Llaves y claves


He comenzado un nuevo libro, que no un libro nuevo. Ahora mismo tengo tres entre manos, con tiempo para cada uno de ellos. Quizá sea éste –del que no voy a decir el título de momento- el más denso de los tres, y calculo que lo terminaré a finales de enero, es decir, unas cuatro semanas.

La cuestión es que es sugerente ab initio. Superados los halagos y alabanzas del prólogo, no muy centrado en el contenido y más en la experiencia del autor, y llegando a la maravillosa introducción, me he dado cuenta de que tengo un tesoro inmenso acumulado, una riqueza inigualable ante mí, y que va a ser intensamente sugerente. Todo comienza en un bosque, un tremendo y gigantesco bosque, para el cual se requieren una serie de llaves de entrada. El bosque no es otro que la vida misma. La pregunta es cuáles serán esas llaves que dan acceso, que mapean el norte, sur, este y oeste, que sitúan los senderos anchos y estrechos, y que marcan horizontes. Ya os digo, muy sugerente. Porque es cierto, que nadie se engañe, que el equipamiento con el que venimos al mundo, contiene algunas llaves mas no todas.

A propósito de lo anterior, creyendo que es igualmente un acierto preguntarse y detenerse en la cuestión, sea cual sea la situación, ubicación, realidad y circunstancia de cada uno, planteo unas cuantas llaves para la vida a continuación. Y aviso desde el inicio que no he vivido –al máximo- todas las que anuncio como posibles:

  1. La confianza. Abre puertas, adelanta miradas benevolentes, suaviza el azote de la existencia y sus terribles propuestas cotidianas, da un paso al frente ante las personas que nos rodean para ser capaces de seguir amando, escuchando, relacionándonos y tejiendo redes con ellas.
  2. El amor. Primero el recibido. Siempre primero, siempre delante, siempre propiciando, siempre como condición de posibilidad. El amado, aun mínimamente es quien puede amar, incluso hasta el extremo. El amor es una capacidad que reconocemos en todos, de carácter universal, porque todos han sido amados en algún momento de su existencia al menos, si no en muchos. Entonces serán terriblemente afortunados. Siempre me quedará abierta la pregunta por la calidad del amor que recibimos; cuestión que no será baladí en ningún caso, desestimable realmente. El amor es llave.
  3. El silencio y la reflexión. Que alumbran y hacen hueco a esa interioridad en la que se reproduce el mundo exterior bajo el color, tamaño y proporción de los anteojos que nos han colocado, la cultura, la historia, las personas significativas, las palabras, las expectativas, los tiempos, las esperanzas y los sueños. Ambos se dan la mano, y así evitamos confundir el silencio con la pasividad, y la reflexión con la mera lectura. Silencio y reflexión van juntos en tanto que racionalidad e irracionalidad, sentimientos y oscuridades.
  4. El diálogo, hermano y amigo. Con el hermano y con el amigo. No pongo arrobas modernas, porque los sexos no son relevantes en este momento. Sí lo es la palabra que me permito decir y aquello que puedo escuchar. La distancia del otro, su presencia notable, la cercanía de quien me dedica parte de su vida y a quien se la entrego amablemente.
  5. El sacrificio, el esfuerzo, el sufrimiento. Los pongo unidos porque son retos. Unos propios, otros ajenos. Unos queridos y deseados, otros exigidos y que han entrado en la historia sin llamar. Sin embargo resulta llamativo comprobar y escuchar cómo son inflexiones y bisagras que colocan la realidad en planos diferentes, atendiendo a nuevas realidades, posicionando nuestro otear en la vida y nuestro palpar cotidiano de otra manera. Son los límites, buscados o no, que yo me impongo o que “se imponen”. Y cuestionan el egoísmo, la centralidad del sujeto, su capacidad, fuerza y tesón para todo y de cualquier manera. Y al mismo tiempo señalan qué es real y qué no, qué es posible y qué no, qué está en mi mano y qué no. Del sufrimiento, además del tiempo doloroso que le acompaña siempre, queda la llamada de la salvación, el reclamo por la superación, entre otras cosas.

Los anteriores, humanamente hablando, se presentan de una u otra manera. Son sensibles. Demos gracias por ellos, más aún si hemos sido afortunados. No son todos los posibles, hay muchos más, que no me detengo a comentar. Como pueda ser el caso de la entrega, del servicio, de la familia, de personas concretas, de miradas, de viajes, de preguntas, de crecimientos personales, de desarrollos. Hay llaves, diversas. Sin embargo, por una me siento especialmente privilegiado. Es la experiencia de Dios, su cercanía y compañía, que no siempre fue fácil atender, escuchar y creer, y que sigue planteando interrogantes. He vivido esa proximidad a través de la Biblia, relatos que pasaron de ser narraciones a “contar mi vida” e interpelarme como Palabra viva y eficaz; y también a través de la Eucaristía, que para muchos se convertía en rutinaria, tediosa y motivo de presión social, y en mí sin embargo despertaba fidelidad, permanencia, escucha, criterio, solidez, llamadas. Creo que de todas las llaves posibles, la más hermosa es la persona misma de Jesucristo, de Jesús+ de Nazaret, del Hijo, del hermano. En su seguimiento se alumbra una vida realmente nueva, el bosque es bellísimo y un don continuo. Es cierto que hay puertas y puertas, y el Evangelio se define a sí mismo como “estrecho”.

Anuncios

Un pensamiento en “Llaves y claves

  1. Pingback: Post de diciembre 2011 | Preguntarse y buscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s