Verbo (la película)


Estrenada en 2011, la película española de Eduardo Chapero-Jackson de 87 minutos, se ambienta en la historia de una joven adolescente de 15 años (Sara, o muchas Saras y Lucas, y Juanes y Marías de hoy) que siente que su mundo (mi mundo, el único que conozco) no se agota en sus desalientos ni en la vista, aunque en no pocas ocasiones así lo parezca, o los adultos, la sociedad y el entorno enganchado a los videojuegos no se den cuenta de ello. Una muchacha inquieta, buscadora, intérprete de los signos que encuentra y recopiladora de detalles, decidida a salir de “la casa que habita”, de esos lugares manidos por se tan comunes, y arriesgarse en tres batallas.

Ni lo que quiero hacer es una sinopsis, ni una crítica cinematográfica. Sobre estas cuestiones hay otros que pueden hacerlo mejor que yo. Más bien, quiero acercarme a la película con mi mirada propia, con la lectura que yo puedo hacer de ella, acogiendo la amplitud en la que está escrita la cinta. En parte, invitado por las referencias espirituales y religiosas (muy pobres algunas, otras falseadas) de las que se vale. El combate que se describe, entre vida y muerte, es profundamente bíblico. Como también son bíblicas muchas referencias de la película: los signos, el libro, la casa, la salida, la noche… La belleza, no lo olvides, salvará el mundo (Dostoievski, “El idiota”, una gran obra teológica). Devolvednos la belleza.

DETALLES DE LA PRIMERA PARTE

  1. Lo primero que se muestran son los grafittis, que a mí particularmente me parecen muy bellos y potentes; mensajes en la calle, en las aceras, en los asfaltos variopintos de aparcamientos, o en fuentes. Mensajes que se encuentran, y que más de una vez están y no están, aparecen cuando les corresponde dejarse ver y luego son borrados. Fotografiados, y coleccionados en un álbum maravilloso, que hace de memoria y los va conectado para no perder el hilo que los une (el nombre del misterioso artista). Al inicio, “Tu misión” como reclamo para la búsqueda. Esa misión que será leída de diferentes modos durante la película, que cuando no se comprende bien genera frustración y pérdida, y que luego se aprende a ver de distinto modo. Los mensajes del inicio hacen referencia a la falta de algo, la ausencia de sentido y concordancia. Puzzle en el que falta una pieza -clave o no, falta- y frases desconexas que no riman cuando se ponen juntas. Por separado puede parece que hay “muchas cosas” que llenan, pero juntas, unificadas, puestas unas al lado de las otras, situadas en el mismo corazón, se ve que no tienen algo que tienen que tener, no tienen algo básico, algo sin lo cual no tiene sentido su acumulación continua. No tienen, falta algo, no es real.
  2. La conversación primera con el amigo, revelación y pistas. Lo que se ve y lo que no se ve. Sacada del contexto de la película, en la que el amigo de Sara está disfrutando de un videojuego en un banco de cualquier ciudad española, el contenido nos pone en la pista de “algo que está ahí mirando y observando sin dejarse ver”.
  3. Entrando en su casa vacía, Sara dice que “busca a una persona”. Se interrumpe el monólogo que hasta entonces traía, dándose a conocer a nosotros, testigos de su joven corazón, con la pregunta: “¿Hay alguien?” Dos palabras que lo rompen todo, que dejan inquietos, y que por un instante podemos pensar que serán contestadas desde el interior. Pero no. Sigue el monólogo apostillando que busca, no a cualquier persona que llene su mundo, sino a la única persona que parece entenderla, la única que dice algo de verdad. Nadie sabe quién es, nadie le ha visto nunca. Y cada vez cree estar más cerca. Los mensajes se van afinando.
  4. En la clase de Lengua y Literatura están enfrascados con el Quijote. Empezando, con la famosa frase “esa”. Una aula normal, con jóvenes normales. “Lugares que no entiendo, haciendo cosas que no sé para qué me sirven, que no tienen nada que ver conmigo. Nadie habla de ello, pero tiene que haber algo más.” Un libro en el que se descubre la historia de alguien a quien nadie creía, como a ella, lleno de fantasías, desvelándose por encontrarle sentido. El libro
  5. La entrada de la madre en esena, su prentación, viene del conflicto. Habla por los dos padres. Algo ha pasado la noche anterior, que ha machacado la relación. Sara no mira a su madre, habla bajo, cuenta historias que nada tienen que ver con la relación. Y al final queda patente que lo que a Sara le inquieta, aquello que le corroe por dentro, provoca mayor distancia de sus padres. Todo desemboca en el silencio, dos mundos diversos y divididos. Padres preocupados, sin saber bien qué hacer con su joven hija adolescente.
  6. En la noche, sale a caminar y encuentra más pistas que a plena luz del día. La mañana transcurrió por Madrid, en el viaje al centro (muy metafórico, sobre todo en labios de la madre, quien confunde “el centro” con “el centro comercial”, y luego justifica que nunca hayan ido juntas porque “aquí tenemos de todo”), y empieza a atar cabos y dejarse guiar. Se lanza en mitad de la noche, mientras sus guardias duermen y sin dejarse ver, y los grafittis se hacen más pequeños, mucho más pequeños, y más evidentes y contundentes. Una pieza de puzzle y un letrero son suficientes. El cartel grita “sálvame”. Y ella piensa que es el personaje misterioso quien necesita de ella. Lejos de la realidad final. No es un grito ajeno a su más íntimia y personal vida. Es su propio grito plasmado, firmado por otros. Pero todavía no entiende del todo. Sólo cree comprender. Se monta su película, haciéndose de valedora de otros. Tiene sentido si es capaz de amar y salvar a los demás, pero todavía no puede liberarse de su propia jaula. En el interior de la casa, se anuncian ya las tres grandes batallas, que consisten en enfrentarse a sus fantasmas: la conciencia, la palabra y la acción. Ordenadas. Pasada la noche, que no desvelo más y con mucho contenido, despertándose por la mañana inusualmente en una casa que no es la suya, comienza a “verle sentido a todo”. Percepción que no se ajsutará a la verdad. “Entrar” por las buenas, así sin más y sin lucha, es como darse contra un espejo.
  7. La destrucción de la casa. Primero la suya propia, desatendiendo la orden de su propia madre de “no salir hasta que hablen”. Pero sobre todo la casa de “la noche”, aquella que la empresa de su padre quería derribar. Lugar en el que había encontrado sentido a todo, donde había creído recomponer el puzzle y hallar lo que ansiaba, esperando aún así una llamada posterior y el encuentro definitivo con el misterioso personaje llamado Liriko. Que tiene, sin embargo, que desaparecer para que llegue la verdadera lucha y se encuentre la auténtica misión. Una confusión, que enfrenta a la verdad. Y que me recuerda a la discusión entre Jesús y aquellos defensores del templo, cuando se escuchó aquello de “en tres días”. Jesús no hablaba de las piedras, sino de su cuerpo. Lo mismo que en la película, lejos de la arquitectura, la casa es otra cuestión. Y siente, en un monólogo precioso que hace suyo tomándolo del Quijote, se ve enjaulada y rodeada de fantasmas, sus fantasmas, que han tomado apariencia de hombre para engañarla con más facilidad.

SEGUNDA PARTE

Aquí os dejo, en torno al minuto 30, para que seáis vosotros quienes veáis la película hasta el final y descubráis las tres batallas a las que se enfrentará. Como antes estaban anunciadas, no desvelo gran cosa: la conciencia (de la realidad), la expresión (de sí misma) …

Y TERCERA PARTE

… por entero dedicada a la acción (aquello que más necesitas expresar), al modo de Blondel. Las dos primeras superaron la muerte,y la tercera es la vida en lo concreto, en lo cotidiano, en lo pequeño. Entre sus padres, en clase… Algo muy propio de nuestro mundo. Aunque no sea todo nuestro mundo. El cambio se materializa en la trampa que tiende a su padre. Parece que vuelve, como si nada y sin transcurrir el tiempo, a pesar de haber luchado de forma decisiva. A mi entender, y sintiéndolo mucho, aquí no puede quedarse todo. Sirva, como indicativo, el capítulo 50 del Quijote:

Quién quiera que seas, que frente al temible lago estas mirando. Sí es que has venido a alcanzar el bien que hundido bajo estas negras aguas se haya, muéstranos sin mas tu fuerte pecho y arrójate, en su negro liquido mójate una vez y otra hasta que tu vida encuentre algo. Sí no es así enójate y sigue, porque si así no lo haces no serás digno de ver el hermoso signo que llevas dentro de ti.

Sepa vuestra merced que no es consciente de la sabiduría que este libro encierra y para que nos sirve y en que modo nos concierne. Se lo digo con respeto y pena pues no es fácil tarea. […] no dejéis que la belleza y la verdad mueran. Lo que he presenciado no merece mi silencio. ¡Vosotros! decid, ¿a qué le ponéis precio?

Por todo ello una servidora se despide. Fuera me aguardan retos que el corazón me pide. Y no señor los estudios no abandono, el fracaso no es mio. No soy yo quien ha provocado este vacío.

Al final, “quiero enseñarte el mundo de otro color.” Un mundo lleno, susurrado, amoroso y pleno. De palabras, de esa Palabra que estaba al principio y se encarna en Jesucristo (Gn 1,1 y Jn 1,1). Dejadme que pueda vivirlo, al menos durante un instante, ya que atrapada por los muros que ellos han construido… no damos por perdidos… Porque “yo ya sé quién soy, yo soy Verbo.”

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3 pensamientos en “Verbo (la película)

  1. Estoy plenamente seguro que lo que hace falta para lograr un Verdadero cambio en el Mundo es que Cristo esté reinando en el corazón de cada hombre.

    Como lo dice este humilde y sencillo canto que les comparto:

  2. Me alegra mucho que hayas hecho esta reflexión sobre la película. La ví este fin de semana y creo que da para hacer un buen debate. Tu post me sirve de mucho para acompañarla. Gracias. Un abrazo

  3. Pingback: Post de marzo 2012 | Preguntarse y buscar

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