El arte de aclarar dudas


Son tantos los interrogantes que le pueden surgir al hombre en su caminar, que hacer un elenco de posibles preguntas que te vas a encontrar en un día resulta imposible. Y mucho menos si el grupo de personas con quien está es diverso, y agrupa a pequeños y grandes, a enfermos y sanos, entremezclando lo personal con lo profesional, lo religioso y lo profano. Por esto digo que es un arte saber aclarar dudas de otros. Dudas que, por otro lado, pueden ser también fruto de distintas situaciones, unas más intelectuales, como para satisfacer una curiosidad innata, y otras de carácter mucho más vital, en las que nos vemos realmente implicados con todo nuestro ser. Distinguir la curiosidad ideológica, o la terrible necesidad de crear debates y discutir temas, de aquellas que comprometen el camino, la fuerza y la esperanza de las personas me parece un punto esencial. Y, añadiendo un poco más de diversidad al tema, pueden surgir en un grupo, en un diálogo personal, en un viaje o en un momento buscado. Dicho todo esto, me parecería una temeridad clasificar todos los posibles.Por eso, insisto, se trata de un arte.

  1. Déjate sorprender. Las preguntas normalmente incomodan. Para qué engañarnos. Vivíamos al margen y todo nos iba bien. Sin embargo, llega alguien y, con su fuerza, impacta en tu vida cotidiana. Si aprendes a disfrutarlo, te agradará más y te sentirás mejor en el diálogo.
  2. No hacer tuyas las dudas de otros, pero aprovechar la fuerza de la pregunta. Hay personas que no quieren escuchar realmente a otros, y de hecho así lo hacen. Por eso, viven cerrados en sí mismos y nadie les preguntará nada.
  3. Alcanzar a las personas que preguntan. Detrás de cada pregunta, hay una persona que está hablando, y cuenta algo de sí misma. Es un don poder llegar a esa relación, y te permitirá acompañar más que decir, hablar, responder. Esta relación, conociendo su realidad y la intensidad de su vida, permite también poner luz de acuerdo con las necesidades de cada uno.
  4. Centrarse en el diálogo, dejando que la personas con dudas aclare su situación. Es decir, no responder ni a la ligera ni pasar de tema en tema (como hacen los políticos) esgrimiendo su responsabilidad. Dar en el clavo, encontrar el meollo de la cuestión, no zarandearse en la conversación de aquí a allá.
  5. Grandes preguntas no se pueden responder en una conversación. Hace falta algo más: tiempo y relación, crear vínculos y acompañar. Probablemente encuentres que la mejor respuesta, más de una vez, requiere un aplazamiento, una preparación. En clase, los grandes profesores lo hacen. En la vida, igualmente.
  6. Estudia y sigue leyendo. La formación siempre ha sido esencial. El estudio supera, con mucho, los años que dedicaste en los colegios y la universidad. De hecho, al terminar la carrera normalmente tomas conciencia de lo poco que has aprendido y sabes, porque supone una iniciación importante, pero sólo una iniciación. Si dejas de estudiar y leer, se oxidarán tus conocimientos.
  7. Escribe, porque ayudará a ordenar ideas. Elige un tema y escribe. Verás qué sabes, qué recuerdas y qué tienes fresco en el momento. Si tienes ideas importantes. Lo que escriba no tiene por qué estar lleno de citas, ni del pensamiento de otros. No pocas veces, con descubrir lo que cada uno piensa es más que suficiente para llevarse una sorpresa inmensa.
  8. En cualquier caso, aprende de tus propias preguntas, dedícales tiempo y ordena tus ideas. La reflexión personal, como ejercicio introspectivo, para mirarse una y otra vez a uno mismo puede ser muy interesante. Pero, ¿qué tal si de vez en cuando dedicas tiempo a pensar, orar, reflexionar, sobre lo que otros están viviendo?
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2 pensamientos en “El arte de aclarar dudas

  1. Hola soy una joven cristiana y el otro día en mi parroquia una adolescente comprometida con las que tengo confianza me dijo que tenía una duda existencial. Yo le dije que igual podía ayudarle…y me dijo que no sabía si confirmarse. Le pregunté por qué y me dijo que no le apetecía…más tarde por la explicación que me dio entendí que para ella no tenía sentido confirmarse por determinados ambientes parroquiales (que no son muy evángelicos) y porque al fin y al cabo no ve coherencia ni sentido en recibir un sacramento que todos recibirán sin darle importancia.
    No sé como ayudarle pero sé que yo soy una punta de lanza para ella…¿cómo puedo acompañarle?

  2. Pingback: Post de abril 2012 | Preguntarse y buscar

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