Unidad entre la familia y la escuela


Pese a ser uno de los temas que más bilbiografía y preocupaciones despierta, continúa siendo una asignatura pendiente en la mayor parte de los casos. Carecemos de medidas estructurales que garanticen adecuadamente esta relación, aunque sí que existen elementos y proyectos que la potencian. Sin embargo, somos muy conscientes de la estrecha vinculación, para bien o mal del niño y del joven, que existe entre ambas instituciones. Hasta aquí, una constatación muy común.

¿Qué vías tenemos para explorar y potenciar esta realidad?

  1. Unidad de criterios buscada y propiciada. Es importante tanto para la familia, como para el centro, que todos caminemos en la misma dirección. Por lo cual, todo lo que propicie este principio debe ser querido y aceptado.
  2. Los padres deben asumir la responsabilidad de la educación de sus hijos. Lo cual supera en todos los sentidos la reducción a la elección de un centro educativo, aunque esto sea importante. Y para asumir esta tarea deben prepararse y formarse, antes y después de tener a sus hijos. Cuando hablamos de la responsabilidad de los padres ante los hijos, surgen suspicacias a las que no debemos prestar atención. Nadie nace sabiendo, luego tiene que procurar la capacitación necesaria, que en este caso no es natural, y no pocas veces se confunde con el cariño y el aprecio. No se duda, en la inmensa mayoría de los casos, de que los padres quieren lo mejor para sus hijos. Pero dárselo, desde los primeros años, es también doloroso en ocasiones para los padres, que deciden desde el miedo a perder el cariño a sus hijos o se limitan a reproducir la educación recibida de sus padres, o darles más y más cosas.
  3. La escuela ayuda, con su especialización, a las familias. No sólo es cuestión, muchas veces de un criterio objetivo. Sino de su formación particular para el trabajo que desempeña. Las familias tienen que saberse valer de la escuela en este sentido, sin delegar absolutamente su tarea educativa en ella.
  4. Información, comunicación y formación conjunta. Superando estas barreras, y divisiones, tenemos mucho ganado. Por ambas partes. Tanto en la medida en que las famiilas son informadas, como en relación a los profesores responsables de la educación del niño en el ámbito escolar. Sin embargo, quizá lo más importante de este punto sea el trato cercano y cordial, el intercambio que genera.
  5. Diferenciar roles específicos. Aprender a poner límites claros, en ambas direcciones, de tal modo que no se produzcan interferencias no deseadas. Por las dos partes, se entiende. Facilitar el acceso de las familias al centro, con ámbitos específicos. Y reservar espacios domésticos para la continuidad de la vida escolar. Sea en los criterios, sea en los medios que se ponen para lograr objetivos. No confundir a los alumnos con dobleces.

Más allá de lo hablado anteriormente, doy algunas pistas que desarrollaré los próximos días.

  1. No esperar jamás a que aparezcan los conflictos y las dificultades en el niño y el joven para sentarse a dialogar y mostrarse cercanos unos a otros. Educarse en la prevención, adelantarse al desarrollo del niño, como si fuésemos siempre dos o tres movimientos.
  2. Atender especialmente a cambios en las circunstancias que sean sensibles sobre el educando. En la medida de lo posible, referirse al punto número 1 y tenerlo en cuenta como adultos a la hora de tomar decisiones.
  3. Hablar bien de la escuela y del colegio delante del niño. Que crezca en un ambiente positivo. Y si algo hay que tratarlo, por estar en desacuerdo, no hacerlo en su presencia ni con su conocimiento.
  4. Presuponer siempre las buenas intenciones de las familias y de los centros. Marca una distancia respecto a posibles juicios precipitados, o juicios incorrectos por carecer de la información necesaria.
  5. Trabajar coordinadamente. Encuentro al principio del curso de planificación conjunta.
  6. Informar a los padres sobre el ideario y el proyecto de centro. De este modo se hará visible que el colegio tiene unas características propias, de carácter educativo, que cultivan y acompañan el desarrollo de los jóvenes.
  7. A las familias se les pide, tanto como a los colegios, que no excusen a los jóvenes haciendo responsable de sus conductas a “la otra parte”. Realidad en la que no pocas veces fallan, fortaleciendo así la pereza del joven, sus malos hábitos.
  8. Seguimiento diario de la actividad del niño y del joven. Para que no se generen espacios en los que se sienta solo y abandonado, o en los que pueda esgrimir diferencias entre ambos.
  9. Capacidad de adaptación de una a la otra.
  10. Reuniones periódicas, de diferentes modos.
  11. Formación de padres específica.
  12. Ofertar formación conjunta para padres y profesores. Por ejemplo, en temas en los que ambos puedan establecer diálogos interesados en los jóvenes y llegar a acuerdos. Como pueda serlo internet, el ocio y el tiempo libre…
Anuncios

2 pensamientos en “Unidad entre la familia y la escuela

  1. Los padres no pueden delegar completamente la educación de sus hijos a la escuela. El vínculo padres-escuela es fundamental para el perfecto desarrollo infantil. El niño debe percibir que sus padres y la escuela van en la misma dirección.

  2. Pingback: Post de febrero 2012 | Preguntarse y buscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s