Por qué me persigue esta pregunta, sin dejarme en paz


Un título largo, al más puro estilo S. Larsson. Porque hay cosas que no se pueden reducir, ni se pueden explicar de otro modo. La cuestión es que existen, esparcidas por el mundo y en muchos corazones, preguntas que son incansables y machaconas hasta la saciedad, que vienen una y otra vez a molestar, inquietar, despertar y contravenir, que no hay silencio en el que no aparezcan, y todo suena a la misma cantinela de siempre. Tanto que es incluso frecuente que, quien las padece y sufre, sienta la imperiosa necesidad de apaciguar las bridas de su vida, soltar amarras y dejarse llevar por su furia y fuerza. A mí también me ha pasado, de hecho, me pasa. Interrogantes repetidos, repetidas ocasiones, denominadores comunes que siguen a pesar de las pausas provocadas voluntaria o involuntariamente.

Con el tiempo, he llegado a hacer mi propio elenco. Y curiosamente he descubierto que no soy el único que las tiene clavadas en el corazón. De hecho, me asombra tanta coincidencia con aquellas personas que, en ambiente de sinceridad y confianza, abren sus vidas para ser acompañadas, cuando comparto gran parte de sus más profundas impaciencias (es decir, “sin paz ni sosiego” al principio al menos).

Diría que son las siguientes:

  1. ¿Quién soy yo realmente y qué pinto en este mundo? Un clásico filosófico para los que no puede quedarse en las puertas de la reflexión teórica, y se mete hasta la cocina de la historia de quienes andan y caminan por el mundo.
  2. ¿Por qué a mí? Repetida hasta la saciedad. Nos descubre que algo nos ocurre, que no somos los únicos señores de nuestra vida, que las circunstancias nos siguen por doquier y nos tratan como seres únicos e irrepetibles. Puedes entencerlo como quieras. En positivo tiene un atractivo mayor. Sentirse privilegiado, ser receptor de la vida, de la historia, del mundo que nos rodea. El reto de comenzar y continuar sin saber bien dónde nos llevará todo, y de responder a la llamada que llevamos dentro.
  3. ¿Para qué sirve todo esto y para qué tanto esfuerzo? El interrogante de todo trabajador, de aquellos que madrugan por la mañana intentando dar cuanto son y tienen, y cosechan sin embargo no pocas frustraciones. Sin duda es fácil leerla por la parte deprimente, si bien es fácilmente transformable en su versión más enriquecida: ¿De cuánto soy capaz y quién me ha regalado tantas posibilidades? Porque está en nuestra mano atisbar las cosas desde el otro lado siempre, o al menos preguntarnos por ellas.
  4. ¿Por qué existe el mal en el mundo? De nuevo, como de costumbre, todo se vuelve crísico cuando nos encontramos presos, indigentes, débiles y mediocres. Cuando no podemos amar todo lo que vemos, o nos horroriza terriblemente la fealdad y el poder ejercido al margen de tanto sufrimiento. Ante la pregunta, dolorida y preocupada, quien se queda impasible responde del peor modo posible, continuando su espiral destructiva e indiferente. ¿Qué puedo hacer yo? Una pregunta mucho más poderosa, mucho más inquietante, mucho más poderosa. Mucho más, dicho sea de paso también, arriesgada, valiente y comprometida.
  5. ¿En qué estoy pensando? Lo dicen mis alumnos mucho; se lo dien mucho a sí mismos, en clase y fuera. Al principio por los despistes, faltas de atención y mundos paralelos en los que sueñan, desean y viven creyéndose cuanto son capaces de ver con las luces de su imaginación. Sin embargo, no deberíamos haberla perdido nunca, porque nos pone sobre aviso, nos da la pista necesaria para seguir pendientes de nosotros mismos y nuestro interior, donde nos jugamos gran parte de todo cuanto somos. Y por otro lado, también nos pide creer, más allá de la razón y de lo razonable, nos pide estar dispuesto por encima de las prudencias de nuestro mundo y de las seguridades que nos atan. ¿En qué estoy pensando? se podría transformar en ¿Por dónde se mueve mi corazón?
  6. ¿Esto que siento es amor? Que obliga a la subsiguiente: ¿Seré correspondido? La una alegra, la otra hace temblar. Y seguimos calculando si hay que dar, o no, el primer paso. Buscamos signos que nos indiquen algo más. Quizá no siempre podemos estar lo despiertos que quisiéramos para antedernos a nosotros mismos.

Todas las preguntas dichas, las expuestas anteriormente y otras tantas recurrentes y repetidas, son parte de la vida de todas las personas. Especialmente, si cabe, la última de ellas, que enlaza con todas las anteriores. Porque el amor sigue siendo lo primero y único importante en la vida de todos, pese a las múltiples capas y máscaras que pudiera dar la sensación de estar escondidos. Si no, piénsalo bien y serás testigo de todos los demás interrogantes. También de los más vocacionales. También de la pregunta sobre Dios, el Dios de la vida, el Dios de la justicia, el Dios de la providencia, el Dios del amor, el Dios del perdón, el Dios de la paz.

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2 pensamientos en “Por qué me persigue esta pregunta, sin dejarme en paz

  1. Pingback: Post de noviembre 2011 | Preguntarse y buscar

  2. El” por qué” es el ayer,el hoy y el mañana,cada uno somos responsables en su busqueda y logros…..Por qué a mí,es dificil de responder :esta en Dios…El Dios de la vida,el Dios de la justicia,el Dios de la providencia,el Dios del Amor,el Dios del perdon,el Dios de la Paz.

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