Personas embaladas


Parto de la opinión (universalmente comprobable) de que toda persona es débil y frágil, que esto lejos de ser algo desastroso, es una maravilla. Por lo tanto, todo cuanto porta lo lleva en vasijas de barro, en su delicadeza, ternura y, siempre, con la oportunidad de dejarse trasparentar interiormente. Atributos que pertenecen a la naturaleza humana, y que cualquiera puede atestiguar en sí mismo, con la felicidad que provoca ser capaz de vivir sin el temor paralizante a echar todo por tierra.

Ante esta fragilidad algunos, no pocos, en nuestras modernas sociedades temen romperse y quebrarse, y comienzan a embalar sus vidas con cosas que puedan protegerles más o menos, con escudos, anteponiendo lo que no son a lo que son, para salvaguardar su propia interioridad. La literatura famosa, de autoayuda velada, ha puesto de moda la metáfora de la armadura, como paradigma de esta situación. Pero mucho antes, encontramos el rastro de esta actitud en la Palabra, hablando de los corazones endurecidos, de los hombres de dura cerviz o de aquellos que permanecen al borde del camino tapados con un manto. No sólo son cosas, lo que anuncia la Escritura, como modo de protegerse de la propia fragilidad, sino que también se utilizan personas. Se llenan entonces los números de quienes estamos rodeados antes de la batalla, se engrandecen sus cualidades y se deja de confiar en algo más que la “cantidad”. También están quienes se escudan en falsos dioses, en los ídolos, en realidades que ocupan el lugar que no les corresponde, y por lo tanto sustituyen a personas, a cosas, e incluso a Dios y a uno mismo. Todo bajo la amenaza de protegerse, con la terrible consecuencia de perderse a sí mismo. El Evangelio anuncia que quienes “no entregan su vida queriendo salvarla”, al final la pierden definitivamente. Algo que no me parece, en absoluto, descabellado.

El embalaje puede proteger de los golpes pequeños. El juego que mantiene, sin embargo, es más peligroso de lo que parece.  No soporta otros embates de la vida. Hay que tener en cuenta esta situación, y adelantarse al sufrimiento propio e inherente de nuestra historia. No deseable, no deseado, pero llegará. ¿Qué hay que no pueda romperse, qué existe que sirva de protección real? Sólo el amor podrá salvar de estas situaciones. Cuando sobrevengan dificultades, el amor mantiene la unidad, genera esa unión que no podrá hacer añicos la existencia.

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2 pensamientos en “Personas embaladas

  1. Así es con nuestra naturaleza tan débil e imperfecta lo único que nos ayuda es esa protección del amor de quien sin merecerlo te amo desde antes que nacieras, ese es el amor de Dios y el único amor perfecto. También te aconsejo que te des la oportunidad de escuchar la voz de que te dice ” TU ERES MI HIJ@ AMAD@ ” .

  2. Pingback: Post de febrero 2012 | Preguntarse y buscar

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