Inefable, inenarrable e inaudito


Hoy he vivido tanto, y tan grande, que me he planteado la posibilidad de callarme, pasar página y dejar el blog en blanco. Ahora mismo no dispongo de esas palabras que auxilian para salir del paso, porque no acepto cualquier visita, y por otro lado me parece descortés no acoger la pobreza de las mismas por el desbordamiento interior que vivo. A esto lo llamo inefable, porque no sé decir las cosas como conviene, de modo que pueda hacerme entender suficientemente. Explicaciones burdas no sirven, sólo se escucha el lenguaje del amor en su completa potencia. Y lo cotidiano no puede atrapar y secuestrar su entrega, compromiso, fidelidad y libertad al mismo tiempo, la de quien da sin perder ni morir, la de quien recibe nueva vida y futuro.

Tampoco puedo contar lo sucedido, como si fuera un relato, pretendiendo así que alguien pueda entender cómo me siento, qué he vivido en profundidad y por qué esto es tan grande. O más aún, cómo se sienten, qué han vivido, qué han contemplado y pensado hoy, cómo ha sido su oración. O incluso más, cómo ha sido “lo suyo”. Directamente, sencillamente, es imposible. Por mucho que lo cuente, la sucesión de acontecimientos, la belleza de la historia, sería igualmente una narración inacabada, a la que le falta el Espíritu que la anima interiormente. A esto lo denomino, inenarrable. Y también lo he vivido hoy.

Por último, considero que lo inaudito de la existencia parece concentrarse hoy, de nuevo. Aquello sobre lo que no se habla, no puede ser escuchado por otros. De tal manera que los oídos están vírgenes ante tales sugerencias y señales.

Las tres palabras unidas, inefable, inenarrable e inaudito indican bien, a mi entender que hoy ha sido más que especial. Que quisiera darme a entender, pero no puedo. Y pretendo ser pudoroso y reservado en todo esto, ante tanta maravilla. Porque me encuentro agradecido, cercano a la perfección alcanzable en este mundo, en medio de un gran dolor y sufrimiento que ha sido convertido en bello y transformado por el amor, ante la mirada atenta del Padre que nos ama, y une y teje relaciones entre corazones muy diversos.

Ha encaminado sus pasos con decisión y amor hacia el Padre, en compañía de los suyos, con la mochila cargada de lo más excelso, en libertad y siendo reflejo de la paz que el Espíritu ha regalado a quienes le amaban. La razón le dio muchas alegrías, y la superó confiadamente en el amor y el servicio, en la donación de sí mismo. Descansa en paz, está en los brazos de Dios, amado por Jesucristo hasta el extremo. Y ahora continúa dejándose amar, como aprendió de su familia, de sus amigos y, especialmente, de su esposa. Amó, se preocupó, entregó cuanto había recibido. Y este vacío le ha hecho libre, ha creado hueco para el Amor definitivo. Hoy he sido testigo de un pedazo de cielo en la tierra, del Reino en el mundo, y del Amor en el dolor, de la Comunión en la separación. Hoy he sido testigo de la Fraternidad y de la Resurrección. Hoy, cuando quería que no terminase nunca y durase para siempre, he contemplado cómo el cielo se rasgaba y manaba la vida eterna, que el Padre concede desbordándose a sí mismo. Y todo cuanto digo que he visto, que he oído, sería injusto utilizarlo en primera persona. Porque hemos sido muchos los agraciados y bendecidos, los privilegiados por este Amor y por esta Vida. Especialmente ellos dos, ellos tres, ellos siete u ocho, ellos veinte, ellos cien.  

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2 pensamientos en “Inefable, inenarrable e inaudito

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