Cantos de Taizé


La comunidad ecuménica de Taizé (nombre de la población francesa en la que comenzó y permanece) fue fundada por el H. Roger (+), en compañía de M. Thurian (+) y P. Souvairan, en los años de la Segunda Guerra Mundial. Quien ha estado al menos una vez en aquella colina sabe que la historia no es lo más importante, que el ritmo del lugar porta una cadencia semanal en la que cualquier peregrino, sea de donde sea, es acogido para disfrutar de la fraternidad, de una sociedad nueva y renovada con personas de muy diversos rincones y motivaciones, en corresponsabilidad. Nada más llegar a Taizé, lo primero que encuentras es la bienvenida, la sonrisa amable de alguien que parecía esperarte desde siempre aunque nunca os hayáis visto, y la paz y tranquilidad del lugar y de las personas como freno a nuestros ritmos y aspiraciones más mundanas. La gran capilla de oración de Taizé, donde no hay ningún banco, abre sus puertas para todo aquel que, con sencillez y respeto, sea capaz de unirse a un canto común, a una alabanza penetrante y purificadora, y a una expresión única del silencio interior.

Supongo que todos tenemos preguntas, y queremos transformar algo de nuestra realidad, con unas fuerzas que han sido poco eficaces, han fallado o se han venido abajo a la cuarta, quinta o sexta. Así que, en mitad de este camino, me animo a proponerte que escribas una pregunta en un papel, en tu agenda o en el corcho. Que la dejes ahí quieta durante una semana. Y a lo largo de ella vayas escuchando un canto de Taizé cada día, los que tú quieras. Permitir que se convierta en tu voz interior, que sea tu especial del día, el Top que puedas repetir incansablemente, hasta que ilumine tu interior. Sin planificar demasiado, dejándote guiar. Haciendo quizá una lista, o metiendo en el móvil siete pistas de audio que te acompañen. Sin saber por qué, cada día una, y lo dejamos abierto, un tanto al arbitrio de lo que pueda acontecer. ¿Te atreves?

  1. Los cantos de Taizé se componen pensando en la simplicidad. Lo simple, como lo pequeño querido del Señor y asequible a cualquier peregrino. No por mucho hablar, ni por mucho decir, ni por mucho cambiar de palabras, se reza mejor. En Taizé el canto es habitualmente una única frase, repetida melódicamente durante un tiempo prologando, hasta que se saborea aquello que se está diciendo, y se llega a pronunciar con el interior, con toda la persona. Como si el objetivo fuese repetir el amor más grande, recordar el momento más bello de la vida, o estar presente ante lo único necesario en ese momento. No se trata de variar, cambiar, ampliar horizontes, sino de dejarse inundar, habitar, nutrir.
  2. Se adentran poco a poco en el corazón. No hay prisa, por otro lado. Se trata de hacer fiesta, dejar que reine la alegría. De seguir disfrutando el momento y la presencia del Señor en medio de la comunidad, simbolizada en la fraternidad de hermanos de diferentes confesiones, todos vestidos de la misma manera, sentados a lo largo del pasillo central en sus humildes banquitos. Los cantos están compuestos para alcanzar el corazón, no sólo la cabeza y la inteligencia. Y llegan al corazón porque son fáciles de comprender, y sobre todo, porque hablan de palabras que sólo el corazón y la fe pueden recibir con libertad, sin miedo, con confianza y en plenitud. Se adentran, eso sí, poco a poco. Quizá un día se cante de una manera, pensando en algo particular, y al día siguiente cambie de dirección para atender otras necesidades de la persona. Son cantos muy espirituales en ese sentido, y profundamente pedagógicos. Detrás de ellos se muestra una comprensión de la naturaleza humana con capacidad para ser renovada desde el interior, donde el “ser” no es metafísico sino relacional y comunional. Nos convocan interiormente, cuando alcanzan el interior, a no dejarlos allí para siempre, sino a salir hacia afuera.
  3. Cantos capaces de acompañar a cualquiera en su vida más ordinaria. Cierto es que para “aprehenderlos” requerimos espacios y ámbitos más amplios, con tiempo, sin entrar con prisas, sin consumismos que no sacian. Pero una vez recibidos, en su materialidad y en su formalidad, te acompañan para siempre como un tatuaje interior. Saldrán, de vez en cuando, y cuando menos te lo esperes puedes verte cantándolos. Sea en la ducha, sea en el metro, sea en mitad de un examen, yendo al encuentro de alguien importante, o cuando es necesario hablar con otra persona “de corazón a corazón” dejando que la verdad aflore. Allí, donde todo parece amenazarse entre ruidos, los cantos de Taizé son terriblemente provocadores.
  4. Son multilingües, sin fronteras. De repente, cuando llegas, una de las cosas más sorprendentes es que todos cantan en francés, alemán, inglés, españo, latín, ruso, ucraniano, italiano, portugués… Da igual de dónde seas. Lo único que te revela un poco es el acento. Pero la unidad que generan, por encima de las lenguas, engloba y llena todo el espacio inmenso de la capilla (hasta 6000 personas) donde la gente está sentada sin nada más. Con los ojos cerrados, queriendo decirlo con todo el corazón ante el Señor, en la Cruz, o ante María, en el icono de la Ternura. Dada su simplicidad, se pueden traducir fácilmente a diversas lenguas. De modo que, si un canto se puede adaptar a otro idioma sin perder su esencia, pasará a formar parte del cantoral de la Comunidad.
  5. Enseñan a conformarse con poco. Alimentarse sin saciarse, ni aturdirse. La oración verdadera, como el amor auténtico, se acrecienta, fortalece y desarrolla en la paciencia. Cada día un paso, cada acontecimiento es una oportunidad de amar. No hay que irse más lejos, ni soñar excesivamente fuera de nosotros mismos. Nutren, y nos damos cuenta, desde la Palabra o grandes escritos de santos de la Iglesia. No son palabras vacuas o insustanciales. Cantamos aquello que otros, quizá hermanos cercanos, han vivido y hecho experiencia suya. Han pasado por la paz, por el amor que no se cansa, por la bendición en todo momento y circunstancia, por la luz y el seguimiento paciente. Nos conformamos con poco, no pedimos más que una palabra al Señor que sabemos que nos puede sanar, y del que no somos dignos de acoger en nuestra propia casa. Sin duda, cantos potentes, píldoras de amor y ternura. No son banquetes frugales.

Os paso algunos de los cantos que, personalmente, son más importantes para mí. Espero que puedas también compartir los tuyos. Y, si no conoces nada de Taizé ni de sus cantos, quedas invitado a ir una semana, y a hacer de sus cantos una compañía eficaz en esta cuaresma, en tu ordenador, en tu móvil, en tu propia voz.

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9 pensamientos en “Cantos de Taizé

  1. Me ha encantado leer este post sobre Taize, me ha traido muy bellos recuerdos.Gracias.
    Tuve la suerte , la alegrioa, el regalo de ir a Taize, y alli vivir una de las mas bonitas y fuertes experiencias de Dios, un encuentro con Dios que me ayudo a decidirme a dar un nuevo rumbo a mi vida, en ese lugar de Paz , de Oracion , de Amor, cuando el Hermano Roger, puso sus manos sobre mi cabeza, cuando me dio suy bendición ,ya no podia seguir negandome a lo que Dios me pedia, y auqneu todavia tarde unos años mas en dar el paso, esa experiencia me acompaño para ir discerniendo y fortaleciendo la llamada que Dios me hacia.
    Los cantos , el compartir con tantos jovenes, el silencio……..una maravilla,
    Gracias por este recuerdo en esta tarde, de lo que alli vivi…. y por los cantos que compartes.
    Un abrazo

  2. Gracias por este maravilloso post y por los videos musicales que lo acompañan. Nunca he estado en Taize pero debe de ser un lugar increible al que gentes de todo el mundo rezan, comparten y en definitiva hacen vivo el mensaje de Jesus. Por suerte en la ciudad que vivo, Bonn (Alemania) existe un grupo de jovenes que se reune todos los martes para orar siguiendo el modelo de Taize: silencio y oración, así como de manera más esporádica otras actividades como “Nacht der Lichter” (La Noche de las luces) que también convina estos dos elementos con lecturas de evangelio en diferentes idiomas, etc. El participar en estos encuentros ha sido todo una experiencia así que no me quiero imaginar como será vivir unos días en ese pueblecito de Francia con gentes de todos los credos y lugares del mundo.

    Siguiendo las recomendaciones musicales me gustaría hacer mi aportación, a mi en particular me encanta el cántico alemán “Meine Hoffnung und meine Freude” (Mi esperanza y alegría)

    Cambiando ya de tema no quería dejar pasar la oportunidad de desear una feliz S. Semana Santa y una Feliz Pascua a toda la comunidad escolapia (alumnos, religiosos, profesores, catequistas…) muy en especial a aquellos que se van a reunir en unos días en Peralta de la Sal a celebrar la Pascua escolapia de la que buenos recuerdos guardo de mis “viejos tiempos” en Coruña o Valladolid.

    Un saludo:

    Óscar

  3. Muchas gracias, Óscar. Ojalá puedas ir un día a Taizé. Aunque me parece maravillosos que Taizé no sólo se viva en la colina, sino que se haya exportado por todas partes. También conozco la Noche de las luces, y he participado. Tenemos una Iglesia rica, diversa, variada, cercana a la humanidad y que hace presente al Señor, y no debemos dejar pasar la oportunidad de enriquecernos de ella.
    Gracias por tu felicitación. También a ti te deseo que sean días especiales.
    Un abrazo fraterno.

  4. Pingback: Post de marzo 2012 | Preguntarse y buscar

  5. Gracias por estos trocitos de oración en el canto, yo nunca he estado allí pero sí tengo varios libros del H. Roger y creo que es una bendición de Dios a esta Iglesia el poder tener y disfrutar de personas como él, que transmiten la fe como algo tan natural y vívido. Tengo algunas canciones grabadas de Taizé y las uso para mis ratos de silencio en oración, en mi casa, lejos del ruido cotidiano. Gracias una vez más.

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