¿Ayuno, limosna y oración?


Para muchos, cosas de otros tiempos. Incluidos, no pocas veces, los propios cristianos. Por otro lado, seguimos manteniendo la referencia a estas tres realidades. Que son, por otro lado, de lo más humano y de lo más religioso que hay. De esas cosas que son básicas y esenciales, de esas actitudes fundamentales de la persona religiosa, enraizado en su núcleo.

Creo que algunos hablan de ellas sin haber probado (con sentido y motivación) su fuerza. Otros, las han secularizado, convirtiéndolas en régimen, reflexión y pensamiento, y dar lo que sobra. Y en su proceso de “pérdida religiosa”, se desvirtuán al carecer de la referencia que las hace ser lo que son verdaderamente. Dicho de otro modo, cuando se ayuna por ayunar, o se ayuna para sentirse mejor, tiramos al mismo tiempo la gran fuerza que la anima, la dirección en la que nos empuja y mueve. Y lo mismo cuando la oración pasa a ser un tiempo tranquilo, sin agitación y sin contradicciones, en paz y con mucha tranquilidad, sin incomodas palabras, escogiendo lo que queremos “pensar”. O la limosna, dada al margen de la entrega personal, como mero compartir bienes, desprenderme de lo que sobra o lo que ni siquiera quiero para mí.

Te propongo una lectura amplia de las mismas:

  1. Ayuno. No dejar que nada entre en nuestra vida sin nuestro consentimiento. Darle peso a nuestra decisión, a nuestra elección, purficándola de todo aquello que no sea de Dios. El signo externo del “ayuno de comida” nos ayudará a comprender con cuánta facilidad nos alimentamos de cosas, personas, recuerdos y acontecimientos. Durante la cuesma, sé prudente, cauto, vigila. Y comparte la vida de hermanos tuyos que, por todo el mundo, sufren la escasez, viven con hambre de pan y de justicia, que tienen sed de Dios, que desearían alimentarse de la palabra de un amigo cercano y prudente que sepa respetar su libertad.
  2. Oración. Para dejarse traspasar. Orar para recuperar el sentido de la vida, para dejarse hacer y dejarse acompañar. Orar por las calles, en los rincones de las plazas. Orar mirando a los otros, contemplando nuestra realidad. Y orar con la puerta cerrada, adentrados en el propio corazón. Orar sin ser vistos, dejándonos mirar sólo por Dios. Orar porque Dios conoce todo y quiere todo sin medida. Orar lo que no se visita frecuentemente, lo que permanece oculto. Orar en el silencio de nuestra habitación y en los gritos de nuestra vida, en sus palabras hermosas. Orar porque Dios escucha, pero sobre todo porque Dios está. Orar para buscar y dejarse encontrar. Orar para señalar a Dios nuestro camino, para abrir horizontes a nuestros hermanos. Orar por amor, por fidelidad. Orar porque el encuentro sacia y conmueve, da vida.
  3. Limosna. Que es entregar, rascarse el bolsillo, no guardarse nada. Limosna hecha día a día, no de forma puntual, para descubrir nuestras propias riquezas, para abandonar la caridad fácil y conocer el amor que se entrega de verdad. Limosna que sabe ir más allá de lo material y saciar el corazón. Limosna que se duele de la situación del hermano y también de la propia falta de generosidad, de la falta de entrega, libertad y sueños. Limosna que descubre nuestro corazón y hace evidente nuestra necesidad de Amor para amar. Limosna que no tiene riquezas sino que se deja enriquecer. Limosna que dando recibe, y respondiendo a la llamada se encuentra a sí mismo. Limosna valiente y sin complejos. Limosna que no busca lo apropiado, lo “justito”, sino la justicia, el Reino, la Paz, el Amor. Limosna que obliga, y liga, y une. Limosna que genera comunión y conoce el rostro del otro, del Otro. Limosna que contempla, escucha y siente.

Algo me dice que el orden en el que están escritas, realmente supone un itinerario. Querer llegar, demasiado rápido, a lo tercero, a la generosidad del dar, a responder a las necesidades de otros, es una tentación entre otras muchas. Que hace sentir que vamos rápido, pero habiéndonos dejado cosas por el camino sin vivir. La cuaresma nos recupera y nos hace sentir la humildad del camino necesario para llegar al Amor más grande.

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2 pensamientos en “¿Ayuno, limosna y oración?

  1. Curiosamente, sin pretenderlo (o sí), la Iglesia siempre es capaz de proponer un camino para los tiempos que corren. La crisis de hoy es consecuencia de la ausencia total de ayuno, de oración y de limosna inlcuso entre aquellos que nos llamamos seguidores de Jesús. La propuesta de esta Cuaresma es, sin duda, una propuesta actual para reeducarnos y cambiar el sistema de verdad.

  2. Pingback: Post de febrero 2012 | Preguntarse y buscar

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