Alumnos que nunca olvidaré


Finaliza el mes de noviembre. Quisiera cerrar con un post histórico. Frente a todas las críticas que los estudiantes tienen que soportar, sin poder hacer muchas veces nada por cambiarlo, dedico el post a algunos alumnos que han marcado mi recorrido como profesor:

  1. Al alumno (no anónimo, pero por motivos ajenos a mi voluntad, no voy a decir sus nombres) que sonríe a primera hora de la mañana todos los días. Nada más llegar al colegio, todavía dormido, atiende y sonríe. El otro día le pregunté si le gustaba la asignatura y por qué tenía esa mirada. Me dijo que no le interesaba demasiado, que lo suyo no es la filosofía, pero cree que debe estar del mejor modo posible. La sonrisa sale sola, no es forzada ni consciente. ¡Qué bien me hace!
  2. Al alumno que participa en todas las clases. Algunos se repiten demasiado, hablan por hablar. Pero comienzan a pensar por sí mismos, y hay que seguir impulsando y acompañando ese proceso. El otro día uno de mis alumnos quiso dar una clase, y le di la oportunidad. Otros se han planteado que lo suyo es la educación en mis clases, y eso me hace una ilusión increíble. Todos tienen nombre y apellido. Algunos de estos alumnos me han enseñado y con ellos he aprendido gran parte de lo que sé. Al menos me han ayudado a afianzar conocimiento, a abrir horizontes, a recibir preguntas y posturas de forma nueva. Sin duda, sin ellos, yo no sería el mismo.
  3. Al alumno difícil, al que no deja que des la clase con tranquilidad y cuya mirada es desafiante y comprometedora. Ése tampoco es fácil de olvidar. Ojalá le vaya bien en la vida, aunque actualmente promete más bien poco. De forma especial recuerdo un muchacho cuya vida estaba absolutamente destrozada, y cargaba con más de lo que cualquiera, incluido yo, podríamos haber superado si nos hubiera ocurrido. Vuelvo a pedir perdón, pero no puedo revelar este tipo de datos. Algunos alumnos muy dolidos en su historia, muy condenados por los que deberían haberles cuidado y favorecido en su crecimiento, son verdaderos agresores dentro del aula.
  4. Al alumno que está obligado a ir a clase, cuya familia nunca comprenderá, y sólo sabe estar con la cabeza “agachada sobre el papel”, sin ningún tipo de alegría, motivación y entusiasmo. Ése que no puede soportar la presión de sus padres y al que siempre tratan como si fuera un crío, un niño, siempre infantil y sin asumir responsabilidades. Ése que, por mucho que digan sus padres y por mucho que critiquen del sistema educativo y los profesores, tiene un gran problema en su propio hogar.
  5. Al alumno que colabora en todo, se presenta voluntario en todo. Tengo en la memoria dos en estos momentos. Uno está siempre disponible para todo y es una verdadera maravilla. Su familia es un remanso de paz, y cumple aquello que dice que “de tal palo, tal astilla”. Es impresionante, y todo lo que toca se convierte en algo estupendo. Y el otro, todo lo contrario. Su voluntariedad, su disponibilidad, su alegría y colaboración nace de sus heridas más profundas, buscando algún sitio de este mundo en el que sentirse útil y sentirse optimista.
  6. Al alumno de 10 que no se queja cuando saca un 9,75, que no es un prepotente que cree que lo sabe todo mejor que nadie. A ese alumno que además no le cuesta trabajo mirar y darse cuenta de que quien tiene a su lado no tiene las mismas capacidades y facilidades que él. Dos han sido muy especiales para mí.
  7. Al alumno sin recursos, sin luz eléctrica en su hogar, sin agua corriente, sin comida muchas veces, y con hermanos e incluso hijos a su cargo. Rosa Mística y Teodoro, delegados de un curso, a quienes expliqué matemáticas. A ellos gracias por tanto esfuerzo, por no llegar nunca tarde, por estar siempre del mejor modo posible. Por acercarse a preguntar todas las dudas que tenían con humildad, y dar todo su tiempo a ser mejores personas, sin egoísmos, sin quejas, sin lamentos estériles.

A todos ellos, gracias. Me habéis hecho ser mejor persona, afrontar retos, levantarme con ánimo, descubrir y practicar mi vocación, atender lo importante, conocer personas, plantearme preguntas, inquietarme en mis seguridades. Todos habéis sido importantes. Unos más que otros, también es cierto; pero todos ocupáis vuestro lugar en la historia de mi vida, y por lo tanto sois don de Dios para mí. Haciendo memoria me doy cuenta de que la educación es herramienta capaz de transformar el mundo, la palanca que necesitaba alguno que otro para mover todo de sitio, y la luz que pone paz en las tensiones.

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3 pensamientos en “Alumnos que nunca olvidaré

  1. Pingback: Post de noviembre 2011 | Preguntarse y buscar

  2. Que bueno es saber que aun existen docentes que le agradecen a sus alumnos y que reconocen que ellos nos permiten crecer y aumentar nuestras vocaciones.

  3. Que lindo! También en mi historia, y en mi historia como docente, hay chicos que han marcado a fuego algunos modos, algunos deseos, algunas búsquedas mías. Los chicos en general, y algunos y algunas en particular. Ahora mismo me sonrío recordando a mis primeras “alumnas”; las nenas del internado donde trabajé desde los 20 a los 26 y de las que aprendí tanto… Y los de la Casa del Niño en la que trabajo hace 12 años…cuántas historias, cuantos rostros, cuántos nombres se me cruzan ahora por la cabeza y por el corazón. Gracias a Dios por el don de la vocación docente, por las posibilidades de estar donde estoy, en una tarea que me hace feliz!

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