Un día sin corregir a los demás


Un día entero. Te prongo que lo intentemos. Que evitemos palabras que nos separen de los demás, que los maticen, que pongan la puntilla en la conversación y den en el clavo, quedando por encima de los demás y enseñándoles así lo estupendos que somos. Sólo 24 horas de prueba para descubrir cuántas veces la lengua y el corazón se lanzan sobre las intervenciones de los otros, que nos acompañan. En su lugar, te propongo otras posibilidades, que sean igualmente cercanas, y que nos ayuden a crear relación y cuidarla.

  1. Hacer preguntas, en lugar de sentenciar. La sentencia, como la contundencia, se encamina a zanjar la cuestión abriendo una nueva veta que no estaba formulada, con palabras quizá diferentes y diversas, quizá con la premura de quien adelanta lo que vendrá después, quizá con la seriedad de quien se sale de una conversación de amigos, cordial y sencilla. La pregunta, siendo más ingenua, también puede convertirse en una sentencia. ¡Claro que sí! Pero hablo de preguntas abiertas, de las que permiten a quien habla seguir expresándose.
  2. Repetir palabras, pedir aclaraciones. Cuando en una conversación repites las palabras de alguien lo que estás mostrando son dos cosas: por un lado, que has estado atento a lo que decía, que ya es importante; por otro, ofreces una especie de síntesis. Ambas ayudan a la comunicación de forma directa. Además, dejan de nuevo la pelota de la conversación sobre las capacidades de los demás, sus experiencias, sus posibilidades, sus necesidades.
  3. Por otra parte, aprender a callarse. De esta actitud podemos aprender mucho. La he conocido en gente muy buena, excelentes compañeros y amigos de camino, capaces de silenciarse a sí mismos para hacer hueco a los demás. Alguna que otra vez me he sorprendido hablando con quienes saben mucho, y al terminar me he preguntado, ¿por qué me escuchaban si ellos sabían infinitamente más que yo? ¡Sorprendente! Cuando te das cuenta de que los demás son capaces de hacer silencio simplemente para que tú hables con entera libertad, y te escuches a ti mismo, y poder seguir dialogando apaciblemente, en ese mismo instante en el que tomas conciencia de lo que está pasando, te das cuenta igualmente de que estás ante una persona magnífica.
  4. Acoger a quien está hablando, tal y como es. Que son muchas veces las que, inclsuo en estos detalles, lo que escondemos detrás de nuestras cosas es el deseo firme de cambiar a los demás y convertirlos en lo que no son. ¡Qué torpeza! Decimos que les hacemos mejores, y puede ser verdad, pero en otras ocasiones lo que vivimos interiormente y en su trasfondo, se trata de una estrategia que, a la larga, divide e impide el amor sincero.
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2 pensamientos en “Un día sin corregir a los demás

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