Intercambiar tiempo (In time)


Termino ahora mismo la película “In time“, de reciente estreno. Desde que vi el trailer en un cine de Madrid, me pareció interesantísimo el planteamiento de fondo que sostiene la trama, ya muy vista en Hollywood. Este telón y contexto plantea un mundo al espectador en el que todo se paga y mantiene con tiempo, donde la amistad y la familia se celebra entregando tiempo, el trabajo se paga al día, y todo está terriblemente estratificado en sectores según sus cantidades de tiempo, claramente inalcanzables para todos. No quiero decir mucho más, porque espero que tengáis la oportunidad de verla, pasando un buen rato, y discutiendo con alguien al final de la misma sobre si refleja o no algo tan real como la vida de hoy, de ayer y de mañana.

¿Qué me ha parecido interesante? ¿Con qué me quedaría de la película? ¿Qué considero que es una buena aportación a la reflexión con jóvenes?

  1. Medir el tiempo. De formas muy diversas. Una de ellas, evidente durante toda la película es el tiempo cronológico. Cada persona porta un reloj que puede ver ella misma, y todos, a modo de cartera donde se guarda el dinero. Otra manera de mdir el tiempo, también muy destacada a lo largo de la película, se resumiría en que “no vive más quien más minutos tiene.” Realmente sí vive “más”, aunque la calidad de lo vivido hace que no se llegue a considerar ni siquiera algo humano, más bien tendente a lo robótico y a lo artificial cuando se dispone de “mucho”. La calidad de vida se propone desde la pasión, el riesgo, las decisiones libres e incontestables, el no poder dejar para mañana algo que corresponde propiamente a “hoy”. Creo que la película sirve para interrogarse claramente sobre este aspecto. Quizá en los países desarrollados tenemos la sensación de que todo puede prorrogarse para un futuro lejano en cierto modo, y otras veces para un mañana continuo que evita el ejercicio de la libertad y la fortaleza de la voluntad. Cuando esto sucede, como bien queda reflejado en la película, todo pierde fuelle, alegría, entusiasmo. Desaparecen las ganas de que siga pasando el reloj y el aburrimiento se apodera de todo.
  2. El futuro incierto. Lo de saber que te quedan dos o tres minutos, o unos segundos de vida, no es propio de la naturaleza humana. Lo nuestro pertenece a otro orden. Mucho menos pendiente de esas cosas, mucho más inconsciente. En el ambiente, flotando de forma imperceptible, puede estar este interrogante tan radical. Sin embargo, se diluye fácilmente con un par de cosas que den “ritmo” y nos evadan de semejante contemplación. De otro modo, sería imposible vivir nuestra fragilidad y limitación. Creo que es más radical nuestra forma de vida que la que presentan en la película, un tanto vanalizada. Duele algunas veces, acelera el pulso en otras. Pero la mayor parte del tiempo se pasea como si “sobrase el tiempo”. Algo que no es propio de nuestra pobre condición. El futuro incierto nos pone en la pista de algo más intenso sobre nuestra realidad de lo que creemos. El futuro no significa simplemente “tiempo de reloj”, también se compone de deseos, esperanzas y expectativas. Lo que da sentido al mañana no son las horas, sino el contenido que portan anticipadamente unidas al asombroso descaro de quien parte de que no sabe lo que sucederá exactamente, ni el modo en que se desarrollará todo. Asombrosa esperanza. Gran futuro. Sin esperanza, de otro modo, estaríamos “sin blanca”.
  3. Es signo de riqueza, asociado a la calidad de vida, ir por el mundo despacio. Los pobres, que carecen de tiempo y tienen que ganarse día a día sus minutos, van corriendo a todas partes. Los ricos pueden desperdiciar su vida, en esta manera de pensar, incluso les llega a aburrir vivirla. Los pobres están acostumbrados a estrujarla, arriesgarse, ser valientes. Dan un paso al frente sabiendo que están poniendo en juego todo cuanto tienen. Para los ricos, no es nada más que un juego, escenificado incluso de forma real. Se puede apostar con ello. Sin embargo, estas apuestas se viven con cantidades mucho más desproporcionadas en el mundo de los pobres, contagiados a lo mejor, necesitados de alcanzar “tiempo fácil”. Fiel reflejo de nuestro mundo. Donde unos y otros juegan con la vida que se les ofrece, creyéndose más vivos, según parece, si ganan algo a otros, si compiten, si luchan, si se enfrentan, si se roban unos a otros.
  4. El contraste pobreza-riqueza queda plasmado en la necesidad de seguridad y protección de unos, frente a la libertad con la que vive quien no tiene tanto que custodiar y vigilar. En este mundo los poderosos deciden cuál es el tiempo de todos, especialmente el suyo, aunque esto signifique ampliar sus posibilidades a costa de otros. No pocas veces se repite que para que unos “se crean inmortales” otros tienen que “morir”. Es cuestión de ajuste de bienes, limitados según parece. Injusticia ante la cual se denuncia continuamente la opresión de unos pocos respecto a los otros, ignorantes estos últimos de la totalidad del planeta en el que viven, ignorantes de los potentes hilos que se trazan allende las fronteras.
  5. El intercambio de tiempo. Por último, para mí lo más hermoso de toda la película, el motivo por el que realmente me ha cautivado y que me ha hecho pensar. No me parece tan ajeno a nuestra humanidad este intercambio de tiempo. Saber que estoy dando porque pierdo, porque me quedo sin algo, porque no gano. Dejarlo plasmado en nuestro propio tiempo. Ese bien tan preciado y adorado por nuestro mundo, en el siglo en el que se han ampliado increíblemente las condiciones de vida, sus posibilidades, y se han quebrado las barreras de la mortalidad juvenil de otros tiempos pasados. El tiempo sí es intercambiable. Se puede dar, para que otros tengan más. Sí se puede donar generosamente. Aunque no se marque directamente en ningún reloj, se encarna. Si te llaman, puedes o no estar disponible. Si requieren de ti y de tu presencia, tienes siempre la última palabra sobre esta situación en la que te reservas o te donas. El tiempo que dejo pasar en mí, y paso con otros, no pocas veces se convierte en tiempo y vida en otros. Quien no lo vea, quien no lo sepa ver, en parte es un desagradecido. Las características generosas de este negocio inusual se encuentran en lo más cotidiano: estar despierto, porque de lo contrario sería un robo; mirar a la cara, y sentir el contacto de la humanidad; según la medida de nuestra “riqueza personal”, que será más grande cuanto menos tenga; genera un vínculo, una relación, y entrezala historias; ofrece libertad, porque sin tiempo no hay movimiento, ni tampoco decisión… En resumidas cuentas, muy vivible. No tan fantasiosamente, pero muy vivible. Y muy real. Alguien da la vida por mí, y yo puedo dar la vida por otros.
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3 pensamientos en “Intercambiar tiempo (In time)

  1. Muy padre la película. Estupenda crítica la que has hecho. Mi reflexión personal fue sencilla, el tiempo es muy valioso para el ser humano. Tu lo has marcado de manera más profunda ¿Cómo aprovechamos el tiempo? La manera perfecta es, compartiéndolo con los demás. De hecho, en mi blog, estoy a punto de anotar lo que propone Joseph Gavaert, “el ser humano es un ser para los demás, el ser humano es un ser con los demás. Bendiciones.

  2. Creo que hay un error en la película en cuanto a la representación del tiempo, por ejemplo cuando le regala 116 años y ¿39 meses? ¿No debería sumar 1 año cada 12 meses?
    Según se muestra, ¿cuántos meses han de pasar para que se cumpla un año entonces? Hay debate…

  3. Pingback: Post de marzo 2012 | Preguntarse y buscar

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