Te dedico mi último post


A ti. A quien conozco. Con quien comparto vida a diario, y sé que vas leyendo algo de esto. Que nos cruzamos en los pasillos, en internet o en el teléfono. Y también a ti, a quien todavía no tengo el gusto de conocer en persona. Pero sé que te mantienes detrás de estas letras, y las saboreas. A lo mejor no nos hemos visto ni hablado, pero tus cuestiones son mis cuestiones, y ando por tus caminos. A veces por dalente, otras por detrás, y en la mayoría a la par y juntos. No sé si hay algo que sea más maravilloso en este mundo que no sentirse solo. Y aquí se trata de que los dos nos robamos mutuamente “el aislamiento” al que tiende el corazón egoísta.

Lo reconozco. Y te lo digo sinceramente: Llevo unos días pensando en el motivo por el que todos los días reservo parte de mis fuerzas, de mi tiempo y de mi esfuerzo en escribir estas entradas. Me hago esta pregunta porque no sé si tiene sentido realmente; alguien me cuestionó al respecto, y he preferido esperar un par de días en responder. Y de todo aquello que me mueve a hacerlo, tú eres el más importante. Así que, si sientes que algo de lo que digo tiene que ver con tu vida, porque nos hemos cruzado por el camino en algún momento del día o parece desvelar algo de ti, empieza a pensar que es absolutamente cierta mi intención y que ha sido certero el disparo. Y no quiero dejar de escribir de otro modo. Hay otros blogs que aportan otras cosas. Yo los leo. Pero el mío lo prefiero así.

Para todo lo que hacemos, confío en que, aunque podamos pensar muchas cosas y justificarnos de mil maneras, no hay más que un par de razones centrales en torno a las cuales giran el resto. Como te decía, hay dos grandes motivos. El primero, ya te lo he contado. Dicho de otro modo, sería que no vivo solo, ni quiero hacerlo, y cada persona tiene mucho que enseñarme. El segundo, que me encanta pensar, darle vueltas razonablemente a las cosas, no dejar pasar como si tal cosa los encuentros con los demás, especialmente contigo, o sus palabras. No creas que me dejan indiferente. Nunca lo han hecho. Me quedo rumiándolas durante la jornada, y por la noche siguen acompañándome. Escribir detecta en mí los caminos que la realidad y el pensamiento van uniendo amigablemente, y que por separado crearían mundos independientes. Lo que se piensa y lo que se vive no tiene por qué ser lo mismo; es aquello del ser y el pensar parmenídeo. Pero intento dejar al margen sesudos conceptos que encuentro en libros, para dejarme llevar por la sencillez.

Respecto al primer motivo, te quiero contar una cosa más. Las personas son fines en sí mismos. Te lo voy a contar de otra manera, porque fundamental para mí. Tú eres lo más grande que he visto y que puedo encontrar en este mundo. Y, aunque pensarlo -insisto- supone una evidencia, a la hora de la verdad no conozco a nadie que puramente proceda de este modo. Sigo explicándome. Lo contrario a un fin es un principio. Pero los griegos ya se dieron cuenta de que principio y fin no distan tanto. El problema son los medios. ¡Eso sí que es lo contrario verdaderamente! Ante toda persona podemos encontrarnos con el fin-principio o utilizarlo como un medio para alcanzar otras cosas, que a su vez consideraríamos fines, dejando de lado a la persona como tal. Ya no hay más opciones. O fines, o medios. O llegamos a la persona, y encontramos todo, y cuando estamos ante una persona no buscamos saciarnos de “más”. O delante de ella queremos, esperamos y pretendemos algo diferente; sea felicidad, sea placer, sea reconocimiento, sea respuestas, sea compañía, sea o que sea. Aquí tiene mucho sentido una frase del Evangelio, que nos ayuda a moderar los juicios: “Y todo lo demás se os dará por añadidura.” Tarea arduo complicada la de vivir semejante sencillez y candor. ¡Imposible alcanzarla con las propias fuerzas! Ten en cuenta, y piensa, que si lo que quieres es cumplir un precepto, sin haberte dado cuenta de que toda persona es lo más, el cumplimiento es una mentira, quizá la más grande de todas las pronunciadas hasta el momento, en la que quieres mostrar algo que “no es”.

Tampoco quiero abandonar el segundo motivo que se encierra detrás de cada artículo. Para mí -¡qué egoísta!- abre un mundo enteramente nuevo, que a veces me sorprende. La obligación de revisar y examinar el día, no pocas veces saturado de idas y venidas, de palabras y más palabras, de gestos, detalles y acciones para las que soy habitualmente muy receptivo y sensible. Además, parto de la admirable convicción de que toda persona hace algo por algo, que toda palabra quiere alcanzar algo más de lo que se podría algunas veces pensar, y que nada de lo que llega a mí -y eso que admiro a los estoicos- me alcanza como una llamada que tengo que responder, o una pregunta que tiene mucho que decirme. Por eso digo que abre un mundo nuevo, hasta entonces sólo sentido en la piel, sin adentrarme en él. Muchas cosas se hacen nuevas cada día.

De lo que viene después, no tengo la costumbre de escribir. No releo los post. Pero eres tan importante para mí, que rezo contigo y con ello. Pongo mi vida ante el Señor, dedico unos minutos a dejame conducir por Él. En mi oración estás tú, genuinamente. Y ojalá te pueda ayudar en algo a encontrar lo que Dios sueña y quiere para ti. Ojalá pudiera acompañar tu camino más directamente, como a tu lado. Por eso, tus preguntas son mi bendición, tu vida es un regalo inmenso que alumbra mi blog.

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5 pensamientos en “Te dedico mi último post

  1. Hoy un poco más despierta que en la primera leída. Me encanta esta entrada!
    Ahora mismo mientras releo tus motivos para “escribir”, en un encadenado rápido de pensamientos, me quedo rumiando en esto de “dar motivos”, “dar razón de…”; y -quizás porque es un punto que en este tiempo me tiene movilizada especialmente- el siguiente pensamiento me lleva a preguntarme acerca de las razones de mi VIDA. (hasta he soñado con esto en estos días) ¿Cuál es la razón de mi vida? jeje, no te asustes, no es pregunta para que la respondas en este blog de preguntas…
    ¿Cuál es la razón de vivir?
    Un abrazo!

  2. Pingback: Post de abril 2012 | Preguntarse y buscar

  3. la verdad que para un hombre que vive en total soledad, enfermo siquiatrico, medicado con psicotropicos, en terapia, leerte me gusta, a veces no comparto algunos conceptos, pero respeto su sapiencia, pues eres un hombre que imagino apasionado a la lectura, y con un gran carisma, de gran elocuencia y como se dice en oratoria que: “que todo acto de habla es un predicado del hablante”, tus discursos signan tu humanismo como persona y sacerdote. Que bonito fue leer este ultimo fragmento: “Pongo mi vida ante el Señor, dedico unos minutos a dejame conducir por Él. En mi oración estás tú, genuinamente. Y ojalá te pueda ayudar en algo a encontrar lo que Dios sueña y quiere para ti. Ojalá pudiera acompañar tu camino más directamente, como a tu lado. Por eso, tus preguntas son mi bendición, tu vida es un regalo inmenso que alumbra mi blog”. ……..gracias por escribirme, pues si bien soy bordeline, un fronterizo como dicen los medicos, donde el sentimiento abandónico es muy fuerte en nosotros, aun así, me siento acompañado por ti, especialmente en tus oraciones al Dios del amor y de la paz, aunque me resulta difícil descubrir la voluntad y ése sueño divino del Señor para mi, mi fe en ÉL nunca se apagara, pues como dice el salmo “yo pongo mi esperanza en ti Señor y confió en tu palabra”

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