El celo por la Casa


La palabra celo, contaminada por la mala prensa que se hace de su similar celos, queda arrinconada y aislada de la mentalidad occidental, a pesar de su belleza. En su lugar, se sitúan otras que cubren su significado relevante. La motivación, el sentir como propia una tarea, la sensación de tener una misión que cumplir, el cuidado de las cosas bien hechas, el orden y la diligencia en aquello que tenemos encomendado, tapan el agujero base. Todas forman parte del buen celo.  Palabra que animo a recuperar. Actividad que deberíamos cultivar con mayor asiduidad. En parte consiste en dejarse llevar. En parte, elegir con criterios potentes en la vida.

¿En qué consiste este celo?

  • Interesan los dos primeros significados que ofrece la RAE: 1. Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo. 2. Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona.
  • La etimología nos pone en contacto con el verbo griego hervir. ¡Fácil de imaginar!

Características del celo.

  1. Pasión. En cualquier sentido. Tanto en lo relativo al entusiasmo por la vida y por lo que en ella existe, ante el vacío y la muerte. Como en lo relativo al sufrimiento y sacrificio que comporta, con sus renuncias. La pasión nace, en este caso, del interior del propio hombre, anidando en sí mismo, sin depender de nadie ni nada externo.
  2. Marcar la diferencia. O lo que es lo mismo, poner límites. Donde todo vale, todo pierde sentido y se diluye el sentido de las cosas. El camino de la diferenciación en absoluto llega a la identidad. Pero la identidad, saber qué son las cosas y para qué, quiénes son las personas y su fin, eso marca la diferencia e impide anonadarse en el aburrido pesimismo del relativismo y de la indiferencia. Quien marca la diferencia por marcar la diferencia, por señalarse y separarse del resto, termina haciendo habitualmente el ridículo y llamando innecesariamente la atención. Otros, sin embargo, apasionados y soñadores, marcan la diferencia por donde pisan sin pretenderlo. Es cuestión de objetivos, fines y medios.
  3. Cuidado y vigilia. Ser celoso requiere algo fuera de sí mismo. No termina y empieza autoacabándose, autoencerrándose. Ser celoso es ser en transitivo, con objeto, y por lo tanto construyéndose a sí mismo como sujeto. Esa realidad a la que se atiende, no de cualquier modo, sino con empeño, con alegría, nos llevará no pocas veces al cuidado y a la vigilia. Cuidado en tanto que
  4. Totalizador. Todo parece relacionarse con la tarea. Todo parece iluminarse con ella. Es capaz por sí misma de llenar el espacio que estaba vacío y desplazar otras cosas que ya llenaban el propio mundo. Es decir, comienza a ordenarse todo. Fines, cosas, intereses, relaciones, vocación… Todo puede atenderse desde las mismas claves de base. Por lo tanto, ofrecen una unidad que no se agota, aunque nace del sujeto. Totaliza porque encuentra un centro en torno al que desarrollarse, entenderse, comprenderse, lucirse e iluminar. Sana heridas e impide fracturas. Es totalizante.
  5. Capacidad de compromiso. Las personas celosas no temen el sufrimiento ni se paran fácilmente ante los inconvenientes. Compromiso es tiempo, esfuerzo y sacrificio, ligarse a la realidad uniéndose a ella sin desprenderse de lo que ocurre a primera vista. Con los pies en el suelo, en la tierra. Tocando, palpando y, si sucede, dejándose herir (en cierto modo y con cuidado) por esa realidad que tanto ama, por la persona de la que no quiere separarse. El compromiso supone horarios reservados, tiempos exclusivizados. Y no pesa, ni carga.
  6. Valoración de la realidad. El celo origina una red de relaciones de sentido en la realidad que da valor por referencias y ordena por criterios. Pero también en lo pequeño, con detalle, siendo detallista, esmerado y cauteloso.

Celo por la Casa

Podemos ahora comprender el signficado global de esta frase, tomada del libro de los Salmos. En concreto Sal 69,10, que leído en su conjunto compone una oración de un judío que se siente movido a hablar y obrar de una forma tan especial y potente que ninguno, o casi nadie en su entorno, es capaz de entender y comprender. De hecho, se trata de esto, y por eso el celo es tan relevante. Nos permite permanecer en aquello que creemos, creando un mundo nuevo afirmándonos en ello, reconociéndonos en ello. Es una llamada que se realiza en lo cotidiano. Esta expresión “celo por la Casa” señala muchos aspectos, como pueden ser:

  1. Vigiliar y custodiar.
  2. Proteger sin desvirtuar.
  3. Construir un lugar común.
  4. Mediar como facilitadores de Dios.
  5. Preparar el Reino, hacer Iglesia.
  6. Vivir vocacionalmente, enviados.
  7. No rebajar la densidad de Dios.
  8. Atender la misericordia, no los sacrificios.
  9. Potenciar la persona, en su individualidad indisoluble.
  10. Prestar atención, frente a los falsos profetas y las falsas facilidades.
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Un pensamiento en “El celo por la Casa

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