Enviar un racista neonazi a una tribu del África subsahariana


Perdonad el título. Queriendo llamar la atención tenía pensado escribir la palabra “negro”, pero he comprendido que quizá alguno se pueda sentir molesto. Y por lo tanto la he desechado como titular. Después he pasado a la opción regional, así en general. Es en esta parte del mundo donde las personas de color (negro) son más abundantes. Por otra parte, a los neonazis no haría falta presentarlos, aunque por si las moscas y debido a la falta de memoria histórica de las tribus europeas y occidentales, le dedico unas líneas. Todos sabemos que son racistas. En el título hay una repetición indeseable por mi parte, cesión a la posible ignorancia de algunos. Y que racismo significa, no tanto el desprecio de otras razas, sino considerarse superior una de ellas por encima de las demás. Hasta donde me alcanza la inteligencia, tiendo a suponer que una persona racista alaba su propia raza, se cree más que el resto, privilegiada por los dioses a diferencia de otras. Incluso hay quien lo ha expuesto científicamente. No hace tanto, dicho sea de paso. Pero me parece cruel ser racista considerando que uno es de las razas inferiores. Os lo creáis o no, ésto lo he llegado a ver. Negros (perdón de nuevo) que se consideraban a sí mismos peores que los blancos. Uno incluso con camisetas que escupían a borbotones insultos contra “los suyos”.

Hoy, día de África, afirmo que en ese gran continente, junto a las trágicas condiciones en las que viven todavía muchos a causa de la hambruna, la falta de libertad, la incapacidad para salir de la situación global en la que se encuentran, las carencias en educación, sanidad y el pisoteo constante de sus derechos y dignidad… en ese continente enorme, diverso y rico, existe igualmente mucha felicidad, humanidad, sentido de familia, solidaridad, colaboración, respecto y esfuerzo. Existen en África muchas sonrisas. Y son claramente injustas las miradas que, desde países más tristes y desarrollados, se dirigen hacia ellos con compasión blanda y mediocre. África tiene mucho que enseñar al mundo. ¡Gracias Binta, por tu gran idea!

De todos modos, ni quiero hablar de racismo, ni mucho menos de política según están las cosas. El ejemplo sirve como mero paradigma de desubicación. Porque me parecería una gran torpeza enviar un neonazi a África sin antes curarlo bien, como me parece que hay personas que están absolutamente desubicadas en la vida. Hasta el punto de no poder amar lo que hacen, ni querer a quienes tienen cerca, ni aportar nada realmente humano. Tomando el ejemplo como un paradigma, se podrían extraer muchos signos de esta falta de ubicación, como de no estar en el lugar que les corresponde estar, incluso entre las situaciones más cotidianas. Un profesor que no ame su asignatura, o que vaya a clase creyéndose el mejor del mundo con desprecio hacia sus alumnos, estaría muy cercano a mi entender de este paradigma. Aquel que desee cambiar todo, o casi todo, creyendo que sus propuestas dan en el clavo, a diferencia de lo de los otros. Aquellos que generen sentimiento de inferioridad, de culpabilidad, comparten muchos rasgos con el ejemplo antes expuesto. E insisto, esa desubicación probablemente, como en el caso del racista enviado a la selva tropical africana, poco fruto sano dará. Más bien, correrá para “enseñarles” didácticamente a los demás cómo hacerlo. No será un intento didáctico y pedagógico, sino un esfuerzo por cambiar la vida de la gente antes de conocerla, dejándose llevar por los prejuicios, moviéndose por sus ideas de las cosas, por sus “progresismos” exacerbados e intolerantes. Igualmente pueden compartir paradigma incluso los padres respectos a los hijos, o las parejas en su vida común, o en el trabajo con los compañeros, o en los viajes de autobús con las miradas valorativas sobre los demás. Existen muchos ejemplos posibles. Y de intolerancia están llenos incluso aquellos que gritan “democracia”. El otro día, sin ir más lejos, alguien concluyó, en un diálogo conmigo, que no todo el mundo tendría que votar, que no todos pueden decidir el futuro de un país, porque hay algunos que no están preparados y que son muy manipulables o poco formados. Pobre abuela mía, que con sus pocos estudios, y después de vivir en dictadura, quedaría exenta de sus obligaciones democráticas.

Pensemos juntos, con un poco de orden, esta situación general que describo. E intentemos poner un par de ejemplos. Será difícil, pero adelántate de algún modo, mientras me detengo en características principales del asunto:

  1. Hablo de relaciones personales. Entre personas que no se tratan como tales. De algún modo, una de las dos ha cedido su posición y se yergue sobre la otra, que sí permanece en su humanidad, con sus fortalezas y límites. Es decir, que aquí la relación en lugar de rebajar, se percibe bajo el signo contrario. Se deja de ser quien se es para “alzarse” sobre el resto impidiendo la igualdad. Y lo hace el sujeto sobre sí mismo, expresándose a sí mismo y contándose a sí mismo. Creo que la mayor parte de las veces podemos notar la prepotencia, como si se oliera, y en otros es mucho más sutil e imperceptible. Se puede decir que se es más incluso con el silencio no participativo, de quien no quiere contaminarse ni contagiarse de las cosas de los otros. Sin embargo, me preocupan aquellos que son capaces de contagiar a los débiles su visión única de la vida, haciéndoles pensar a su modo y sin buscar la verdad. Entonces, la víctima del “racismo” se vuelve a su vez “racista contra sí misma”,  y pide ser salvada de su falta humanidad, o viéndose incapaz de alcanzarla porque ha sido reservada a “gentes” de otras clases superiores.
  2. La crítica y el juicio continuo, sin matices y en absolutos. La recepción que se ha hecho socialmente de la intención crítica de la modernidad tiene algo de terrible y nefasto. Ha tergiversado el sentido interno para moldear la palabra como un término absolutista y un derecho, incapaz de dialogar y corregirse a sí mismo. Se ha vuelto crítica externa despiadada y culpabilizante, de la que se quita las responsabilidades a sí misma y entiende que la ordenación de sus circunstancias es terreno que no compete a su libertad, sino a las “cosas de otros”. Crítica que se apropia de soluciones únicas, que maldice sin acoger y que no acompaña, lavándose las manos. Crítica, que en cierto modo podríamos llamar perezosa y holgazana, quietista y perfecta. Crítica que no extrae sentido ni sustancia, sino arremete violentamente sin dejar pronunciar ninguna palabra oportuna. Es la crítica del juicio pactado anteriormente en el que no hay posibilidad de defensa ni explicación que valga, ni atenuantes, ni comprensión del otro.
  3. Formación de guettos para defenderse y planificar. Delante del resto, siendo sutiles, se muestra una forma de proceder y opiniones. Pero la procesión va por dentro. Y como no puede contar con todos, se resguarda en sus lugares puros y protegidos en los que maquinar las mejoras que los demás necesitan. Así se establecen separaciones, lindes y fronteras con las que poder sentirse cómodo y cubierto, donde poder vivirse realmente como es, donde no frenar la lengua o el corazón en sus palabras o pensamientos. Allí, donde otros quizá no alcanzarán jamás, se tratan los asuntos verdaderamente importantes y se toman las decisiones que marcarán el ritmo decididamente bueno de las cosas. En las apariencias estarán la conversación, el diálogo o la consulta. Pero, ¡que nadie se preocupe! ¡Ya estaba todo pensado, incluso esto! Al modo como el Príncipe de Machiavello debe gobernar y somenter burocráticamente a los suyos. Lo que le hace feliz es encontrarse en lugar reservado con personas que en la intimidad comparten su afán y poder. ¡Éste es el grupo de los elegidos! Y qué duro es cuando se plantea como si estuviera incluso abierto a la participación de todos, y los muchos se creen que podrán algún día sentarse en esta mesa redonda.
  4. A lo de siempre, porque es lo que tiene valor. No creas que cambiarán mucho. Más bien repetirán enérgicamente lo que en otros lugares han hecho, creyendo que ha sido existoso. Su capacidad de adaptación, como puedes comprender, tiene más que limitaciones. Dirán lo de siempre, volverán a lo de otras veces, cacarearán palabras como siempre. Se creerán los más innovadores, eso sí. Se creerán de lo más progresista, de lo más liberal y abierto, porque están enseñando a “la pobre gente” lo que funciona, vale y tiene sentido. Educar significa, en una de sus mil etimologías propuestas, entre otras cosas, sacar lo que se lleva dentro y conducir a los demás. Y aquí no se trata de educar, sino de formatear. Entonces los que no vestían con pantalones, lo harán. Quienes no tenían casas buenas, las tendrán. Quienes no sabían estar, serán rectamente educados. Y lo de siempre volverá a imponerse, creyendo que son “novedades” y “actualización” a los tiempos que corren.
  5. Los que menos explicaciones dan. En el fondo, saben que los demás no pueden comprender todo. Y su legitimidad se basa en la ignorancia de los otros, en su incompetencia natural y congénita, en la ideologización a la que se ven sometidos, o en su juventud. ¿Qué se puede aprender de determinadas medio-personas?, parecen querer decir. Astutos como serpientes, cándidos como palomas, no se exaltarán ni perderán la paciencia. ¡No merece la pena hacerlo! Otros recursos se emplearán, de mejor carácter y más impositivos, para corregir las conductas incívicas.
  6. No amarán lo que tienen delante. Incapaces de querer el lugar donde están, hacen lo que hacen por obligación, desmotivados, o con la única motivación de seguir siendo superiores, buscar el agradecimiento y el aplauso de los pobres que no saben lo que quieren, ni están en el camino recto, ni conocen la verdad summa de la que él es poseedor. Sin amor, nada bueno saldrá. Eso es seguro. Sin amor del bueno, claro. Porque mucho amor a sí mismo, sí que hay. Pero eso, sólo y nada más que amor a sí, del egoísta.

Otras características, te las dejo a ti que las redactes. Este neocatarismo farisaico se nutre de sus propias mentiras, y ¡cuánto bien les haría un diálogo abierto y sin prejuicios! Un diálogo que siempre hace bien, a todos e indiscutiblemente, pero en el que ellos sufren sentándose en la mesa con “esos-tan-diferentes”.

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