Quisiera vivir en un mundo maravilloso. ¡Pero qué ingenuo eres!


Hay días que me levanto con un optimismo arrollador y una esperanza descomunal, dominando por encima, muy por encima, las circunstancias. Dejándome llevar en volandas, porque puede más que yo. Me doy cuenta al paso de una hora, o de hora y media. No porque vaya mal precisamente o me sienta incómodo, sino porque me despierto con bastante dificultad. Lo que me nace al ser consciente es un tremendo agradecimiento. Veo la vida con su color, la gente con su bondad, todo se brinda como una oportunidad para la belleza y la unidad. Últimamente, para continuar señalando lo raro y extraño que incluso a mí me parece, sucede los lunes. Por eso es tan llamativo. Todos cabizbajos, agotados de las duras tareas y horarios rígidos y exigentes del fin de semana, y a mí me sale gritar: “¡Por fin lunes!”

Pisemos tierra. No es para tanto. Simplemente, me gusta adornar historias. Ahora bien, creo que, en justicia, tendríamos que llamar ingenuos -también- a aquellos que quieren vivir en un mundo maravilloso, pero paralelo al resto del mundo mundial, y también a los que no se dan cuenta de las maravillas del mundo en el que están. A los primeros por torpes, porque del mundo no se puede salir así como así, y aporta mucha más frustración tener amigos imaginarios excelentes que reales y normales. A los segundos, por ciegos. Todo esto lo digo sin acritud, ni banalizar, sin querer meterme con nadie. Aunque un poco cansado, e incluso harto, del pesimismo global que fluye respecto a la vida normal y cotidiana, de la pesadez que traslucen algunos análisis. Pienso sobre todo en lo que tienen que cargar sobre sus hombros los niños y los jóvenes, que sin darnos cuenta, reciben cuanto vertemos sobre ellos.

Pisemos tierra. No es para tanto. Los únicos ingenuos del párrafo anterior son quienes se imaginan mundos en los que sólo son felices ellos mismos, que sólo pueden disfrutar con su imaginación. Y también los que andan por la vida, no soñando, pero sí dormidos. Piso mi tierra, y de lo que me gustaría hablar se llama “humanidad nueva”, “mundo renovado”. Si se da lo primero, el mundo cambia a mejor inmediatamente. Porque el mundo que pisamos es el mundo que nos hemos dado, que estamos permitiendo, que dejamos que se mueva por sí mismo. Hablo de este mundo, no otro. Pero vivido en intensidad, con generosidad, dejándonos mover por la pasión, luchando por la justicia, amando sin condiciones.

Pisando la tierra renovada, la humanidad nueva, diría que soy de los que quiere vivir en un mundo en el que desconfiar de los demás, sospechar y fijarse en la maldad sea lo raro, extraño diferente. Donde las palabras amargas desaparezcan de los diccionarios y se cuenten como faltas de ortografía, y en el que no sea necesaria ni siquiera hablar de “fraternidad” porque todos en verdad viviéramos como hermanos. Quisiera despertarme en un mundo que ame la debilidad del otro y la excuse hasta el extremo de hacerle mejor cada día. En el que la libertad, lejos de aposentarse en la autonomía extrema y en la afirmación de uno mismo, sirva de oportunidad para escuchar, dejarse aconsejar, aprender de la experiencia de los viejos y de la sencillez de los pequeños. Un mundo que trace fronteras para que nadie quede fuera de ellas y se jacte en las diferencias que nos hacen únicos e irrepetibles. Quiero vivir allí donde todo esfuerzo, por amor, no canse a las personas, y en el que trabajar, dar la vida, entregarse, estar pendiente, ocupar nuestro lugar nos devuelva la ilusión de quienes saben que están compartiendo un don que recibieron sin pedir nada a cambio. Un mundo en el que la felicidad sea custodiada con mimo, protegida con esmero, y sacie el corazón de las personas, porque todas las personas serían, antes que nada, felices. Sé que sigo soñando, pero en este mundo, donde los buenos ingenuos tienen cabida, las ilusiones son compartidas, los entusiasmos son comunes, y nos alegramos con los demás. Mi mundo, no es un mundo paralelo, es un universo acogedor, es una casa abierta a todos, es sofá compartido para el cansado, para el que no puede dormir, para quien disfruta tanto con su vida que termina la jornada agotado aunque quisiera seguir adelante, para quien sufre en sus carnes dolores de otros, para quien sabe callar pacientemente las esperas y pasos de los más pequeños.

Este mundo, en el que vivo y piso, se parece en parte al que he descrito. Sólo en parte. Quizá no en todo. Existe Quien lo hace posible, y quienes se afanan laboriosamente en él. Los conozco, ¡qué privilegio! Se va realizando poco a poco. No a golpe de esfuerzos prometeicos ni aisladas ensoñaciones. Más bien crece desde el perdón, la memoria agradecida, la pureza de corazón, la inocencia de la mirada. Y sigue creciendo con mucho sacrificio, manteniendo la tensión por acercar a quienes se quieren sentir lejos de otros, quienes desean renunciar a cuanto pugna en su interior. Y sigue florenciendo, porque existe el Hombre Nuevo, porque el corazón de piedra se puede cambiar por un corazón de carne, y los mandatos de la sociedad por el precepto del amor fraterno. Y sigue entusiasmando cuando se oye hablar de ello, y quema en el interior anhelando su próxima venida, y compromete la voluntad al quererlo de semejante manera, y nos invita a pedir ayuda, tender la mano, crear lazos que van más allá de lo humano conocido. Y da fruto, mucho fruto, contemplar así de bello, y así de roto, cuanto nos fue entregado. Algunas veces el fruto, de la semilla sembrada, se multiplica en treinta, otras setenta y otras ciento. ¡Cuánto admiro a quienes dan la vida por sus hermanos! ¡Qué ingenuos fueron al creer en ellos, al amarlos tanto! Y qué hermosa es la Vida que nos ha sido dada, y qué sublime la vocación ingenua a la que Dios no deja de llamarnos. Quiero, Señor, este mundo y no puedo; aumenta tu ingenuidad en mí. Siendo así de ingenuo, queriendo algo tan grande, al menos sé que soy tuyo. 

Anuncios

7 pensamientos en “Quisiera vivir en un mundo maravilloso. ¡Pero qué ingenuo eres!

  1. Yo también quiero vivir en ese mundo del que hablas…. y que es posible cuando caminamos de la mano de Jesús. Él nos da una mirada nueva.
    Preciosa reflexión…. ¡Feliz día!.

  2. Pingback: Post de abril 2012 | Preguntarse y buscar

  3. Con su permiso Padre Jose lo puedo bajar con mi impresora…..lo necesito para poder leerlo a muchas personas,es maravilloso,sirve de oprtunidad para escuchar,dejarse aconsejar,aprender de la experiencía de los viejos y de la sencillez de los niños.Con gratitud.Mis oraciones sacerdotales.

  4. Pingback: Quiero un mundo maravilloso – Preguntarse | De lecturas y navegaciones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s