Una homilía y una llamada de teléfono


Nunca antes me había sucedido que, tras una sencilla homilía de un sencillo día de diario (de los que van entre lunes y viernes, porque de lunes a viernes también hay Eucaristía para todo aquel que quiera acercarse, y de lunes a viernes la vida es intensa igualmente), después de quitarme los capisayos (palabra que escribo por primera vez en mi vida, que es como llama uno de mis hermanos a las ropas que usamos los curas en la celebración, aunque el diccionario recoge que es algo de “obispos” y no es mi intención) veo en mi móvil que alguien me ha llamado inmediatamente después de la homilía. Lo curioso es que la persona que me llamaba estaba conmigo celebrando, allá por el décimo o undécimo banco. Y que, de haber sido un poco descuidado y no haber dejado el móvil en la sacristía, me hubiera sonado por todo lo alto cerca del micrófono, con lo incómodo que es, y con lo aparatoroso que se vuelve el buscar el móvil debajo de la casulla y el alba.

El caso es que, al ver la llamada perdida, me dio por responder. Y para mi sorpresa, lo único que quería decirme es que le había encantado la homilía. Una sincera felicitación que fue acompañada de una frase subordinada de gran significado para mí: “Porque hay otras veces en las que no entiendo nada de lo que dices. Sé que hablas de Dios, del amor, de lo que nos sucede, pero hay días en los que me quedo mirando, pensando qué bien hablas y sin que me llegue casi nada.” Que conste que tengo en alta estima a esta persona, que me parece alguien inteligente, muy inteligente, más inteligente que yo, y valoro mucho su cercanía. Desde entonces también creo que es alguien sincero, de esas personas con las que te cruzas y que con, cariño e independientemente del acierto o desacierto, te van a decir lo que piensan. Sea o no cierto. Sea o no todo lo que hay. Independientemente de todo esto, el Espíritu me iluminó y, sin entrar en más temas, di las gracias por su felicitación y continué graciosamente hacia adelante en la tarde. ¡Qué manía la de querer entenderlo todo! ¡Como si fuera posible!

Pocos días después, en una cena reciente, un amigo en una conversación se descolgó con una llamada de atención sobre nuestra falta de precisión. ¡No concretamos! Hablamos mucho (se refería a los comensales, que éramos ocho, sólo un cura) y no definíamos totalmente de qué tratábamos ni las palabras que empleábamos. Me recordó algún que otro intento filosófico, no muy lejano y sí muy pretencioso, al que no me voy a referir. La verdad es que, más allá de nuestras capacidades humanas, que comprobamos a menudo que son muy limitadas, para mí es una hermosura saberme ante un misterio que puedo acoger totalmente como misterio y que no puedo entender ni del que puedo hablar en términos absolutos. Sea el hombre, sea Dios, sea la Iglesia, sea el amor, sea la libertad… Hay cuestiones de tal calado que, aún sabiendo que les dedico tiempo y esfuerzo de reflexión, lectura y oración, lo único a lo que me encaminan es a seguir contemplándolo como un misterio cada día más grande, y también más cercano. Vamos, que también yo soy un misterio indestructible para mí mismo, y me enfadaría que alguien fuese tan arrogante como para sentarse y explicarme a mí mismo, desde fuera y como si tal cosa, algo que fuera más allá de ese respeto silencioso y gozoso que se produce ante la vida.

Por otro lado, y aquí es donde quería llegar hoy, me parece inmensamente bella la opción de quienes están delante de Dios, como misterio, y buscan una palabra de discernimiento. Hay veces que en la oración cristiana vamos buscando consuelo y encontramos exigencia. Otras veces queremos perdón y se nos planta delante la necesidad de perdonar. O que deseamos ardientemente paz y la encontramos armada. O nos preguntamos qué podemos hacer con la vida y desembocamos en cómo puedo amar, más y mejor, cómo puedo servir más al Señor, cómo puedo dar cuanto tengo. ¡Otro misterio! Y es que, ante Dios, la actitud más espiritual, como ante el amigo, es no calcular, no prever, no controlar, no manejar, sino dejarse llevar, reconocer la presencia, saber ante quien estamos sin entenderlo del todo y disfrutando nuestra situación. Gracias, Señor, porque permites que vivamos ante ti.

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8 pensamientos en “Una homilía y una llamada de teléfono

  1. Buenos días Padre, lo que habla en este post es muy interesante para mi pues soy una de esas personas que pretende entenderlo todo y al final comprendo menos de lo que pensaba…tal vez por mi formación en ciencias a veces me encuentro de esta manera y me “atropella” la idea de dejar todo como “en el aire” (bien sea un experimento que me arroja resultados inesperados o una lectura de la palabra que me deja en un interrogante) ..sin embargo, es en esos momentos de oración en donde la incertidumbre se me revela como un regalo y me encuentro en los debates internos que usted plantea, los cuales parecen contradictorios, pero es la forma en que nuestro Padre nos habla. Es muy lindo sentir la manera en que Dios actúa en nuestro corazón y nos invita a continuar en este mundo lleno de bellas incertidumbres.

  2. Gracias José por tus palabras… a mi también me pasa lo mispo cuando predico en la iglesia.
    Debemos de ser más humildes y tratar de expresarnos con sencillez.
    Un abrazo desde Bilbao de un hermano pasionista.

    Nando

    • Un saludo, Nando. Gracias por tu comentario. Ciertamente, la sencillez debiera ser fundamental en nuestra predicación. De lo que hablaba, o quería hablar sencillamente, es de la actitud ante el misterio. Excesiva sencillez y “aclaraciones” colapsa algo que no se puede explicar ni entender puramente, o sin más. Todo eso que hemos leído tantas veces y que luego, a la hora de vivir y de encontrarnos con Dios, se olvida en el tintero. Que la sencillez pertenece más bien ámbito de la vida, pero que cuando nos ponemos a pensar no todo se resuelve de igual manera.

  3. Padre,

    Antes que todo, gracias por tomar el tiempo de tener su Blog.
    Tengo un poco de tiempo “Siguiendolo” por medio de WordPress.

    Los beneficios de hacerlo son abundantes! Mi Español ha sufrido muchisimo desde que me mude a Canada. No se diga mi ortografia.
    Como puede ver, ni acentos utilizo! No recuerdo cuando si o no utilizarlos!

    Aparte de obligarme a leer 2-4 veces sus Posts, sus temas llenan mi alma ♥

    Y precisamente hoy la explicación, la razón, de porque siento la necesidad de continuar visitando su Blog ha venido ha mi.
    Es Un Misterio! Simple y Sencillamente!

    EL viene a mi de infinitas maneras, esta es una más…

    Dios lo continue iluminando para que siempre guie a sus ovejas ignorantes y perdidas por el Sendero de la Salvacion ♥

  4. Hola Padre, desde Obera Misiones, Argentina, le escribe para agradecerle los comentarios que hace y de las refecciones que vuelca, realmente me han servido mucho, actualmente soy Diacono permanente en la Dioses is de Oberá y mi tarea pastoral la desarrollo en las colonias principalmente, siempre con sencillez busco de llegar y explicar el evangelio a las personas, se que nunca es muy fácil, pero tengo un dicho ” NO ES FÁCIL VIVIR EN CRISTIANO, PERO ES APASIONANTE”, Dios lo bendiga,,

  5. Pingback: Post de abril 2012 | Preguntarse y buscar

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