Pedagogía de la crítica


Hace poco días dedicaba un post a la educación para la libertad. Hoy cambio de tercio y amplio el horizonte de lo educativo, partiendo de la necesidad de dar forma a actitudes que son muy humanas, pero pueden llegar a ser muy destructivas socialmente.

Me sitúo entre dos extremos: la hipocrítica, como cansancio y tedio ante la oportunidad de expresarse, creyendo que no servirá para nada; y la forma exagerada de hipercrítica, que es la permanencia eterna en una actitud de oposión y disconformidad, donde todo lo que se haga, se haga o no se haga, se hable o no, provoca malestar e insatisfacción. Las dos, pese a lo que pueda parecer, anidan en la retina y pertenecen a nuestro imaginario. Ejemplo de los primeros son todos aquellos que ya ni protestan ante las injusticias, que se han acomodado a ellas y opinan que nada se puede hacer, así que por qué esforzarse en cambiar la realidad. El segundo paradigma parece que es el trabajo que deben cumplir los políticos y los sindicatos-empresarios, nunca de acuerdo en nada, siempre disconformes, siempre en contra, siempre conflictivos, siempre amenazantes, levantándose de “las mesas de negociación” sin llegar a ningún acuerdo, como si la coreografía de su trabajo, y el objetivo final, fuera precisamente este.

¿Qué ocurre en nuestra sociedad, grosso modo, en este sentido? ¿Hemos perdido el norte? ¿La crítica es un trabajo, y a la vez se reserva para “hablar en la calle”? ¿Cómo educar este aspecto en los más jóvenes, y en los no tan jóvenes? ¿En manos de quiénes las hemos dejado? ¿Es negativo, cansado y doloroso hacer una crítica a alguien, corregir o aportar algo nuevo? ¿O es necesario, constructivo, muy propio del hombre y muy importante socialmente?

  1. La verdadera actitud crítica comienza por uno mismo. Abarcando tanto los grandes temas de la moral y de la sociedad, como aquellos más cotidianos. En este punto conseguiríamos un cambio decisivo. Porque aprenderíamos cuáles son realmente las consecuencias de la “crítica”, cómo nos sentimos ante ella, qué posibilidades abre o cierra, cómo quisiéramos hacerla… Lo más educativo siempre empieza por uno mismo.
  2. Quien critica es un segundón siempre. Pongámosle en su sitio. El que critica ha permanecido callado, sin hacer nada. Y al final de la charla levanta habitualmente la mano para decir que no está de acuerdo. ¡Esto no es crítica de verdad! Pero lo cierto de este ejemplo, es que la crítica siempre se debe a algo debido y acontecido previamente. Lo cual supone, que es segunda respecto de la realidad, nunca primera. Y en esa medida se le puede exigir un respeto y una “disminución” de su temperamento y lenguaje.
  3. Parte de datos, concretando, y no debe confundirse con las opiniones. Por muy válidas que sean en el estado de derecho y en las sociedades democráticas, las opiniones no son el final de ningún camino. No hay mejor modo de “criticar” que hacerlo “con conocimiento de causa. Y por lo tanto, estudiando, reflexionando, preguntando, informándose realmente. A mayor “información” (sin saturación y sin excesos), mayor capacidad para hablar con criterio.
  4. Aprender que criticar no es sinónimo de destruir, derribar, vencer, conquistar, quedar por encima, ser el mejor, el número uno, el listillo de la clase, el empollón, el corrector. Criticar es más bien aportar una idea nueva, completar lo ya empezado, dialogar y crecer conjuntamente, buscar la excelencia de algo o de alguien, sortear el engaño, dar una nueva visión, generar un cambio.
  5. Ajusta los “márgenes de excelencia”. La mejora continua, como teoría sobre el papel puede ser muy acertada. En la realidad también puede llevarse a la práctica dado el ritmo de cambio social en el que estamos. Sin embargo, no todo tienen que suponer cambios absolutamente significativos y profundos. Por lo tanto, la crítica tampoco será permanentemente sobre lo esencial, exageradamente intensa y al núcleo.
  6. La crítica pertenece al “inicio” de un diálogo, donde dos personas se intentan poner de acuerdo. Y supera las actitudes demagógicas y las manipulaciones. Una actitud crítica al servicio de los propios intereses, que defienda exclusivamente un punto de vista, se muestra incapaz de dialogar con los demás. Cultivar, por tanto, una crítica continua y permanente, no pertenece a su esencia.
  7. La crítica acepta puntos de vista diferentes. Que haya opiniones diversas, no tiene por qué ser contradictorio. Quizá sólo sean distintas formas, en algunos casos, de concretar principios universales. Y pueda ser igualmente válido. Como por ejemplo, estudiar, que se puede hacer de muchas formas legítimas, aunque no todos vayan por el camino de los resúmenes, de los esquemas, o del subrayado.
  8. Se ajusta a unos márgenes, para no caer ni en la crítica fácil ni en la dinámica de autodestrucción que genera. Aquello que socialmente sea excesivo por alguno de los dos “palos de la baraja”, sería incluso racional desecharlo y no prestarle demasiada atención. Como en aquellas situaciones en las que todo empieza a sonar de la misma manera, por el mismo sitio siempre, y que terminan por condicionar e impedir ver más allá. Los márgenes de crítica aceptales pertenecen también a lo humano, que tiene debilidades y límites que no puede afrontar habitualmente “a la primera de cambio”. Todo lo que supere esos márgenes, considerado como interesante, podría ser un deseo o un futurible. Si se realiza o no, ya no depende sólo de lo que podemos o no podemos hacer.

Para no hacer interminable el artículo, las siguientes ideas simplemente las enuncio.

  1. “Tener la razón y la verdad” es un punto de partida peligroso, sobre todo cuando no hay reflexión ni pensamiento profundo.
  2. Se debe compensar con esperanzas.
  3. Toda crítica debería comportar una puerta abierta a otras realidades.
  4. Aprovechar la crítica para incrementar el propio lenguaje.
  5. Criticar también se puede hacer desde la pregunta humilde.
  6. Eliminar dosis de “maliciosidad” en las críticas.
  7. Purificar los intereses, entender el “servicio común” y la “búsqueda de la verdad”.
  8. Educar la crítica en el diálogo.
  9. Superar lo negativo y destructivo.
  10. Ahondar en lo positivo y lo común.
  11. Partir de la bondad del otro, aprender a mirar bien y confiar.
  12. Subrayar diferencias no es lo mismo que estar en desacuerdo irreconciliable.
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Un pensamiento en “Pedagogía de la crítica

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