Sobre los premios, las distinciones, los galardones y el reconocimiento


Esta misma mañana han distinguido a mi colegio (en el que estudié y en el que ahora resido y trabajo) con la Placa de Honor en su categoría de Encomienda de Número de la Orden Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid por los 275 años que lleva en pie, y al pie del cañón educativo bajo el lema escolapio “Piedad y Letras” Un gran felicitación, de nombre muy largo. Mucho que agradecer por lo tanto, tanto a los arquitectos que lo ha hecho posible, como sobre todo a los religiosos, educadores, alumnos y familias que han llenado de vida sus paredes. Todos sabemos que una casa abandonada, por muy robusta que sea, al final termina desmoronándose. Lo cual es una buena metáfora, también para el cuerpo y cualquier realidad humana. Y esto me lleva a pensar que el premio, la distinción, el galardón y el reconocimiento debe ser adecuadamente recibido por todos los que han participado en su gran historia y están actuándola hoy mismo. Una parte importantísima de este premio es a título póstumo, y la gran responsabilidad se otorga hoy y ahora. El premio no puede ser sólo para los de hoy, la misión sí. El premio viene después de la misión. Con lo cual, ojalá que en los 300 años de celebración, que ya están a la vuelta de la esquina, se mantenga el prestigio y la fuerza con el impulso renovado que hoy se da.

Me imagino que nadie pensará que voy a dedicarle un artículo a relatar este acontecimiento. Pero sí a los premios, y a cuáles serían los más grandes posibles. Sin desmerecer en absoluto el reconocimiento de hoy, más bien al contrario porque soy consciente de su relevancia y la necesidad social de marcar y celebrar sus hitos y grandes experiencias.

  1. La vida de los alumnos, y su futuro construido. En los colegios se siembran las bases de lo que será después su vida adulta. Existe claramente una relación directa entre su infancia educativa y su madurez personal. Ningún profesor llega a ver el desarrollo completo de lo germinado; simplemente se puede atisbar. Un gran premio, quizá el más grande, es el reconocimiento que se hace, siendo ya mayor y fuera de los muros del colegio, de nuestro paso por él. Decir “soy alumno de…”. Ojalá pudiéramos ver cómo crecen. Pero esa opción se niega, porque la escuela debe asumir su simplicidad y sencillez en el tiempo para hacer bien su trabajo y cumplir su misión. Llega el día en que los alumnos deben crecer en libertad, bien equipados.
  2. A diario no hay nada más grande que un simple “gracias” pronunciado contra toda norma social. Ya no digo el aplauso típico que da por finalizado el año, el curso o la relación profesor-clase-alumno. Me refiero a ese alumno que deja el anonimato del pupitre en mitad de la masa, y al terminar una clase cualquiera agradece que le hayas prestado atención, que le hayas dicho eso, o enseñado esto. Sumar, restar, leer, escribir… ¡algo tan básico y tan fundamental! ¡Qué pocas veces se recuerda el esfuerzo que otros tuvieron que hacer hasta que “nos entró en la cabeza”! Si yo escribo hoy, si me apasionan las letras y puedo escribir, se lo debo a todos aquellos que me enseñaron a combinar amigablemente y con inteligencia las letras del abecedario. ¡Gracias!
  3. La renovación de la sociedad, la construcción cristiana del Reino de Dios. ¡Qué gran alegría saberse colaborando humildemente en esta tarea! Quizá muchos profesores no sean conscientes de la potencia transformadora de la escuela. Conozco a muchos maestros y profesores que sacian sus deseos de justicia y solidaridad, de libertad y fraternidad fuera de sus clases y del horario de trabajo que les han diseñado. Parece que tienen que hacer “otras cosas” para provocar el cambio social. Algunas veces incluso he llegado a hablar con estos compañeros para mostrar cómo eso es irreal, un simple engaño que les desgasta, en lugar de dedicarse con todo el corazón, pero muy humildemente, a la preparación y cuidado de sus clases diarias. ¡Matemáticas, Sociales, Historia, Arte, Deporte, Salud, Cultura! Todas estas materias transformarán la sociedad si se enseñan con justicia y siendo fieles primeramente a la verdad, que es lo que deben recibir los alumnos.
  4. La comunión de la sociedad en un proyecto educativo. Ya es un enorme premio encontrar claustros aunados en la acción educativa integral, donde cada uno con sus dones y conocimientos sirve a un proyecto mayor. Pero algo mucho más grande está esperando en el merecido esfuerzo por integrar a todos, familias, instituciones sociales… ¡Mucho más grande incluso! Este premio está alejado de los despachos, de los planes, y al mismo tiempo los requiere y demanda con fuerza. Se hace con vida, y en la vida. En el trato cercano, preocupándose los unos por los otros, lanzando adelante algo común, algo más grande que cualquiera de ellos por separado, potenciado por la relación, fruto de la sinergia y combinación de todos.
  5. Poder despertarse con amor por lo que haces. Y eso un día y otro día. Queriendo y creyendo que estás en el lugar que te corresponde. ¡No tiene precio y sí que es un premio! No sé hasta qué punto puede lograrlo alguien solo, esforzándose simplemente en ello. Pero no se da, y eso también lo tengo claro, sin esfuerzo y compromiso, sin sufrir en lo concreto… Ahora bien, abre la vida a una forma de comprenderse la persona en el mundo absolutamente diferente, y casi infinitamente diferente, de lo que puede vivir alguien que no sabe ni qué hace, ni por qué lo hace, ni cómo hacer lo que tiene entre manos. Y eso, queridos amigos, lo cambia todo. Es el sello de la vocación, el mejor signo y el mejor premio de la vida. Encontrarla es encontrar la vida eterna.

El premio está ya en la tarea bien hecha. Lo que viene después será el reconocimiento, aunque me temo que mal iría alguien por la vida si lo que buscase fuesen simples reconocimientos. Sin ser pesimista en esto, cuando te decides a sacar algo adelante de gran envergadura, de gran calado, de gran fuerza, prepárate a asumir críticas e incomprensiones.

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3 pensamientos en “Sobre los premios, las distinciones, los galardones y el reconocimiento

  1. Precioso. La distinción entre premio y reconocimiento es muy acertada. Y de nada valen ni uno ni otro si no se trabaja a instancias del aplauso humano, sino en favor de la continuidad de la misión.

  2. Pingback: Post de mayo 2012 | Preguntarse y buscar

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