Hoy amanecí con ganas


El teclado y el lugar desde donde escribo hoy no es el mismo, y siento que no va a ser igual que siempre. Las cosas cambian, también las personas y sus “vidas interiores”. Es cuestión de tiempo, espacio, de movimiento y compañía. Pero hoy amanecí con ganas. Ganas en general. Eso que llamamos “tono vital”, “alegría interna”, “fuerza personal”, “entusiasmo”, “motivación”, y de tantos otros modos. Ganas de salir de lo mío y ponerme a dar clase. Ganas de dialogar, ganas de encontrarme con los demás, ganas de saludar por el pasillo e incluso de despedir. Ganas de visitar, ganas de regalar. Estas ganas que lo superan todo, aunque el teclado y la cabeza se impliquen en músicas celestiales que suenan cerca, y nacen en las cocinas de la vida, donde todo se cuece y prepara.

El título me trae a la memoria dos cosas. Lo primero, un recuerdo de infancia, al que está asociado todo esto. Cuando había verduras o pescado en casa, mi madre me insistía en que debía comer, con ganas o sin ellas. Alguna vez, que me ponía cabezón, ella me pedía incluso que las hiciera. Como si fueran cocinables, a modo de condimento o acompañamiento. Lo segundo, que últimamente encuentro a los alumnos desganados, sentados en clase esperando que llegue el final, no de la hora, sino de más, del curso. Siempre tengo presentes a mis alumnos, dondequiera que vaya, pese a que en ocasiones deseo perderlos de vista. El recuerdo tiene muchas cosas fáciles, una de ellas que sabes que ya pasó.

La literatura sobre las “ganas” comparte los dos extremos de todo pensamiento moderno, y el equilibrio entre ambos pocas veces se ve recogido en la misma obra. Al tiempo que se vende opinión y propuestas fáciles al estilo de la petición de mi madre (“Haz ganas en 5 minutos”, “Cambia tu rutina, despierta tus ganas”), nos topamos en la estantería con ediciones mucho más voluntaristas incluso, que confían naturalmente en el ser humano, y entre cuyas páginas se brinda la oferta sanadora máxima (su slogan sería “No dependas de tus ganas”). Sin renunciar a la torpeza de creerme mejor que nadie, ni tampoco dejarme llevar sin más por el momento, tengo que decir que las ganas, tal y como las entendemos en la vida actual, suponen algo más que un aliciente de todo en determinados momentos. Pueden ser maravillosas, y terriblemente dolorosas. Abandonarse a las ganas, perdón por el atrevimiento, puede ser lo peor.

  1. Tenemos que relacionar las ganas con la posibilidad efectiva de darles rienda suelta, de dejarnos llevar por ellas. Por ejemplo, aunque algunos días tengo unas “ganas” increíblemente sanas de escribir, o de leer, o de salir a pasear, o de dar clase, o de rezar, no siempre puedo hacerlo. Incluso con las condiciones favorables, como disponer de un ordenador o un buen libro, a menudo tengo que “cortarme un poco”, y dejarlo para después o ser responsable con otras cuestiones me lleva a una especie de dolor interior. O, peor aún, tienes ganas y no salen las palabras, o no ves las letras como conviene, o andas pensando que éste no es el libro, o llegas a clase y encuentras un ambiente que lo corta todo. Las ganas, siento decirlo hoy especialmente, conducen a una cierta frustración. Aún así, las agradezco. Las llamaría ganas turbativas.
  2. En otras ocasiones, las ganas mueven lo imposible. Puede que el día anterior te hayas quedado bloqueado en una tarea, y al despertar te sientas renovado, como si no hubiera pasado nada. Y retomas con fuerza lo que hasta entonces te quebraba interiormente. Las llamaría ganas tumbativas, motivación inexplicable. No utilizar bien estas ganas, quejarse y protestar ante ellas, ni tiene sentido ni es agradable.
  3. Las ganas reveladoras iluminan habitualmente vocaciones personales. Diría que surgen con frecuencia en los mismos ambientes, o ante cuestiones concretas. Son caprichosas, porque no se otorgan por igual a todos. Y en ese sentido cuentan qué hay dentro de mí de diferente a otros, y qué puede existir en el mundo originalmente gracias a “mi atrevimiento”.
  4. Aunque se os ocurrirán muchas, termino con las ganas que no son secundadas por otros. Puedes ir a tope por la vida, con las pilas. Y encontrar un lugar para vivir donde otros estén caminando a otro ritmo. Entonces tendrás que detener tus pasos, cambiar el ritmo y adecuarte a los pequeños, más débiles. Las ganas que algunos tienen “de todo” pueden resultar demasiado insultantes a otros que todavía andan buscando. Aunque también son signos y esperanza de quien ha hallado aquel secreto por el que merece la pena perderlo todo.
Anuncios

Un pensamiento en “Hoy amanecí con ganas

  1. Pingback: Post de mayo 2012 | Preguntarse y buscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s