Principios y flexibilidad


Hoy reflexiono sobre una cuestión que es al mismo tiempo personal, relacional, familiar, educativa, laboral, eclesial… De la flexibilidad se habla mucho, porque es parte del mundo cambiante en el que vivimos, de la necesidad de adaptación continua, de la mejora permanente, de la transformación profunda que está ocurriendo en nuestra sociedad, y de la metamorfosis de esta nueva generación naciente. Pertenece, por así decir, a su esencia. Son un tanto camaleónicos. Y por otro lado, creo que no pocas veces enfrentados a esta flexibilidad reinante y que campa a sus anchas, está la cuestión de los principios personales, morales y sociales. Aquí se trata de algo más que forma, se habla de contenido, se defienden posturas, se toman posiciones concretas, se marcan límites que no se deberían sobrepasar, y se definen por lo tanto líneas que diferencian y distinguen. No los opongo por capricho, ojalá fuera fácil la tensión. Y me escudo detrás de lo que otros, gente más importante y sabia que yo, han ido diciendoal respecto, y cuestionando. Me permito por lo tanto situarnos en forma de dos extremos, con sus signos claros, tanto unos como otros.

No creo en las condenas “porque sí”, y en lo desechable “a la primera”. Más bien pienso que tanto en uno como en otro polo encontramos extremos deprorables por cualquier sujeto dotado de una mínima razón despierta y cabal. Por ejemplo, la flexibilidad puede ser entendida como la falta de personalidad más absoluta. Y en este modo también enjuicida como indeseable por cualquier persona (al menos para sí mismo, aunque puede que quizá si son otros los que no tienen personalidad…). Del lado contrario, del lado de los principios, podemos situar el fanatismo (bien entendido, porque no todo lo que se tilda con este “sustantito” tiene esa sustancia), o la afirmación rotunda e indialogable de que yo tengo la verdad (o que tengo siempre posibilidad de hablar, porque me parece que detrás del derecho a la expresión también debería existir la obligación del aprendizaje, la exigencia moral de preguntarse a sí mismo y la actitud de búsqueda sincera y libre de la verdad). Sin muchas más consideraciones, repetio que (casi) cualquiera rechazaría ambos extremos.

Bajo el nivel de intensidad en los juicios sobre ambos, y encuentro paradojas. Por una parte la nítida sensación de que todo lo creativo es mejor, que lo innovativo pondrá en el disparadero lo tradicional y lo antiguo. Es decir, que se reproduce el modelo “esnob” (esnobista) a grandes rasgos en la vida social, permitiendo que éste sea el patrón “más” adecuado en muchos sectores para pervivencia e integración, y para el éxito. Recuerdo, a propósito de lo anterior, que se reconoce el origen de la palabra “snob” en la falta de nobleza, de casta, y por lo tanto en su “origen bajo”. De donde deduzco que el cambio por el cambio lo único que provoca es ruptura y desorientación. ¿Qué será lo siguiente? Sobre todo cuando “(prácticamente) todo vale”, incluso el dañarse a uno mismo.

La acometida durísima que provoca sobre los principios -que se quedan obsoletos- no es una búsqueda de mejora, ni prima el desarrollo personal. Hago caer en la cuenta de esta cuestión, que me parece fundamental. Si se pretende el cambio sin más, éste se verá asentado sobre “nada”. Y el siguiente paso será la autojustificación -como segundo elemento por lo tanto la razón, no como primero- del abandono realizado. Algo que en breve se puede entender como falso, llegando incluso a no tener ni siquiera que buscar razones para nuestros propios actos. Sólo en aquellos casos en los que se atente directamente contra “los principios” de otra persona (en el mejor de los casos).

Y añado un interrogante más sobre la flexibilidad. ¿Qué se pretende con tanta creatividad? ¿A dónde nos lleva como personas? Evidentemente, una parte importante de la persona es su ser creativo, su capacidad para “hacer algo nuevo”, para renovarse, para volver al origen, para buscar nuevas ideas, nuevos caminos, nuevas novedades. ¿Novedad por novedad? ¿Novedad para el bien? ¿Novedad para la verdad? Pienso que no pocas veces, con la “creatividad de las formas y los lenguajes” se pierde mucho de lo que anteriormente se había ganado. Y que haciendo tantos esfuerzos, permanentes y continuos en esta dirección, se deja de lado la importancia de recibir algo más que estética, que imagen, que motivaciones externas. En definitiva, que no enganchan realmente al corazón humano, ni sacia plenamente. Quizá hagan más amable la recepción de ciertos contenidos, pero puede ocurrir que también despisten más.Hay innovaciones que considero claramente “perversas” en este sentido, y esfuerzos que percibo como estériles al paso de los años pese a la alegría primera.

Dejando de lado la cuestiones relacionadas con la creatividad, voy ahora sobre los principios. Entiendo, como decía al inicio, que son posicionamiento personales que van más allá de la propia persona incluso, y hunde sus raíces en la sociedad, en la familia, en la cultura. Principios como normas prácticas de vida sobre la cuales asentar sus propias decisiones, y también encauzar su voluntad, que le permiten resistir en momentos de impacto y vendavales, así como orientar y ordenar decisivamente su vida. El mayor de los errores respecto a los principios sería la aceptación acrítica, simpática e ignorante, sin haberlos pensado ni dialogado una sola vez. Es cierto. Y también lo es, puesto en el otro lado, hacer del diálogo sobre los propios principios una cuestión social. Tendríamos que tener presente que dialogar sobre ellos es dialogar sobre personas, no sobre “objetos aislados” que la razón puede contemplar como en el mundo de las ideas. Pienso en mis abuelas, y en lo cruel que sería aquel que intentase dialogar con ellas sobre la ropa que tiene que ponerse o no ponerse, en función de su posicionamiento personal. Pero también en los jóvenes, y en el exceso de consenso acrítico al respecto, y la falta de fuerza de voluntad personal para no plegarse a la mayoría amorfa que hace o deshace sin más.

Entiendo que hoy es una carencia social. La falta de principios es notable, sobresaliente incluso en determinados contextos. Y más en determinadas dimensiones. Después de hablar tanto tiempo sobre libertades y derechos y expresión y opinión personal, deberíamos tener presente de nuevo el contenido de las cosas que se dicen, a quién se dicen y cuál es su alcance. Para todo en la vida, como no puede ser de otra manera. Pero sin carbón, la máquina no avanza. Sin luz eléctrica, no escucho ninguna canción en el iPhone. Sin materia no tengo forma real, sólo espectro. Y me parece muy significativo, dicho sea de paso, la “creatividad” que muchos tienen para entender todo de la forma más fácil, de la forma más simple y de la forma más cómoda. Porque entiendo que los principios vienen en ayuda de, precisamente, todo lo contrario; pero con horizonte.

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