Tesis, antítesis, síntesis


Supongo que conoceréis la perspectiva hegeliana de la historia, que ha sido llevada a todos los campos del saber y de la acción política, social y humana. Se incorporó dentro del materialismo histórico para hacer ver que las revoluciones, conflictos y luchas dentro de la historia de la humanidad eran el principal factor y motor del cambio. Hasta el punto de hacer creer falsamente a los hombres de nuestro tiempo que no hay posibilidad de mejorar de otro modo. Como decía antes, aplicado a diversos campos, encontramos que el alumno siempre tiene que estar contra el profesor, y viceversa. Que el trabajador y el empresario no pueden llegar a planteamientos comunes. Que los partidos políticos siempre deben hacer oposición, con la mayor tensión posible. La mujer, para encontrar su lugar en la sociedad, sólo puede alcanzar sus objetivos “contra” el hombre. Y el hijo que se emancipa lo hará enfrentado a sus padres. La libertad siempre requiere de la mayor liberación posible, alcanzando su independencia total y careciendo de cualquier tipo de pertenencia. Y así sucesivamente. A mayor enfrentamiento, cambios más profundos. Procurando entonces la división, la lucha, el conflicto. Según esta perspectiva, no hay más camino para el desarrollo.

¿Los daños colaterales? ¿La confianza en el ser humano? ¿Alternativas de comunión y de unidad? ¿Buscar y educar en el bien común? ¿Responsabilidad social, derechos humanos? ¿Dónde queda la visión positiva sobre la historia del ser humano cuando lo planteamos de este modo?

Sin duda existen otras alternativas, más educadas y menos demagógicas y populistas. Los conflictos aparecen, no hay por qué buscarlos o desearlos de este modo tan infame y despreciable. Las guerras son siempre un fracaso para la humanidad y la razón, también para la fe y el amor. Y sus consecuencias no son tan positivas como se hace ver sobre el papel de la teoría. Ejercitarse en otra forma de pensar y de actuar requiere de más educación, razón y fe de la que estamos fácilmente a propiciar “a la primera de cambio”. Para un esbozo de estas alternativas, que cultive verdaderamente la humanidad y la relación entre personas, es decir, el verdadero desarrollo, deberíamos tener en cuenta al menos las siguientes consideraciones:

  1. Pensar bien en el otro, confiar en su la búsqueda de la verdad, puesto que todos estamos interesados en ellas.
  2. Educar en la necesidad del bien común, junto a la responsabilidad con los dones y propiedades privadas. Sin que una y otra se enfrenten, y regulando socialmente su relación.
  3. Asumir formas nuevas para el diálogo y la toma de decisiones, orientadas al bien y a la verdad del hombre.
  4. Cultivar un modo de vida esperanzado, asumiendo los conflictos y las tensiones como una oportunidad para el crecimiento conjunto. Estas dificultades son parte de la limitación humana, y conviene no incrementar el sufrimiento que causan ni la culpa que generan.
  5. Aceptar la lógica de la gratuidad como signo de una humanidad más perfecta, donde las relaciones se establecen de persona a persona, sin intereses egoístas y centrados en la dignidad de la persona de modo esencial.
  6. Desterrar mecanimos de pensamiento único, desarrollando las cualidades de las personas en el sentido más amplio del término.
  7. Hacer un uso responsable de los medios, las materias primas, las cosas, y la naturaleza con un fin ordenado a la persona y la sociedad.
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Un pensamiento en “Tesis, antítesis, síntesis

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