Una pregunta sencilla: ¿Qué puedes hacer tú?


Perdonadme si os molesto e inquieto en exceso. Responde a mi intención, aunque no “mala intención”. Yo también me he quedado impactado más de una vez por la sencillez de la pregunta, y reconozco que tiene tal potencia que nos hace abandonar las tonterías y las niñerías, y ponernos manos a la obra.

Le debo esta pregunta a una persona (¡cuántas personas aparecen en este blog!) muy simpática, agradable y positiva. De esas con las que da gusto hablar y pasar el rato, de las que siempre aprendes. Porque combinan profundidad y sencillez, alegría y seriedad con armonía y equilibrio. La cuestión es que andaba dándole vueltas a unos temas que verdaderamente me interesan bastante. He conseguido que los que no me interesan, no me preocupen; lo cual ya es mucho. Pero no encontraba ni camino ni respuesta en esta cuestión. Sin embargo, te hacen esta pregunta y comienzas a percibir con claridad:

  1. No todo se puede hacer, por muy maravilloso que parezca. ¡Qué paz queda en el corazón cuando se acepta esta evidencia! Los sueños, por estupendos que sean, siempre mantienen su punto de locura y de tensión, que te hacen mejorar, y te plantean metas. Pero quedan ahí, para que sigas soñando sin desesperar, para que desees lo mejor.
  2. No todo depende de mí. ¡Qué buen principio para amar! Las cosas grandes llaman a personas grandes, para que se unan, formen comunidad, creen lazos y tiren adelante unos de otros. Una persona sola no va a ningún sitio. Como dicen otros amigos: “Siempre hay uno que está peor.”
  3. Deja de echar balones fuera. ¡Qué gran verdad! Si tuviera… Si fuera posible… Si contase con… Si lo hubiésemos pensado antes… Si le hubiéramos dedicado tiempo… Si… Infinitos condicionales que, al final, concluyen en desresponsabilizarnos y, en no pocas ocasiones, culpabilizar a otros.
  4. Reconocer responsabilidades. ¡Qué prudendia! Lee la pregunta otra vez. No es un consuelo barato y simplón. Detrás se agazapa algo que terminará atrapando. ¡Puedes hacer algo! ¡Hazlo! Y la mejor respuesta, para empezar, viene de la mano del grito: ¡Plantemos cara a la situación! ¡Afrontémosla de una vez!
  5. Elige el flanco por el que quieres atacar. ¡Qué sabiduría! Hay un escolapio, de los importantes, de los que coordinan la Orden, que habla continuamente de que la realidad está unida entre sí. Que, en ocasiones, pretendemos atajar cuestiones de frente, y es peor. Y suele ser más sabio tocar “teclas” alrededor para transformar la realidad. Por ejemplo, la relación entre educación y pobreza, entre educación y justicia, entre educación e igualdad. Pues lo mismo, ¡elige qué teclas quieres mover!
  6. Acepta la pregunta. ¡Qué vocación! Detrás de esta pregunta, en mi caso, se escondía un diálogo con alguien de Dios. Ni el cura con el que me confieso, ni un escolapio de mi comunidad o provincia, ni mi acompañante o director espiritual. No es que no sean de Dios, que lo son. Pero no era el caso. A donde voy es que lo mejor de la pregunta es saber quién me la hace hoy y aquí. Porque en ocasiones sirve, y sólo tiene esa intención, para cabrear más a la gente, para dejarla peor de como estaba, y para frustrarla aún más. Pero si la hace Dios, es porque confía en mí aún más de lo que yo me creo, porque tengo un papel en la historia, porque es para bien de muchos. Cuando esta pregunta se acoge “venida del cielo”, desde todo se ve y se conocen los corazones, supone un reto verse incluso capacitado para darle respuesta. ¡No lo puedes todo! ¡Pero haz tu parte, lo que corresponde!

Debería, y ahora hablo de mí, escuchar a Dios decirme esta pregunta más a menudo. De hecho, me la voy a escribir en algún lugar que sea bien visible, para que no se me olvide al menos durante una semana. Me voy a poner una especie de pulsera, hecha con tela simple. Como si se tratara de una oración para repetir, sabiendo quién me la hace, ¡claro! Ya no es cuestión de vocación grande, simplemente (sacerdocio, vida religiosa, educación, en mi caso) sino de entregarme a ella de corazón y en todas las cosas. Y para eso, toca abajarse, rebajar, agacharse, empequeñecerse, hacer patente en los detalles la maravilla del Dios que sigue llamando y amando, que habla continuamente y acompaña en el camino, por los pasillos y las aceras.

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4 pensamientos en “Una pregunta sencilla: ¿Qué puedes hacer tú?

  1. QUE NOS LLEVA A REFLEXIONAR, A CAMBIAR, NOS ENSEÑA A SER ,MEJORES Y ES POR LO QUE DEBEMOS LUCHAR POR UN MUNDO MEJOR DONDE ES SER HUMANO SEA MAS MISERICORDIOSO Y MAS ESPIRITUAL. BENDICIONES.

  2. Pingback: Post de mayo 2012 | Preguntarse y buscar

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