Inercias de nuestro mundo


El concepto de “inercia” es muy interesante, superando incluso los límites de la ciencia y aplicado a la vida personal y social. “Como siempre ha sido así, así sigue siendo.” Son elementos de carácter impersonal habitualmente, incrustados dentro de las estructuras sociales, que hacen que camine por derroteros no pensados, no deseados, no queridos, no reflexionados, no criticados. Están, y toda su fuerza se basa en eso precisamente, en su presencia acrítica y apersonal. Nadie sabe muy bien, llegado un punto, qué pintan, quién empezó o cómo empezaron. Pero por el camino además se han ido “puliendo” y “comiendo” todo lo que se ponía en su camino. Dibujan una trayectoria sin sentido, orientada en línea recta, sin matices, sin control. Se refiere a aquellas realidades que parece que tienen movimiento por sí mismas, por lo tanto con una connotación de “independencia” y de “autonomía” más allá de las personas que componen dicha sociedad. Por así decir, no han sido aceptadas como tales, y tampoco han sido pretendidas. Vienen de “atrás”, con un origen desdibujado y difuminado. La única respuesta posible ante una inercia es el freno. Y no se frenan con facilidad. Provienen de otros, y ya veo sus efectos “en mí”. Existen ese tipo de inercias sociales dentro de cada sujeto.

Me paro a pensar un momento en las inercias que soy capaz de vislumbrar a mi alrededor, en aquellas que me llaman más la atención o me parecen más dolorosas. Por ejemplo, cuando dialogo con algunas personas sobre la felicidad que buscan, parece que lo tienen todo “hecho y pensado”, y sin embargo a menudo despejamos nuevas posibilidades que no son descritas en una primera defición. Parte de la felicidad es también es el esfuerzo, la dificultad, atreverse a lo mejor. Otra cuestión, respecto a las inercias, son pensamientos habitualmente incrustados en el corazón (difíciles de reconocer) y que hacen mucho daño. El otro día hablaba con alguien joven sobre si a todas las personas debemos caerles bien y lo que ocurre cuando nos encontramos con otros por los que no somos bien acogidos. Parece que en nuestro mundo todo se viene abajo a la primera contrariedad. Y no puede ser. O por ejemplo, respecto a Dios y a la religión son muchos los que tienen sus ideas sin haber pensado nunca con seriedad al respecto; y sin dejarse interrogar realmente por cuestiones intensas y hondas de la existencia. Existe, y creo que también es una inercia asumida socialmente, un estilo irreflexivo y superficial, altamente crítico y contaminante, que algunas veces es tachado incluso de feliz porque lleva una vida cómoda y sin grandes cuestionamientos. Vive el hoy, disfruta el carpe diem al aparecer en su más pura esencia, y carece de proyecto de futuro y memoria del pasado. Una cuestión, respecto a las inercias, que también me inquieta, es la vivencia de los sentimientos como el único indicador del camino recto; desbancando a los principios morales, a los criterios compartidos, de las decisiones inteligentemente humanas, racionalmente sociales.

Entiendo, por otro lado, que no toda inercia tiene una connotación negativa. Es verdad, siendo prudente, que muchas de las inercias de la cultura y de la sociedad están en función de las personas, facilitando su aprendizaje y recepción de una tradición anterior a cada uno, como síntesis y cápsula para bien de todos. Es cierto. No quiero ser catastrofista, ni tomar por vanas realidades importantes, ni denigrar la sociedad en la que vivimos. Comparto una opinión general respecto a la cultura como amplio espectro de realidades que se han determinado como humanas, que han ayudado a mejorar la humanidad y nos han desarrollado realmente. Sin embargo, esta inercia tiene que ser asumida y potenciada. En definitiva, las inercias tienen que ser, por muy buenas que parezcan, “hechas propias”, queridas y deseadas. No entiendo, en ese sentido, que una tradición religiosa se mantenga simplemente por el hecho de ser “tradición”, y porque siempre ha sido así. No comprendo igualmente que un joven sea socialmente religioso, porque lo recibió en familia, sin la oportunidad de hacer camino y descubrir por sí mismo al Señor que le ama, le salva y le llama. Inercias que parecen positivas, también de ámbito social, como la tecnología y el progreso, pueden generar malestares profundos en el hombre si no son reconocidas y agradecidas, o comparadas con otros momentos. Se convierten en inercias que se “exigen”, sin hacer el esfuerzo de mantenerlas en el tiempo para que alcancen a otros.

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2 pensamientos en “Inercias de nuestro mundo

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