Anonimato en la red


Hace no pocos años, la gente vivía en pueblos donde todos se conocían. El problema era entonces la invasión e injerencias continuas de “gente de la calle” en asuntos privados; o la mezcla de ambos. El núcleo familiar se relacionaba tanto con la familia extensa que no había prácticamente diferencia en algunos aspectos. De ahí pasamos a las ciudades, expresión de liberación. Las relaciones en los edificios reproducían, de algún modo, esas alianzas que en los pequeños pueblos y aldeas, esos contactos cercanos y directos. Pero prácticamente sólo duró la primera generación. Con ella murió el reconocimiento permanente, el saludo cotidiano y la vida en espacios limitados, donde todos podían llegar a conocerse unos a otros. También es cierto que no había tantas posibilidades de “afiliación y pertenencia”. Por eso proliferaron durante un tiempo, maravillados por la amplitud de las mismas y su variedad, las asociaciones y grupos de base en las “nuevas urbes”, creadas con “mano de obra venida del campo”.

Sin embargo, la historia dio un giro inesperado hacia el anonimato. Una característica propia no de un sujeto, sino de una relación. El sujeto que se esconde se llama enmascarado. La relación que permite no reconocer a cada persona en su nombre y en su historia, en su identidad personal, se llama anónima. Y la diferencia es muy importante, porque significa que si alguien permanece en el anonimato es por permisividad o tolerancia de ambos en la relación. El juego de las grandes ciudades es el de no preguntar para no meterme en la vida de los otros, evitando así que me pregunten, y por lo tanto sentir que alguien está “demasiado cerca de mí”. Dicho en imágenes, el anonimato es la posición que ocupan los usuarios del metro y el autobús cuando está vacío, sentándose lejos unos de otros y evitando el contacto y trato, o cuando está a rebosar de gente, sin cruzar la mirada y cada uno en su micro-mundo-iPod.

Lo que podemos hacer, durante toda la vida, es buscar las causas o las consecuencias. Y sería interesante preguntarse de paso por los motivos del anonimato. Una parte justificada es el derecho a la intimidad, también en la red. Pero creo que en relación a este derecho no hay ningún problema, en principio, salvo aquellos que buscan apropiarse de datos o hacer daño a través de la difamación, del abuso en los medios para cuestionar a otros, o generar una mala imagen de alguien. Algo que, a todas luces, va más allá de la cuestión del anonimato. Creo que aprender a diferenciar anonimato de máscaras, es importante.

El anonimato, por lo tanto y a mi entender, es una relación que se permite. Y se justifica por el modo de vida que llevamos, donde uno puede salir de su casa y esconderse en la masa.

Educar cómo manejar la identidad personal en internet, a través de una relación auténtica y sincera, en la que las personas se muestren como son y desde sus inquietudes, y tamibén aprendan a respetar a los demás en sus semejanzas y diferencias. Ése es el reto. Pero sigue siéndolo en la realidad real. El paradigma en el que nos encontramos potencia una cierta “impunidad”, o la permite, a quien se esconde o suplanta una identidad que no es la suya. Lo que podemos empezar a pensar es que no es algo meramente de internet, también de la vida cotidiana y corriente. Educar para el buen uso y el buen nombre, propio y ajeno en la red, es un reto mucho mayor. Y hacer de la red un factor real de socialización y de comunicación (algo que está ya en práctica y somos muchos los que lo disfrutamos), donde puedan generarse proyectos humanos e interpersonales, y que se convierta en un espacio más de humanidad que ni suplante ni compense otros… es un reto. El anonimato, sólo un factor dentro de la complejidad -inmensa- de la red. Algo que va desde los datos (prudentes) que se ofrecen de forma pública, igual que hago en la vida real, donde no todo lo voy contando ni lo digo de cualquier manera, a las fotos personales y avatares, a los lugares donde me dejo localizar, a lo que digo pensar o digo que he pensado, a la autoría de mis comunicaciones o referencias… Todo un reto, educativo y humanizador.

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