Razones por las que educo


La educación nunca ha pasado por “su mejor momento”. En todas las épocas ha tenido que afrontar retos, dar la cara ante problemas sociales, y soportar las tensiones de los cambios de época. No nos engañemos, no vivimos el peor de los tiempos posibles. Antes no había recursos, y ahora tenemos a montones. Antes ni siquiera se disfrutaban las instalaciones presentes, y nos parecen insuficientes. Quienes viven de la nostalgia o de los sueños ideales, terminan por sentirse defraudados. Y creo que he pasado por todas las situaciones descritas: he estado en escuelas con claustros entusiastas y familias que frenaban todas las iniciativas que se proponían; he pasado por escuelas donde un cuaderno era un lujo que tenía que ser generosamente entregado, sin pedir nada a cambio, y se cuidaban sus hojas con esmero y cariño, como un tesoro; he pasado por escuelas de alumnos de gran inteligencia, y con conflictos dentro del aula entre unos y otros, y mal ambiente; he pasado por escuelas donde los profesores se sentían derrotados, donde las familias no sabían qué hacer ya con sus hijos pre-adolescentes. En cada escuela por la que he pasado, algo me ha defraudado, no he alcanzado todavía a comprender cómo es posible que no exista un mayor agradecimiento hacia los profesores, que se dude de la intención de algunos de ellos, que se trate a los alumnos como si fueran “masas” sin “personas”, y más… Pero reconozco que todavía me enamora, que me cautiva, que me levanto con muchas ganas por enseñar; a pesar de encontrar a primera hora dormidos, normalmente, a los muchachos y no siempre ser capaz de ganar su interés y despertarlos. A estas alturas he sido profesor de Matemáticas, de Física y Química, de Lectura, de Teatro, de Música, de Lengua, de Historia, de Dibujo Técnico, de Ética, de Filosofía, de Religión, de Cultura Clásica, de Latín, de Hombres Nuevos… he sido tutor, acompañante, he atendido familias a horas peregrinas, y alguna dentro del horario que les correspondía… ¡Qué más da aquello que se ofrece! ¡Los contenidos no son lo que distingue a unos profesores de otros!

No digo por ello que no merezca la pena todo esfuerzo que se haga por la asignatura correspondiente. Más bien todo lo contrario. Son precisamente las materias las que exigen disciplina, las que exigen orden, las que piden limpieza, claridad… Son los contenidos los que hacen pensar, reflexionar, afrontar problemas, pedir ayuda, trabajar en grupo… Es estudiar esto, esto otro, o lo de más allá, lo que abre la mente, cuestiona nuestras respuestas y pide creatividad. Es conocer, no otra cosa, la puerta para ulteriores descubrimientos. Pero sin esa base, difícilmente llegaremos más allá. Si no se aprende a sumar, olvidemos las integrales. Si no se aprende a dibujar, tampoco se dará el valor adecuado a Fra Angelico, ni a Dalí, ni a la Sagrada Familia. Si no se aprende historia, la mitad de las conversaciones caen en el vacío, en la ingenuidad. Y lo peor de todo, estaremos siempre a merced, si no aprendermos a leer y escribir y hablar, de ser capaces de leer el mundo por nosotros mismos, de escribir y decir cuanto nosotros llevamos dentro.

¿Por qué sigo en la escuela, y no me he ido a pesar de todo lo que dicen?

  1. Porque en la escuela se puede cambiar el mundo.
  2. Porque en la escuela se puede evitar y prevenir el mal.
  3. Porque en la escuela se está en contacto con una humanidad nueva.
  4. Porque en la escuela se enseña y aprende lo mejor del hombre
  5. Porque en la escuela se trata con personas, no con cosas.
  6. Porque en la escuela yo mismo mejoro como persona cada día.
  7. Porque en la escuela existe una exigencia grande.
  8. Porque en la escuela se trabaja el futuro.
  9. Porque en la escuela disfruto, lo paso bien, me río.
  10. Porque en la escuela se gestan grandes proyectos.
  11. Porque en la escuela es posible la gratuidad y el mérito.
  12. Porque en la escuela se puede abrir el corazón, mostrar sentimientos
  13. Porque en la escuela se conocen grandes hombres, y se crean los siguientes.
  14. Porque en la escuela hay arte, música, creatividad.
  15. Porque en la escuela encuentro a Dios.
  16. Porque en la escuela aprendo cada día de otros.
  17. Porque en la escuela se puede dialogar
  18. Porque en la escuela se cree en la justicia para todos.
  19. Porque en la escuela se crece en amor y paciencia.
  20. Porque en la escuela se crea fraternidad, se trabaja junto a otros.
  21. Porque en la escuela se afronta el éxito y el fracaso.
  22. Porque en la escuela se pueden superar dificultades.
  23. Porque en la escuela se abren posibilidades, y se cierran puertas.
  24. Porque en la escuela soy testigo del crecimiento de otros, y del mío propio.
  25. Porque en la escuela me río.
  26. Porque en la escuela también lloro.
  27. Porque en la escuela vivo, no me pongo máscaras.
  28. Porque en la escuela hay puertas que abren a la ciudad.
  29. Porque en la escuela veo entrar niños, salen hombres.
  30. Porque en la escuela también hay dolor, se conoce el sufrimiento humano.
  31. Porque en la escuela… todavía no he descubierto, ni vivido todo.
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Un pensamiento en “Razones por las que educo

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