Libres para anunciar el Evangelio


El Evangelio necesita ser anunciado. Requisito indispensable: anunciadores. Es decir, que no se puede hacer al margen de las personas, ni de la humanidad. Se ve entrelazada con su misma historia. Los anunciadores no son “canales de distribución” al modo de las mediaciones mal entendidas. Han sido receptores previamente, han acogido esta Palabra y Buena Noticia, se han dejado transformar por ella. Y en la misma lógica de toda gran noticia, se ven impulsados a seguir comunicándola a otros en cualquier forma y modo posible. Así de sencillo, así de simple. De algún modo, revisando este esquema, con sus simplezas y elementariedades, podemos descubrir que sólo se convierte en verdadero anunciador aquel que ha recibido y se ha dejado transformar. Esto es, el mejor signo de la presencia de Dios en su vida, es convertirle en mensajero para otros. La lógica se sigue en el Evangelio en todo momento: los primeros discípulos, la Samaritana, los leprosos, todo aquel que es curado, hasta llegar a María Magdalena y a los apóstoles tras la Resurrección.

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