Preguntas que transforman la vida


Leo un artículo que propone que hay grandes preguntas que cambian la vida de la gente (para bien). Y al terminar, me viene a la cabeza una palabra: “Magia.” Directamente, sin pensar mucho más, he cerrado la revista, la he dejado donde estaba. He comentado con algunos de mis hermanos de comunidad lo que me había encontrado. Y juntos hemos comenzado a analizar.

  1. Existen muchas formas mágicas de afrontar la vida, incluso la más cotidiana. Relacionando falsamente causas y efectos, no queriendo ser responsables con lo que sucede, entendiendo que grandes cosas pueden darse sin ningún esfuerzo y sin concurso de la libertad personal, abandonando nuestra condición de personas y sus limitaciones en ensoñaciones, dejando de lado la realidad y mirando hacia otros lugares… Curiosamente, esta confusión que en otras épocas se daba en entornos religiosos, y que fue muy criticada y purificada, ahora se extiende a ámbitos pseudocientíficos.
  2. La capacidad para defenderse de la “actitud mágica” se ve minimizada en tanto que hay pocos horizontes y criterios, la información y los mensajes llegan en momentos de especial dificultad, dolor, sufrimiento y crisis. En el entorno habitual donde nos movemos, fácilmente podemos encontrar estos mensajes con una frecuencia enorme. Lo que nos pone en la pista de la poca actitud crítica ante ellos que hay en la “masa social”, y el número de “consumidores habituales” que acuden a ellas.
  3. La magia toca actualmente nucleos importantísimos de la persona, donde siente vacío y pérdida, en los que se encuentra débil y es vulnerable. Cartas para el amor. Posos para el futuro, los planes, los proyectos. Fórmulas para el trabajo. Listas de actos y obligaciones diarias para la felicidad, el bien y la salud. Una ética fuerte y rigurosa de la que no podemos salir, y que incluye un sinfín de procedimientos que tienen “luz verde” para ser expresados y comunicados a otros. Para que todo te vaya bien, también es necesario que creas en ello, que tengas “fe” (sin demasiada razón) y que hables bien de lo que estás haciendo.
  4. ¿Cómo decir que te ha ido mal? Sería algo similar a decir que has sido tonto, que te han estafado, que has acudido a esa llamada de teléfono, consulta web o tienda porque estabas solo en el mundo y no te fiabas de los que tenías alrededor. Lo peor es que no se comunica el fracaso, por la vergüenza que provoca. Y si nadie lo denuncia en público, sigue presente socialmente.

La religión no es magia. La fe es racional, y exige pensar y darle vueltas a los temas. Una gran diferencia entre este tipo de magias y la fe cristiana es su orientación de fondo, su origen y motivación, y también cómo se relacionan con la realidad. Pese a todas las críticas que pueda recibir la Iglesia, la realidad de su entrega y compromiso son incuestionadas mundialmente. A propósito de la relación iglesia-estado, se han publicado los acuerdos existentes entre el Vaticano y cerca de cuarenta países, y se puede ver el contenido social, caritativo y denso de las mismas. Es innegable. Sin embargo, la diferencia está más bien en el modo con que trata la humanidad. Nada se puede hacer en la fe con rectitud si no purifica de verdad lo humano y deja traslucir una nueva vida. No hay preguntas mágicas, pero sí circunstancias que pueden hacerte cuestionar, y entonces la fe aporta respuestas. También la fe pregunta, pero sobre todo pone en juego un anuncio que puedes o no acoger, pero que está ahí, que te sitúa en el mundo con sentido, por algo y porque Dios lo ha querido, porque ha contado contigo, porque este mundo no es absurdo ni se rige por absurdos o estrellas.

Aún así, si quieres preguntas que te puedan ayudar, aquí te dejo una pequeña lista de esas que no te dejarán indiferente. No sé si cambirarán tu vida, pero te harán pensar:

  1. ¿Para qué estás en el mundo? Los cristianos creemos que es fruto del Amor de Dios.
  2. ¿Quién es ese que está a tu lado? La fe nos empuja a mirarle con intensidad, como un hermano, hijo de Dios también. Ni es un cualquiera, ni está ahí por casualidad. Somos corresponsables con su vida y de su vida.
  3. ¿Qué haces con tu tiempo? La vida es un genérico, que se concreta en el tiempo. Y aquello a lo que dedicamos tiempo nos construye, nos sitúa y nos hace ser quien somos. El tiempo es parte de nuestra verdad.
  4. ¿Cómo andas de libertad? No dudes sobre si eres o no libre, o te pongas a divagar sobre las situaciones o circunstancias. Sabes que eres libre porque dedices, porque tienes que tomar caminos y afrontar momentos de tu vida. Pero pregúntate qué tal andas de libertad, porque también sabes que hay grandes esclavitudes, grandes temores, y grandes secretos, que la condenan a no participar y a ti te obligan a dejarte llevar por cualquier cosa.
  5. ¿Qué das al mundo de lo que eres? Y cuánto recibes de él. Haz una lista de dos columnas, y déjate sorprender. Recibir mucho, ¿y dar? A los demás, a los otros, a los cerca y a los de lejos. Algo darás, supongo. Algo aportarás. Y de todo eso, ¿cuánto es gratuito y desinteresado? ¿En cúanto de lo que haces eres capaz de reconocerte por entero?
  6. ¿En qué andas centrado? La fe responde que el corazón de la persona se centra cuando vive desde el amor y para el amor. Ni para el trabajo, ni para la satisfacción, ni para los escapes, mucho menos para el dinero y para las cosas. Sólo para el amor, y allí se le abre la puerta para conocer al Dios vivo y verdadero. Porque Dios es amor.
  7. ¿Qué haces con la debilidad que encuentras en ti y con el mal del mundo? Ni eso nos puede separar del amor de Dios.
  8. ¿A quién sirves? Porque algunos se creen señores de este mundo, con capacidad para dominarlo todo, con fuerza para soportarlo todo, y se sitúan por encima del bien y del mal como si nada les afectase. Sin embargo, se dan cuenta de que están al servicio, que son pequeñas criaturas que buscan. Dios en el corazón pequeño dle hombre ha dejado la huella de su Hijo. Y el hombre encuentra plenitud cuando se dispone a servir a Dios, a amar al hermano, a confiar su vida en los demás.

De “magia” nada. Sin Harry Potter, sin películas sobre ilusiones, sin trucos. La existencia humana es muy real. El día a día es muy real. Lo que sucede a su alrededor es muy real. Nosotros somos muy reales, y los demás son muy reales igualmente. Todo es real. Sin cerrar los ojos, y abriéndolos bien, también a Dios se le descubre muy real, muy presente, muy actuante, muy entregado. Los sacramentos no son ritos mágicos, sino desbordante presencia del Dios que nos ama. No son trucos, son palabras y hechos enlazados con lo humano donde Dios actúa de forma privilegiada.

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Un pensamiento en “Preguntas que transforman la vida

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