Quiero esto, y NO puedo tenerlo


Antes, no hace mucho, entre los jóvenes de la sociedad -la misma sociedad en la que seguimos viviendo- cuando alguien quería algo, no tardaba mucho en conseguirlo. O bien se lo agenciaba por sus propios medios, o bien pedía a alguien que se lo diese. Ése ha sido el patrón de comportamiento de no pocos en no poco tiempo. Eran los llamados jóvenes de “ahora mismo”, del “ya”, del “inmediatamente”. Tanto que de petición habíamos pasado a la exigencia y a comprender la satisfacción del deseo como una especie de derecho filial, y por lo tanto deber paterno-materno-social. Pero las cosas han cambiado, y se abre una brecha cada día más profunda entre el deseo de tener, entre la voluntad de querer, y su consecución y alcance. Ya no funciona en la mayor parte de las familias el “pido y tengo”. Vienen tiempos duros, ya se hacen notar las ráfagas de viento, donde surgirán y retornarán valores que habíamos dejado que se empolvaran demasiado. ¿Toca deshacerse de lo nuevo, y abrirse paso hacia el baúl de los recuerdos? De ningún modo, porque hemos aprendido grandes cosas en estos tiempos de crisis. Por ejemplo, el valor de la experiencia y del sacrificio, la importancia de educar para ser capaces de recibir con gratitud, o que acumular experiencias en la vida, sin que ninguna de ellas sea de peso y nutriente personalmente, de nada sirve, se queda en nada, se la lleva fácilmente el viento con el recuerdo. Hemos aprendido también que cultivar el “ya”, sin favorecer la esperanza, lejos de satisfacer el deseo lo agranda egoístamente hasta puntos ilimitados. Y mucho mejor aún, ahora nos damos cuenta de lo cosificados que estábamos en medio de un mar de cosas, y lo empobrecidos personalmente y espiritualmente que nos encontramos cuando miramos demasiado fuera de nosotros mismos. Hay, y también es importante recordarlo, quienes han mantenido rumbo y fuerza de voluntad a pesar del aprisionamiento social y las redes de velocidad y consumo del “desarrollo civilizado”. Hay quienes han navegado y remado contracorriente con valentía y opción personal, confiados en los criterios que han acogido como prenda de Vida y Esperanza. Hay quienes han seguido educando, con más posibilidades que nunca, en el camino trazado por la humanidad desde antiguo, supeditando muchas cosas a la generosidad, al sacrificio, a la compasión y cercanía a los otros. Hay quienes no se han dejado arrastrar ni se han sentido cegados por la apariencia, buceando en la existencia y abandonando la piel de las cosas para llegar al corazón que bombea fuertemente en el mundo.

Por fin llegó el tiempo del razonable NO ante el SÍ indiscriminado que se había adueñado de las opciones y decisiones de la gente. Un NO que posibilita enormemente, un NO auténtico, un NO prudente y razonable, un NO sentido y cordial.

  1. El NO a cualquier cosa, porque no todo vale. En tiempos de escasez toca discernir, y educarse en los criterios para elegir y orientarse. El relativismo, ojalá esa así, tiene los días contados cuando nos damos cuenta de la limitación y la finitud en la que vivimos. O dicho de otro modo, en la medida en que tomamos la referencia humana, entendida en plenitud y personalmente, con todas sus dimensiones, de lo que supone nuestra existencia: limitación temporal y espacial, incapacidad para corregir y dar marcha atrás, opciones y posibilidades limitadas, recursos igulamente concretos, de donde se deriva también que existen medios concretos.
  2. El NO a la vida sin esperanza y sin futuro. Pienso que, curiosamente a todo cuanto se dice por la calle y se publica alegremente, ha llegado de manos de la austeridad y la seriedad, la verdadera esperanza. Lo que hemos vivido en Europa en los últimos años no era el cultivo de la esperanza y del futuro, más bien todo lo contrario; su destrucción en pro del presente absoluto e indefinido, donde nadie dejaba de ser joven nunca jamás. Ahora sí se abre el tiempo donde reclamar esperanza es imprescindible. Y una esperanza que debe ser cultivada personalmente y trabajada activamente. Lejos, por lo tanto, de una esperanza quietista y pasiva. Toca trabajarse el futuro. Ahora no todo es ya. Ahora es mirar también más lejos, trascender.
  3. El NO a la acumulación desmedida de unos pocos, para quienes carecía de sentido todo eso que tenían. Que al final es directamente el NO al sinsentido y el SÍ al sentido de lo que vivimos, hacemos, tenemos. Por lo tanto, a tener poco pero abundante en su relevancia para cada uno de nosotros. Y sobre todo, y me parece que es lo mejor, un SÍ a compartir con otros lo que otros no tengan, a hacer de esa dinámica recíproca algo sincero ordinariamente. Y por lo tanto, abrirse paso entre las cosas hacia la gente que nos rodea.
  4. El NO a que me lo den todo hecho. Y el SÍ abierto al esfuerzo personal, a la dedicación y a la capacitación. Quien algo quiere, como siempre ha sido, algo le debe costar.
  5. El NO al intercambio equitativo de bienes, y el SÍ a la gratuidad, la generosidad. Aquello de dar sin esperar nada a cambio, hecho forma de vida ordinaria.
  6. El NO a la superficialidad de las cosas. Y el SÍ a la espiritualidad, a la personalidad, a la sociabilidad, al compromiso. El NO al capricho continuo que devaluaba incluso regalos hechos con amor, gestos cargados de pasión y de amistad.
  7. El NO al egoísmo e individualismo reinante, y el SÍ al diálogo, a la asamble, a las preocupaciones concretas por la vida de los otros. Ahora, el sufrimiento que en otros tiempos era anónimo se convierte en personas con vidas definidas, con familias. El NO a pasar por este mundo sin importarle a nadie, de cualquier manera.

Y tantos otros NO que abrirán las puertas a excelentes SÍ.

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3 pensamientos en “Quiero esto, y NO puedo tenerlo

  1. Como escolapio que eres y yo como antiguo alumno de ellos, puedo imaginarme la suerte que tienen los jóvenes con los que te cruzas, porque tus consejos son de aupa. Como Padre, valoro muchísimo la forma en que los plasmas y que tan útiles me resultan. Gracias. Un abrazo

  2. Pingback: Post de marzo 2012 | Preguntarse y buscar

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