi obispo, D. Joaquín, en Getafe. Lo dicho, que no puedo escamotear la responsabilidad de formar y sentirme parte, entenderme en el corazón mismo de la Iglesia, al modo como mis alumnos y la gente sencilla lo entienden. No me saca de mis casillas, ni de la vida cotidiana que llevo, sólo tengo que dejar momentáneamente al margen la lectura del maravilloso libro en el que andaba metido (“La globalización. Consecuencias humanas”, Z. Bauman) y las correcciones de los cuadernos de mis pequeños alumnos. Porque me encuentro dentro de la Iglesia, muy dentro de la Iglesia, como bien cree la gente sencilla. Para llegar a esta conclusión no hacen faltan grandes cursos de eclesiología, nadie me lo preguntó en ningún examen. Y espero que ningún cristiano del mundo considere lo que sucede desde la cruel e hipócrita frase: “Yo no soy de esos.” Por favor, a mí no me la digáis. Aunque en todo este jaleo no creo que nadie venga a detenerme.

Por una parte, todo cuanto se está diciendo me provoca tristeza y estupor, mucho malestar. Ya están las cosas finas en lo cotidiano, como para encima echar leña al fuego del imaginario popular, que extiende sus conclusiones sin medida ni juicio, incorporando a toda realidad similar en el mismo saco. Por otro lado, una alegría muda me trae a la memoria que todo esto ha sido escrito, ya antes, en libros de historia que hemos superado como Iglesia, y que han sido extremadamente útiles para impulsar de nuevo la esencia y el corazón que late en el Cuerpo de Cristo. Pero también me preocupa todo lo que se dice y publica, cómo se dice y cómo llega a la gente sencilla. Algunas de las cosas que oigo me parecen tremendamente fuera de lugar. Por ejemplo:

  1. ¡Cosas de hombres! Quienes utilizan el recurso de la humanidad para justificar los males de la iglesia se confunden en dos puntos: el primero, en considerar que lo humano está del lado del mal, dejándose llevar por la visión pesimista de la persona que nada tiene que ver con el proyecto de la creación; y segundo, porque justifican muy rápido los temas, quedándose demasiado tranquilos sin dejarse tocar por cuanto sucede. Me dan ganas de gritar que todo esto no son “cosas de hombres”, sino hombres confundidos, manipulados y manipuladores, que andan sirviendo a otros dioses con sus palabras y con sus obras, y con sus intrigas y entresijos. En este punto añado que he conocido, y tengo por compañeros, a hombres (vivos, no sólo santos de altares) enteramente Dios entregados hasta lo insospechado. A ellos, que han dado el ciento, estoy profundamente agradecido. Una conversación fraterna con uno, cuando yo era joven e ignorante, y vivía con candidez y emoción mis primeros pasos, ha quedado guardada para siempre en mi cabeza y corazón. Hay dos formas de protestar, quejarse y cambiar: desde fuera, creyéndose mejor que nadie, más perfecto que los perfectos, más papistas que el Papa, y entonces darse a la crítica, el juicio, y creando división; tarde o temprano, por este camino tendremos que reconocer, quizá, que somos uno de tantos por vía de la humillación;  y desde dentro, implicándose, llorando, dialogando y rezando con mucha humildad por nosotros y por otros, viviendo la ambivalencia y los apegos del propio corazón, y corriendo hacia la meta al paso de los pequeños. No quisiera ser de los primeros, sino de los segundos. Pero escoger lo mejor, no siempre resulta fácil. Ahora bien, que al menos no nos pillen en un renuncio.
  2. ¡Políticamente correctos!Como la iglesia es una gran institución, con una estructura burocrática y relaciones con naciones y pueblos muy diversos, se debe manejar dentro de las leyes de este mundo. Algunas de ellas, terriblemente injustas, dicho sea de paso. Y entonces, a algunos se les contagia demasiado el corazón para ceder a lo políticamente correcto, a las normas establecidas y a los protocolos no escritos. Sin dar lugar a malentendidos, guardando siempre la prudencia, creo que la Iglesia debe buscar con más ahínco su lugar y papel en un mundo tan globalizado (y localizado, por lo tanto) como el nuestro. Al servicio de la verdad con amor, en búsqueda constante de la justicia, de la paz, y en las grandes luchas de la humanidad. ¡Y lo está! No me cabe la menor duda. Lo sé, lo vivo, creo firmemente en lo que digo. La iglesia se muestra valiente en su palabra, capaz de propuestas,  y aportando medios de todo tipo, también personas comprometidas hasta el extremo, en todas estas causas. Una libertad mayor respecto a todos estos juegos, juzgo que puede ser excelemente buena.
  3. ¡Mala imagen que dañará a la Iglesia! Ojalá fuera una “cuestión de imagen”, y el corazón estuviera en el lugar que le corresponde. ¡Qué fácil y engañoso sería decir esto! Más bien creo que no, que todo lo que está apareciendo a la luz es un toque serio de atención que va más allá de la imagen. Porque la Iglesia no se asienta ni en una imagen, ni en un espejismo, ni fantasía o ilusión. Es responsable de “mostrar al mundo”, y por lo tanto brillar de este modo, el Evangelio, la salvación que Dios ofrece, la Misericordia, el Perdón, la Reconciliación, la Fraternidad, la Libertad, el Bien. Guarda el depósito de la fe, conduce al pueblo de Dios. Y puedo decir de todo corazón que no hay nada que me alegre más que conocer el verdadero rostro de la Iglesia y el Misterio que anida en su interior. Dicho sea de paso, respecto a la imagen que damos, creo que deberíamos recuperar la explosión de sacralidad, de Dios y del cielo que llevamos en el corazón. Empezando por las palabras, tantas veces confundidas con palabras y cosas de este mundo “respetuoso e hipócrita”, certificadas con decisiones, obras y acciones.
  4. ¡Intrigas vaticanas! Cierto es que ninguna institución que conozco vive al margen de las amistades y enemistades, de los aprecios y desprecios. Lo he visto por doquier, con buenas palabras de frente y con justificaciones de todo tipo. Ojalá fuera en esta cuestión algo exclusivo del mayordomo exclusivamente, o de unos pocos obispos (o curas, por meterme en asunto de lleno), y el resto de los cristianos viviern libres de todos estos males. Pero no lo creo. El alcance de mis acciones no puede compararse con lo que sucede en el Vaticano, hasta cierto punto, por eso tengo también responsabilidad respecto al Evangelio. Existen otras intrigas, para mí más actuales y definitivas, que son las del corazón de cada hombre. Incluso los niños aprender a manejarse manipulando a sus padres, ¡qué cosas! Éstas intrigas no pasan a los periódicos habitualmente, pero dañan terriblemente el mundo. Necesitamos reconocerlas y purificarlas.

Más cosas podría decir, y me surgen al hilo de lo que sucede. Supongo que debo guardarme algo para la palabra viva y dialogante. Sentados, tomando un café, si hemos rezado antes, podremos aclarar mucho más. Hablar de la Iglesia, en estos días que corren, resulta complicado. Así que termino diciendo que me siento muy dentro de la Iglesia, tan dentro de ella que soy capaz de ver su riqueza y su miseria. Porque sólo quien reconoce ambas ama de verdad, tanto unas como otras, y sólo quien está ante ellas, puede ser partícipe del don y curar sus heridas.

Retomo la lectura, del buen libro que antes he mencionado, y de los cuadernos de mis alumnos. Ocupaciones diarias que tienen mucho que ver con la santidad.

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12 pensamientos en “Vatileaks

      • gracias pienso igual que tu pero no lo podria expresar mejor.AMO A LA IGLESIA CON TODO MI CORAZÓN CON TODA MI ALMA CON TODO MI SER como una madre que soy ama a sus hijosY me gustaria que se hablase de ella bien porque es tantisimo lo que hace bien somos tantas personas las que intentamos cada dia dar nuestra vida por JESUS rodeados de hermanos santos que dan su vida en todo el mundo como lo hizo Nuestro Señor que tenemos que Señor ser profetas y por un hombre o varios no se puede JUZGAR Y HACER TANTO DAÑO a una familia que eso es para mi la iglSALVANDO ALMAS.esia que cuida con tanto mimo y cariño a todos los que Jesús cuidaba porque cuantas mujeres y
        hombres en el anonimato estan a cambio de nada repitiendo la vida de Jesús y El PAPA COMO TANTOS OTROS ANTECESORES SIGUEN ENSEÑANDONOS CON SU TESTIMONIO Y SUS ENSEÑANZAS COMO SEGUIR A jESUS POR ESO SI ALGUIEN SE ATREVE A JUZGAR EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO TIRE LA PRIMERA PIEDRA DEBEMOS PERDONAR REZAR POR LOS QUE SE APROVECHAN DE ESTAS NOTICIAS PARA HACER DAÑO A NUESTRA FAMILIA QUE ES LA IGLESIA NO HAY DERECHO SOLO HABLAR DE ELLA MAL CUANDO DESDE HACE 2000 AÑOS SIGUE EN LA BRECHA SALVANDO ALMAS.

  1. Muy interesante tu comentario, querido amigo y muy pertinente…Todos formamos parte de la Iglesia (Católica, Apostólica y Romana); la opinión de un sacerdote sobre este tema es valiente y nos dice mucho de lo que pasa por su mente y su corazón…Volver al Evangelio desde el lugar que nos toca estar es a lo que nos invita el Señor en medio de un mundo que hoy, no dista mucho de los enredos y sombras que viviera la iglesia en tiempos de Jesús…El murió en esa Cruz en una apariencia de fracaso de misión…sin embargo la voluntad del Padre supera toda muerte y oscuridad…Esa voluntad es la vida verdadera, la alegría, la paz, la humildad de sabernos tan amados por El a pesar de todo…a pesar de tantas banalidades…Gracias Jose por mostrarnos que el camino de la santidad para vos, para nosotros es posible en Jesucristo!!!

  2. Por suerte me siento dentro de la Iglesia dentro de su riqueza y su miseria. Igualmente desde lo que aporto yo como católico. Un saludo, Josefer

    • No podemos dejar que estas cosas debiliten nuestra fe, centren nuestra mirada y nuestro corazón. En mi caso, también soy cristiano desde la riqueza que recibo de la Iglesia, y gracias a ella. Incluso en estos momentos, Dios la quiere y la ama. Quizá los hombres no puedan quererla, pero Dios sí.

      • Yo también me siento que recibo una gran riqueza de la Iglesia. Yo estoy claro que Dios tiene un plan que se sigue realizando dentro de la Iglesia, hayan o no escándalos. Los hombres como decías en el post están manipulados y confundidos porque no han escuchado la verdad de lo que es ser un cristiano (quizás soy un idealista). Apoyarla como “madre” es lo que me queda como cristiano o nos queda a todos. La presencia de la Trinidad la seguirá fortaleciendo y la pondrá adelante de este problema más pronto de lo que pensemos.

  3. Me ha gustado mucho tu reflexión. Yo también me siento dentro de la Iglesia y me duelen las críticas destructivas que se lanzan desde todos los frentes (a eso apuntaba en mi reflexión acerca del artículo de Antonio Gala sobre Cáritas) pero también me duele, y más si cabe, nuestra propia actitud … o justificamos acciones como la que comentas con frases manidas del tipo “es cosa de hombres”, o nos lanzamos a atacar a la jerarquía, los obispos, El Vaticano, como si no fuera con nosotros. Como muy bien dices, todo va con nosotros, y se necesitan reflexiones serenas y sinceras como las que tú has hecho. Un saludo.

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