Grandes cuestiones morales


Supongo que, de inmediato, al leer el título vienen te vienen a la mente temas de bioética, de justicia, de economía y globalización, y de paz y conflictos. También la violencia sexual, los estereotipos, el racismo, la droga… Estamos ciertamente de acuerdo. Son grandes temas morales, pero tocan la persona colateralmente la mayor parte de las veces, si es que la sociedad ha conseguido educar a sus miembros más jóvenes dentro de unos parámetros acertados. Cuando digo “colateralmente” no los desprecio; es más, en muchos casos también reconozco que son nucleares. Sin embargo, pienso que otros temas morales más cotidianos obligan a tomar decisiones continuamente y, quizá por su poca embergadura o por la costumbre, se han normalizado de tal modo que no nos parecen fundamentales frente a otros más llamativos.

Por lo tanto, de algún modo quiero recuperar en este post esos pequeños destellos morales del día a día que iluminan y dan sentido al resto de decisiones a tomar durante largos años, o preparar para que nos “rocen” lo menos posible otros asuntos más conflictos y más problemáticos. Por ejemplo, entiendo que algo de gran calado moral son los siguientes temas:

  1. ¿Qué hago con mi tiempo? No sólo antes de un examen, o el día antes de la entrega de un trabajo. Mi tiempo más allá de los límites del trabajo y de las obligaciones de los puestos de responsabilidad personal y social que puedo tener.Mi tiempo es prácticamente “mi vida”, y por lo tanto en él se ordenan o desordenan aquellos elementos que la componen y conforman. Por lo tanto, es una cuestión claramente moral. A algunos les pesa reconocerlo, porque entienden que su vida buena o mala sólo depende de momentos particulares, y no de un conjunto general.
  2. ¿Cuáles son mis prioridades? Por prioridades entiendo aquellos elementos que son prácticamente, es decir, realmente esenciales en la propia vida. Algunos pueden engañarse durante un tiempo asentándose racionalmente sobre alguna que otra frase aprendida, con la que consiguen defenderse. Otros se tambalean con menos elegancia de un lugar a otro, visitando aquellos “lugares públicos y comunes” en los que todos piensan de la misma manera. Las prioridades revelan la propia identidad presente, también condicionan el futuro que se desea alcanzar. A través de ellas nos establecemos en la realidad siendo dueños de nuestras posibilidades, y por lo tanto, ejerciendo el derecho a la libertad y al delirio. Prioridades pueden ser desde los grandes ideales de la humanidad, la lucha por la justicia, y otros quizá no alcanzables a la primera de cambio; y también el respeto por el estudio personal y ajeno, el trabajo bien hecho, la familia y la salud, el medio ambiente, y otros de primer orden que estén más a mano. En cualquier caso, el orden es siempre clave fundamental. No da igual en qué sentido se pongan, ni qué se desee establecer como lo primero y primordinal. Imagina la diferencia, si no sabes a qué me refiero, entre situarse uno mismo a la cabeza o situar al prójimo, y haz combinaciones entre una persona de carácter débil y otra de carácter fuerte. Las versiones con completamente diferentes. Y en cualquier caso, creo que hay elementos que con facilidad aparecen en la poll position de dudosa humanidad, como puedan ser el dinero, el culto al propio cuerpo, la necesidad de éxito y reconocimiento, la autoestima personal, el “sentirse bien”…
  3. ¿Cómo hablo de los demás? Y antes de eso, qué es lo que juzgo de los demás, qué pienso de ellos, cómo los interpreto, y cómo me proyecto y me justifico hablando de los demás en lugar de detenerme en mí mismo. Tanto en el plano de lo negativo (defendiéndome atacando a otros) como en un plano muy positivo (dependiendo de ellos de forma notoria).
  4. ¿De qué forma me expreso ante otros? Sin dejar de reconocer que éste no es uno de mis fuertes, por carácter personal, reflexiono últimamente, a propósito de la escuela, de los jóvenes y de las familias, y de los grupos en los que participo, de la libertad con la que habitualmente hablamos y damos nuestra opinión. Como leo en más de un libro, existen dos o tres tipos de opiniones frecuentes en las mesas de debate en las que nos vemos sentados (sean mesas de debate televisivo, como espectadores, sean en las mesas virtuales de las redes y los foros, o sea en las mesas reales y compartidas con gente física a la que conocemos, queremos y estimamos, o simplemente trabajamos con ellas), y son: la opinión de los demás, la opinión de la masa, y la opinión por la opinión. Se ha constituido como derecho universal que todos podemos hablar, y probablemente sea cierto que todos tenemos algo y mucho que decir. Sin embargo, la opinión de los demás asumida críticamente obliga a dejar de pensar, la opinión de los muchos es incapaz hasta de generar diálogo y debate sano, y la opinión por la opinión -que es la que más me preocupa algunas veces- carece de razones. Una cuestión moral importante, dicho de forma breve, es saber qué estoy diciendo y escuchando. Con eso, a día de hoy para muchos, sería más que suficiente motivo para ponerse a estudiar un poco más, a leer algo más que artículos sobre películas y series televisivas, o dialogar fuera de los lugares comunes aportando matices y enriqueciendo las argumentaciones.

Hay otras muchas cuestiones, que sería interesante desarrollar. Invito, sin más a plantearlas en una reflexión personal:

  1. ¿Qué mueve mi vida?
  2. ¿En qué fundamento mis decisiones?
  3. ¿De qué gente me permito rodearme?
  4. ¿A qué personas saludo?
  5. ¿Me paro delante de las personas cuando pregunto algo?
  6. ¿Para qué me levanto y despierto cada mañana?
  7. ¿Cuánto de despierto vivo?
  8. ¿A qué dedico mi tiempo libre?
  9. ¿Mi corazón y mi cabeza están divididos?
  10. ¿Cuido mis pensamientos, deseos y sentimientos?
  11. ¿Soy capaz de ser sincero conmigo mismo?
  12. ¿Busco consejo y ayuda en otros?
  13. ¿En qué personas pongo mis referentes vitales?
  14. ¿Cómo construyo un mundo más justo?
  15. ¿Qué recuerdos me invaden cuando digo…?
  16. ¿Mis ideas me hacen feliz?
  17. ¿Cómo colaboro a la felicidad de los otros?
  18. ¿Todo lo que tengo me lo he ganado con mi esfuerzo?
  19. ¿La verdad y la sinceridad son importantes para mí?
  20. ¿Soy fiel al amor recibido?
  21. ¿Vivo mendigando que me quieran?
  22. ¿Soy capaz de amar desinteresadamente?
  23. ¿Ayudo a alguien de mi entorno?
  24. ¿Cómo afronto el sufrimiento de los demás?
  25. ¿Y el mí propio?
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