Dejar una relación (2)


El artículo anterior supone la primera toma de contacto con el tema. Alguno ya ha comentado lo difícil que resulta hablar de este asunto, pocas veces tratado. Le agradezco la anotación. A mí también me lo ha parecido. Sigamos adelante.

¡Qué prudentes seríamos si abandonásemos las relaciones antes de que lleguen a hacernos daño! ¡Antes! No cuando ya nos hemos dado cuenta de que suponen una merma en nuestras fuerzas, motivo de conflictos y tensiones, o porque nos esclavizan, generan dependencias y carecemos de libertad al hablar o al hacer, y tantos otros males. Algo que creo posible en la medida en que nos damos cuenta de que toda relación tiene una dirección, y genera un proyecto común entre, al menos, dos personas. Más o menos explítico, más o menos dirigido, más o menos libre, más o menos responsable, más o menos… ¡tantas variables! Considerar lo contrario, situarse estáticamente ante ellas, sólo genera malestar y mentiras. Y esto lo saben tanto los amigos, como las parejas, como los compañeros de trabajo. Muchas veces, también es cierto, los cambios vienen dados por la vida misma, y no tanto por un proyecto pensado y planificado. Una vida que se transforma en adulta, que se consilida en la mayoría de edad, que asume y se ubica adecuadamente en el ritmo de cada uno con sus otras muchas historias que no pertenecen a la relación en sí misma.

De partida, y quizá esta es parte más personal de la entrada, porque estoy pensando en situaciones concretas y personas concretas, deberíamos plantearnos con seriedad algunas relaciones anodinas que, no es que no nos lleven a nada, sino todo lo contrario. Al menos, planteárselo:

  1. Aquellas que nos cuesta horrores que tengan sentido. La capacidad humana para moldear y modelar las cosas tiene límites insospechados. Puedes hacer equilibrios y malabares entre lo que ves, lo que sientes, y lo que quieres pensar que está sucediendo, entre tus decisiones y tus miedos. Pero dar sentido a algo toca a lo más íntimo de la persona, y provoca un desgaste ingente cuando no responde a la realidad, cuando falsea lo que realmente hay.
  2. Aquellas que nos conducen a la “nada”. Como decía antes, toda relación comporta esencialmente un horizonte. Muchas veces invisible e inaccesible en el presente. La diferencia está en el movimiento, y en lo que van dejando por el camino, como una especie de anuncio de lo que vendrá. Existen aquellas que crecen en vinculación, en comunión, que convierten a las personas en mejores, serenan y tranquilizan, dan esperzanza y fortalecen, hacen que todo sea más fácil. Y también sus contrarias, para qué engañarnos. Pero, para evitar confunciones, no todas las relaciones que dejan a su paso algún que otro sufrimiento y lágrima, se equiparan a “las malas”, ni las que siempre hacen sonreír se asemejan a “las buenas”. Las que propongo abandonar conducen a la “nada”, es decir, carecen de horizonte real en el que vivir.
  3. Aquellas que no nos dejan amar, ni nos aman. ¡Vamos a ser sinceros! O hay amor o uso y abuso de las personas, en distintos grados de complicidad por ambas partes o de intercambio de realidades que satisfagan a los dos. Una especie de mercado, al margen del amor, en el que se puedan sentir cómodos, sin percibirse en las cunetas de la existencia y de la sociedad. Podríamos decir que sirven para tapar agujeros, bastones en parte del camino, que o cambian, o dejan coja la vida. cierran definitivamente puertas en las que confiar plenamente, escuchar perfectamente, estar tal y como somos. ¡No acabamos de creer que es posible! Y esto nos lleva a la mediocridad, a la falta de sensibilidad, a la torpeza en la libertad, a las decisiones que luego marcarán una historia de sinsabores y equívocos. Amar es posible. Amar es lo único que hace feliz. Amar, en cualquiera de sus formas, con lágrimas o sin ellas, en la noche o en el día, pero amar en concreto, de lo que podamos dar testimonio, de lo que se nos queda. Y cuanto más anclados estemos en todo lo que impide, al menos, que amemos, más esclavos nos veremos, sentiremos, encontraremos. ¡Deja ya de tonterías tu vida y pon orden para ser feliz! ¡Hazlo de una vez! ¡Lánzate!

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5 pensamientos en “Dejar una relación (2)

  1. Un gran enfoque este de las relaciones que nos conducen “a nada”. Me ha pasado a veces, que mantienes relaciones terriblemente superficiales, cordiales y cariñosas, pero que no te aportan nada, que te tomas unas cañas y unas risas, y te vuelves a casa pensando qué gente más superficial. Y yo al menos no puedo evitar que me asalte la conciencia y me diga: “si acusas a todo el mundo de ser superficial, a ver si la superficial vas a ser tú…” Pero no. En el fondo sé que no. Que yo no soy yo así, como dice el diablillo de la cabeza. Ni soy yo, ni necesariamente son ellos. Lo que es nocivo es “la relación”.

    En esos casos, solo con algunas personas, las que creo que realmente valen la pena, dedico el tiempo suficiente para rescatarlas, para dejarlas mostrarse tal y como son y descubrir sus valores, su valía. Y entonces es como asistir al espectáculo de ver brotar una flor.

    Tenía una amiga que solía decir que las relaciones tienen que ser fáciles, en el sentido de que ambas personas sostengan firmes cada una su cabo de la cuerda, que no te empeñes en atar a quien te deja, ni persigas a quien ya se ha ido. Las cuerdas que nos atan en una relación saludable son terriblemente elásticas y fuertes de forma que puedes pasar mucho tiempo sin verte, sin compartir una caña y a veces perderte muchas anécdotas diarias, si prevalece el interés, el cariño, la amistad. Hay que cuidarla, es cierto, cada uno por su extremo. A veces, uno más que otro… Te dejo una frase que me ha gustado mucho: “El amor encontrará un camino. La indiferencia encontrará una excusa.”

    Gracias por esta entrada, amigo.

  2. hace poco comienzo a leerlo con mayor intensidad, esta segunda parte es realmente una radiografía de lo que se vive, (o mejor) en como se viven las relaciones no deseadas o buenas relaciones, Gracias y bendiciones

  3. “¡Qué prudentes seríamos si abandonásemos las relaciones antes de que lleguen a hacernos daño!”
    …y qué difícil es muchas veces, darse cuenta a tiempo de la nocividad de ciertos vínculos!…

  4. Pingback: Post de mayo 2012 | Preguntarse y buscar

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