Convivencia y disciplina en el colegio


La convivencia y la disciplina están vinculadas y unidas, sin embargo no se refieren a lo mismo. La primera tiene un carácter más amplio, significado en la relación entre personas independientemente del rol que ejerzan, en la vida desarrollada dentro del centro, en todo lo que sucede y favorece integralmente el crecimiento de los alumnos y de los profesores. Es evidente que donde existen personas, hay mucho más que funciones que se cumplen, tareas, y trabajo. Por el hecho de estar en el colegio, que es una misión para los profesores y una oportunidad enorme para los alumnos, no se deja de vivir y ser persona. Ponerse la bata, coger la tiza, teclear la clave en el ordenador, hacer un repaso de las tareas, revisar la agenda… todas esas tareas demandan la existencia de personas que no dejen de ser personas. Entonces se produce la convivencia. La disciplina es una dimensión de la anterior centrada especialmente en las normas que deben cumplirse y que rigen y clarifican la función que cada uno mantiene dentro del conjunto. Sea la de alumno, sea la de profesor. Unos y otros están relacionados a la disciplina, con el siguiente matiz: los responsables de que las normas se cumplan son los adultos, es decir, los maestros; que por otro lado tienen el encargo por parte de la sociedad y de sus familias, también de la iglesia, de introducir y enseñar a los alumnos el cumplimiento de las mismas, el sentido crítico respecto de las mismas, la mejora de la sociedad descubriendo el valor de cada uno de ellos. Por otro lado, también es verdad que reducir la disciplina a “solucionar problemas” es terriblemente contrario al espíritu de la misma. La disciplina es un marco, tan limitante como posibilitador. De hecho, son precisamente estos límites los que permiten que el resto de elementos pueda encajar en su lugar correspondiente. Corresponden así a la disciplina aspectos esenciales a la vida del centro, en los cuales pocas veces reparamos y sobre los que no nos hacemos demasiadas preguntas habitualmente, como puedan ser el horario, el lugar que ocupa cada uno dentro de la clase, el respecto a los bienes comunes y el recto uso de los propios, la forma de hablar y expresarse, así como de acoger lo que otros tengan que decir con atención, los desplazamientos…

  1. El maestro siempre va delante. Es ingenuo pensar que en un colegio pasarán muchas cosas, las necesarias e importantes, sin el concurso y la participación del maestro. De hecho, el maestro siempre va primero. También los maestros tienen que aprender a realizar su labor, porque no nacieron sabiendo. Y si los alumnos están “obligados” a aprender a aprender, los maestros se supone que son aquellos que han elegido, libre, voluntaria y entusiasmadamente a aprender a enseñar. Una tarea que exige que sean ellos los primeros, los que vayan delante en el camino. En relación a la convivencia y disciplina es evidente. Tanto en la forma de tratar como en la manera de responder, de escuchar, de acoger. Ser maestro requiere esfuerzo. Dejarse enseñar, estar dispuesto a aprender mucho. Quizá una de las grandes “rémoras” y dificultades de los maestros actuales sea que “dejan de leer y aprender”, a diferencia de aquellos maestros, ya viejos y de pueblo, que siempre estuvieron conectados y vinculados a la cultura. Un título no garantiza, hoy por hoy, casi nada en relación a la educación escolapiamente entendida.
  2. Unidad y diálogo en el claustro. Calasanz señala repetidas veces en sus cartas, la inmensa mayoría dedicadas a cuestiones escolares de primer orden por tratarse de las primeras escuelas populares y gratuitas, que los profesores (por entonces religiosos en su mayoría) debían reunirse con frecuencia para tratar de casos concretos relacionados con los alumnos. Uno expone la situación y cómo ha respondido, y el resto comenta para llegar a acuerdos conjuntos, que luego se aplicarán. La pedagogía moderna subraya que la unidad dentro del claustro, que conforma el estilo de la escuela, superando la acción de un profesor concreto, es una clave esencial para el desarrollo del alumno. Aporta seguridad, claridad, concisión, que redunda tanto en confianza por parte del alumno como en el buen desarrollo de las clases. Las acciones aisladas de los profesores, sin estar coordinadas, muchas veces ayudan más bien poco al conjunto.
  3. Orienta, guía y forma. Todos los aspectos relacionados con la convivencia, que a un adulto le pueden parecer incluso obvios, no lo son para un niño. Hay que enseñarle, y él debe aprender a desarrollarse en relación con otros, a adquirir competencias sociales. Incluso las más básicas. No se aprenden, además, a través del papel sino en el ejercicio de las mismas. Por lo tanto, saludar adecuadamente, agradecer lo recibido, pedir con respecto aquello que sabe que puede hacer, compartir con los demás, jugar y respectar las normas. La disciplina tiene un carácter invisible en el mejor de los casos. Lo excelente sería no hablar de ella, no repetir las cosas infinitas veces, sino que conforme el ambiente y estilo en el que los alumnos son imbuidos desde sus primeros años. Por lo tanto, se hace rutinaria. Amablemente rutinaria. Y gracias a ella se forma al alumno en un mundo concreto, en una forma de relación determinada, donde todas las personas merecen respeto, son sujetos de derechos y obligaciones. Este aspecto orientador de la convivencia es demasiado invisible algunas veces para quienes “viven insertos en él”, y carecen de objetividad. No lo es, sin embargo, para quienes vienen de fuera, que se quedan sorprendidos de la buena marcha de las actividades y del sentido con el que se desarrollan. Es visible, por así decir, pero no suficientemente consciente para quienes están implicados en él.
  4. Orden personal y comunitario. Orden aplicado a todo, sin exceso. En la mesa del profesor, en la colocación de la clase, en el cuaderno, en las notas, en la pizarra. El orden es un elemento facilitador que impulsa la claridad y centra en lo más importante. Calasanz insistía mucho en el aspecto de preparación (con orden y con conocimiento) de las clases. No cualquier preparación, sino una buena y abierta a mejorarse, es decir, que fuera evaluada con posterioridad. Hoy lo recogemos de otro modo. El orden también interviene en la distribución de los alumnos, en los aspectos más rutinarios de la jornada, en la claridad sobre las funciones de cada uno dentro del conjunto. Orden en la mesa del alumno, y del profesor, de la sala. Orden a la hora de hablar, orden en las tareas, en los cuadernos, en las agendas. Orden en la decoración, orden en el entorno de las actividades. Lo contrario al orden es desconcierto, desorientación, dudas, temores. Y todos ellos son riesgos para la convivencia. ¿Esto supone que es necesario tener todo controlado? No todo, absolutamente todo. Es diferente el orden al control.
  5. Participación de los alumnos. La escuela escolapia ha potenciado siempre su actividad y corresponsabilidad. Que ayuda sin duda a sentirse parte de algo, a quererlo y a cuidarlo. Y la escuela es algo “de alumnos”, no sólo “para los alumnos”. Implicación en las tareas sabiendo quién es responsable de cada elemento. En relación a la convivencia es esencial educar en esta dimensión, sin caer en democracias mal entendidas. De esta manera comprendemos que la participación de los alumnos es su modo de estar en clase, de atender, de preguntar lo que no saben, de explicar a otros compañeros y ayudarlos, de compartir, de ser sensibles a los otros, de cuidar el ambiente de la clase. La mayor parte de las acciones positivas de los alumnos caen en el olvido. No se han saltado normas, y no reciben las respuestas necesarias y positivas. Crecer en esta conciencia de pro-actividad sería muy interesante para los tiempos que corren.
  6. Carácter preventivo de la convivencia. La disciplina tampoco se reduce a su aspecto punitivo, castigando los errores o faltas. Cuando se incide, de hecho, demasiado en este aspecto, lo único que se consigue habitualmente es el deterioro de las relaciones. Lo escolapio es adelantarse, prevenir más que curar, preparar para el futuro, estar atento a posibles riesgos y detectarlos para corregirlos a tiempo. Lo cual exige al principio, sobre todo al inicio, mucho trabajo y esfuerzo por parte del profesor, que es el que es más consciente de hacia dónde va el camino.

About these ads

Un pensamiento en “Convivencia y disciplina en el colegio

  1. Pingback: Post de enero 2012 | Preguntarse y buscar

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s