Sobre estudiantes, los exámenes y los cambios en el orden social


Todo aquello que esté a merced de los estudiantes, llegado el tiempo de exámenes, sufre casi inevitablemente una transformación radical y profunda. Parece que con la llegada de estas pruebas, siempre indeseables, la vida se detiene en relación a muchos ámbitos de su vida, y por otro lado se incrementa la dedicación a lo que, según ellos y en ese momento, se considera lo “más importante”: el estudio. Algo forzado, todo hay que decirlo. Y también dejando al margen a algunos de sus miembros, incapaces de resistir este nuevo orden estructural. Horarios, esfuerzos, dedicaciones, desplazamientos, incluso el descanso, se ve dirigido esencialmente al cumplimiento de esta tarea con fidelidad asombrosa.

Sumidos en los previos de las vacaciones (vamos a pensar en positivo), el requerimiento de las pruebas finales bien merece que no pensemos en demasiada cosas. Percibo en el ambiente que incluso resulta molesto hasta sentir algo. Los sentimientos, bien sabido es, confunden, distraen y dispistan del objetivo ansiado por la voluntad.

Queridos estudiantes:

Lo primero que me nace decir es que “el mundo no se acaba”, no termines con tu vida encerrándote y aislándote de todo lo que pasa. Sigue viviendo, no renuncies durante este tiempo a ello. Y, para la próxima vez, distrubuye más racionalmente tus esfuerzos. Comprendo, y he pasado por ello en diversas ocasiones, que las prisas y el final aprieten particularmente, que pase a un primer plano de conciencia que “somos estudiantes, que estamos haciendo algo en el mundo, y que nos pedirán cuentas”. Lo comprendo, y naturalmente que lo he sufrido, como tú o incluso en peores circunstancias, con menos preparación, con menos paz. Ahora bien, una cosa no quita la otra. Recuérdate, como poco dos ocasiones al día, que tu vida merece la pena. Y si aquello que estás estudiando ni te permite disfrutar ni te permite vivir, a lo mejor es que no estás en el lugar del mundo que te necesita y donde vas a ser realmente feliz.

Lo segundo, y siento decirlo con demasiada parquedad, sé feliz. Por muy duros que sean los exámenes, por mucha presión que haya en ellos, no aumentes tu sufrimiento. Rebaja la intensidad de tus angustias, abandona las espirales de dolor que te sumerjen en esta época como si fuera el “acabose”. Estarás de acuerdo conmigo, aunque sea teórica y parcialmente como poco, que en no pocas ocasiones son los propios estudiantes quienes fomentan su propio malestar dándole a la cabeza, dejándose llevar por lo peor del mundo, compartiendo una y otra vez sus renuncias, y compitiendo adolescentemente por quién esta peor, como si se tratase de la victoria. En el tiempo de estudios, donde conviene que vivas centrado y en paz, insisto, rebaja tus sufrimientos. Una interesante forma de hacerlo puede estar escondida detrás del disfrute y del placer del estudio. ¡Qué barbaridad acabo de decir en este mundo! Pero creo sinceramente que así es.

Lo tercero. Si lo has dejado todo para el final, ánimo. Toca esprintar. Darlo todo en poco tiempo, entregarse al máximo, y agotarse en ello. Si has ido como hormiguita, muchas felicidades. Has recogido durante tiempo, y ahora viene el tiempo de disfrutar y dar sabiendo que cosecharás mucho. Si eres del común de los mortales, habrás hecho algo más o menos, y este tiempo es realmente importante para fijar, para potenciar lo sabido, para hacer una síntesis global. A ti, que eres de la mayoría, te recomiendo que aproveches la oportunidad. No te embobes, carpe.

Por último, cuida a las personas que están a tu alrededor. A los compañeros, porque están en las mismas que tú, y a los que no estudian porque no tienes derecho a hacerles sufrir por lo que tú estás viviendo. Si te quieren, aceptarán con más o menos agrado que les cambies la vida durante estos días. Si no te quieren, directamente desaparecerás. Sé consciente, aunque sólo sea por un minuto, de que en exámenes eres un poco impertinente, vas con lo tuyo como una apisonadora por encima del resto de la gente sin que te importen muchas veces sus cosas, y que aguantarte a ti, junto al peso de tus exámenes y de los libros que tienes que estudiar, es una tarea poco fácil. De hecho, no lo pones sencillo. Como no podrás hacer mucho durante este tiempo tan difícil, al menos y sólo si así lo deseas, sé agradecido cuando pasen, recuerda aquello de “la próxima vez será distinto”, y recupera para el amor, la amistad y la familia el tiempo perdido sin presionar ni querer que siga siendo todo a tu ritmo.

Quien habla de exámenes, como bien irás descubriendo a lo largo de tu vida, no sólo se refiere a esas odiosas pruebas escritas en las que los profesores buscan chuletas y alumnos que copien, para después amontar papeles que leer en sus casas porque se aburren mucho. Hablar de exámenes puede entenderse de forma más amplia. La vida está cargada de estos benditos momentos en los que te piden cuentas. Ahora, en tu situación de colegio, instituto o universidad, de hecho tienes la ventaja de saber qué te pueden preguntar, de qué va el asunto, y tener fecha y hora. Junto a esto, disponemos también de información sobre lo que le agrada al profesor o cómo quiere que presentemos las cosas. Querido amigo estudiante, ¡eres un privilegiado! Cuando crezcas verás que los exámenes importantes llegan de improviso, no hay contenidos claros, y los examinadores suelen ser más exigentes que generosos. Ah, ¡y no suele haber recuperaciones!

Disfruta este tiempo. Haz que otros también puedan disfrutarlos. Y, si no puedes alcanzar este objetivo ideal e idílico, qué menos que aprender algo que pueda acompañarte durante toda tu vida.

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3 pensamientos en “Sobre estudiantes, los exámenes y los cambios en el orden social

  1. He llegado aquí desde Twitter. Y me ha gustado su entrada. Sobre todo porque está pensada para los estudiantes, para esas personas llamadas “alumnos”. Pero sobre todo, en el fondo de la cuestión no puedo dejar de preguntarme: Pero ¿y por qué tiene que haber exámenes finales?

    Después de 25 años en que la única evaluación del alumnado para colegios e institutos sea la evaluación continua, todavía andamos con éstas. Si un profesional se ha pasado 250 días hablando de lo mismo con las mismas personas, y tras ese periodo no sabe lo que cada uno sabe de lo que se ha hablado ¿a qué se ha dedicado realmente? ¿Son necesarios los exámenes? ¿Para qué? No me quiero alargar, por lo que respondo sin argumentar: para mantener una forma de poder en el aula. Una infame espada de Damocles. Mi forma de entender el aprendizaje no tiene nada que ver con lo que tradicionalmente llamamos exámenes. Saludos.

  2. Pingback: Post de abril 2012 | Preguntarse y buscar

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