¿Para qué valgo y por qué?


Independientemente incluso del tiempo de la adolescencia y juventud, donde esta pregunta es especialmente acuciante, perdura durante toda la vida presente. Nunca es algo que se agote. Pensemos, por ejemplo, en la selección de una carrera, la búsqueda de un trabajo, pero también en qué es aquello que quiero hacer en la vida y dónde disfruto (soy más fructífero y productivo), en la oportunidad de tener hobbies o en actividades como voluntariado. Existe de hecho un conflicto frecuente en nuestras sociedades entre aquello a lo que entrego la vida y lo que la roba y quita, que se puede materializar en una vida de trabajo y otra fuera de ella.

¿Cómo descubrir para qué valgo?

  1. Reconcer que somos valiosos. Parece evidente, pero considero necesario tomarlo como punto de partida real, sin dudas y con firmeza. ¡Somos valiosos! Tanto que carecemos de precio. Y nuestra existencia no se medirá económicamente, sino en otros parámetros. Lo que vale, no se vende. Lo valioso, no se intercambia sin más, ni se pone en manos de cualquiera, ni de cualquier modo. La valía de una persona se cultiva, eso también es verdad. Se aprende a ejercitar, se desarrolla, se explotan potenciales y se conocen los límites que tiene. Nada es infinito, por ser humano y por ser real.
  2. La primera experiencia. Da la oportunidad de abrir campos nuevos, que conecten con lo que somos. Toda novedad comporta inseguridades, saca de la rutina, cultiva estrategias que estaban dormidas o se valen de algunas de las que tenemos bien ejercitadas. Y por lo tanto, son buna buena muestra para responder a la pregunta “para qué valgo”. Estas primeras experiencias pueden ejercerse dentro de los ámbitos más cotidianos, en la medida en que arriesgamos y tomamos un camino creativo frente a lo que normalmente hemos hecho hasta el momento. Como el profesor que “ensaya” un método nuevo dentro del aula, abre un debate extraordinario… o como el entrenador que dispone la sesión del lunes atendiendo a otros objetivos que hasta el momento no se le habían planteado.
  3. Estar a la escucha de los demás. Porque siempre se aprende. No sólo “en lo concreto”, si este vale para esto yo tengo que valer también, estableciendo competitividades, sino porque se reciben ideas, se entiende la gestión del tiempo y de la vida, se conocen orientaciones de fondo y se puede dialogar. Podemos recibir una invitación, y también hacer nosotros la oferta a otras personas. Hay juegos de mesa, por ejemplo, que no hubiera conocido jamás si no me fío de estos amigos que me los mostraron, y de ellos he podido dar un paso más allá a la estrategia, la planificación y la productividad.
  4. Las segundas experiencias. Son determinantes, frente a la anterior, por dos motivos: el primero, para superar el impacto de la novedad; y la segunda, para contrastar con los estados de ánimo que pueden condicionarla, sean afectivamente positivos o negativos. Tenemos la oportunidad de “vernos” y “reconocernos”. En este punto hay que comprender que lo valioso y lo fácil y cómodo no tienen por qué ir siempre unidos. Aunque en aquello para lo que valemos encontremos una cierta propensión y tendencia, que nos haga mucho más simple que a otros realizarlo, es igualmente significativo encontrar dificultades, esforzarse y tener que sacrificarse, dar la cara ante los conflictos y retos. Es decir, que será algo para lo que valemos en la medida en que también pongamos de nuestra parte y queramos darle valor.
  5. Palabra ajenas, la necesidad del refuerzo positivo. Insisto mucho en esta parte, para evitar los engaños que puedan surgir. Cuentan de alguien a quien le faltaba una pierna y quería correr como si no tuviese ninguna limitación. Y que sólo después de un diálogo fuerte y agresivo con su entrenador llegó a aceptarlo. Ése fue el punto y final de una forma de vivir, y el inicio de otra, llegando a marcas que hasta entonces ni soñaba que podía alcanzar. El refuerzo positivo lo entiendo como la palabra de alguien más que la propia, el sentimiento interno e interior que me confirma, la conversación con alguien del mundillo que me dé claves y me evalúe si es necesario. Una palabra y un refuerzo que, al tiempo que despeja incógnitas y malentendidos también supondrá un incremento en mi forma de afrontar aquello para lo que inicialmente creo que valgo, y seguir avanzando.
  6. Transformación de la propia vida. Este punto es especialmente notorio. Cuando encuentro algo “para lo que valgo”, y pongo en ello parte de mi felicidad como si hubiese encontrado mi lugar en el mundo, no tengo “tantos miedos” ni encuentro “tantas trabas” como para transformar mi vida. Ya ha sido trastocada, lo que falta es un paso más en línea de lo iniciado. La vida ha sido transformada interiormente. Es la experiencia básica de quien deja entrar a alguien en su vida, de quien se compromete con un trabajo y eso se concreta en un horario, o de quien tiene un hijo. En general, cualquier decisión importante supone un cambio profundo. Aunque pequeñas decisiones también puedan comportarla. En el caso de aquello para lo que valgo, subrayaría que todo se produce en un clima de especial naturalidad al inicio, que va tomando terreno a un ritmo mayor que en otros casos, y que todo me provoca una satisfacción personal y un orden general que permite ver todo con mayor claridad.
  7. Despertar un futuro concreto.  Dibuja en el futuro un horizonte con sentido, y motivación para afrontarlo. Se alcanzará o no. Puede suceder algo que todo lo trastoque. Pero la meta está puesta. Está “ahí y de esta manera”. Y no es quimera ni engaño. Hay algo en el presente que me lleva a soñarlo, en forma de primicias, adelanto o préstamo. Por muy importante que sea el ahora o el momento, hay mucho más por delante de lo vivido que me está esperando. Hace soñar, provoca pensamiento, invita a la reflexión y a seguir poniendo medios porque va la vida en ello.

Sin duda, somos muchos los agraciados en este mundo, privilegiados entre muchos que se quedan en las cunetas, que hemos tenido la posibilidad de descubrir, de aclarar y discernir, de elegir y hemos dado el paso. Se nos abrió el mundo, en forma de portal mágico, y dimos el paso. Otros, que conocemos también, conocieron y supieron por dónde iba su vida, y se quedaron atrás. Algunos se alejaron incluso de la posibilidad, dejándose llevar por la marea socila y las modas. ¡Así está el mundo!

Queda, sin embargo, una pregunta importante a tenor de lo anterior. Cuando descubro para qué valgo en este mundo, aquí y ahora, y diseño un horizonte, podemos dar un paso más allá de todo esto: ¿Es sólo una actitud egoísta? ¿Ha sido una casualidad de la vida? ¿A esto es lo que llamamos éxito y felicidad? ¿Por qué yo y no otro? ¿A qué se debe que tenga estas capacidades, cualidades, si otros no las tienen? Y comienza el interrogante. Algunos hablan de Dios, y dicen que tenemos una vocación. Y si entro en este juego, además tengo que agradecer lo que me ha dado, y que me haya hecho libre para elegirlo sin imporme nada. Y desde ahí, me planteo que no sólo es por mí. Que tengo la oportunidad de contarlo a otros, de comunicarlo, de invitar, de favorecer que otros vivan esta respuesta a Dios en sus vidas. Entonces tengo que hablar de vocación. Tengo que hablar de que Dios les llama, que ha contado con ellos y cuenta con ellos, que aprendan a mirarse a sí mismos y también en lo que sucede en sus vidas y alrededor. Y para hablar de vocación, invito a despertar. Y todo se complicó mucho. Porque todos valemos, somos valiosos, podemos aportar algo. Y eso supone que Dios ha pensado en todos. Y que si alguien no se mueve, su trabajo, tarea, misión queda sin realizar. Y perdemos todos. Empezando por esa persona que no se atrevió, que se quedó en los miedos, presa de sus secretos y debilidades. Pero no sólo él, pierden muchos. No los puedo contar. Porque Dios no piensa en uno en exclusiva, piensa en cada uno y todos a la vez. Y hablando a uno, tiene especialmente presentes a los más pequeños, los más pobres, los más necesitados, los más desvalidos, los más “ajusticiados”, los más… Y pensando en ti, y llamándote a ti, piensa en tu felicidad y la suya, ambas entrelazadas.

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Un pensamiento en “¿Para qué valgo y por qué?

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