Qué hacer cuando faltan las palabras


En la comunicación real, cara a cara, se puede recurrir al uso de muecas, gestos, onomatopeyas y silencios. Y reconocer la situación: “No sé qué decir.”

Escribir es diferente. Quizá tengas la idea, seas capaz de formularla, y delante del papel en blanco te quedes obnubilado y patidifuso sin arrancar decisivamente las letras que sabes que llevas dentro. Los últimos días me está ocurriendo. No ahondaré en los motivos, aunque los intuyo por otras razones.

¿Qué hacer entonces cuando esto sucede, y quieres seguir escribiendo?

  1. Dedicar más tiempo, y esfuerzo, a pensar y al silencio. Aprovechar que las palabras surgen con dificultad y pesadez para estrujar su contenido y saborear sus letras. Es tiempo de reposo, de serenidad, de ir en contra de la agitación natural que supone esta situación embarazosa y desalentadora, de sobreponerse a lo evidente y de reconocer las propias limitaciones con alegría y desparpajo. Si todos los días fueran iguales, si esta tarea se diese a golpe de inspiración, ¿qué mérito supondría?
  2. Abrir horizontes, acercarse a otras lecturas, variar las rutinas. Abrazarse a la poesía si se es narrativo, o al ensayo si hasta el momento se nutría de descripciones. No hay polo malo. Siendo selectivo, y picoteando en internet, donde encontramos verdaderas joyas encerradas en blog de apariencia simple y clonada. La novedad también surge, y lo sabemos quienes amamos la lectura y nos entregamos a ella con pasión, de la relectura de lo de siempre oteando flancos no descubiertos en la primera, segunda, tercera o cuarta pasada ojos.
  3. Escribir, pase lo que pase. Sin rendición, sin pesadumbre, sin arrinconarse. Escribir lo que caiga, y mantener viva la llama de la pluma y el teclado. Puede que nazca lo imperfecto y poco cuidado, y a pesar de ello sigue siendo tu aportación al mundo, a un tema concreto. Pobre y débil, y a la vez reflejo de constancia y firmeza. Es una forma noble de decir “sigo en la brecha, y no quiero perecer en el intento.”
  4. Cuidar el orden o el desorden. Sé que algunos se mueven más a través de puntos y guiones, porque necesitan párrafos sencillos y breves que contengan ideas claras y distintas. Aunque dentro de un punto sean capaces de divagar. Y otros comienzan aquí, se pasean por allí, y finalmente concluyen a su manera. Unos con orden cuidado se lanzan con mayor seguridad, y a otros la pasión por escribir les parece una aventura incontrolada en forma de balancín. Si no sabes de qué vas, prueba con las dos, y elige.
  5. Dejarse preguntar y dialogar. La web se construye verbalmente, no siempre a través de los monólogos de los blogs. Existen también foros y chats, la opción de comentar a otros y abrir debates fructíferos. Las palabras no nacen siempre en boca de quien es capaz de ordenarlas, y se recibe habitualmente por doquier más de lo que posteriormente podemos devolver. Esto último que he dicho creo que es la forma más bella de expresar el proceso creativo.
  6. Enfrentarse a las grandes cuestiones. Esas que habitualmente dejan sin aliento, sin voz y sin palabras. Porque de eso iba. Ante las grandes cuestiones, atento a esas grandes preguntas, es normal permanecer callado y a la escucha.
  7. No dejarse intimidar por la situación. La mayor parte de las veces hablamos de más. Así que es posible que quedarnos sin palabras, a lo Wittgenstein, sea de lo mejor que nos ha podido suceder. Devuelve el principio de realidad y obliga a una reflexión más detenida y pormenorizada de todo cuanto sucede dentro y fuera de nosotros mismos. No seré yo quien reclame esta actitud pasiva e indolente, más bien al contrario. Lo cual no significa aprovechar el momento para reconocer que lo otro, escribir y hablar con facilidad, es una excepción y privilegio que no podemos dejar de reconocer y agradecer infinitamente.
  8. Y por último, algún que otro consejo práctico. (1) Coger un papel en blanco y escribir cuantas palabras sueltas o enlazadas vengan a la mente. Después, hacer el esfuerzo por descubrir un tema central que pueda agrupar unas cuantas, y establecer relaciones entre ellas. De ahí deben salir al menos dos párrafos con sentido e hilados. (2) Seleccionar alguna imagen de la vida corriente, o cuadro de los que poseen los museos guardados del polvo y de las diferencias de temperatura. Y utilizarlo como nueva forma de lenguaje comunicativo. Si las palabras no vienen a ti, deja al menos que hablen las imágenes. (3) Reelaborar con densidad algo escrito con anterioridad. Ampliarlo, redistribuirlo, rediseñarlo, cambiar aquí y allá a placer, hasta que parezca distinto. Es una cuestión de apariencia, un nuevo barniz con el que no debemos conformarnos a diario. Pero al menos no será un plagio. (4) Escuchar música, contagiarse de películas, anidar recuerdos. Son materia para una posterior ruptura de esta situación. (5) Saber acoger el silencio.
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