Mentiras y engaños en la red


Ayer por la tarde comentaba con una persona lo fácil que es “dejarse engañar” en internet cuando las fuentes que se manejan son únicas. Y no tardó mucho en aparecer que un expresidente de Gobierno había muerto, hasta llegar a convertirse en TT. Con los ritmos que se manejan, con la producción particular, con el innumerable espacio dedicado a las opiniones personales, y con alguna que otra página que ofrece noticias de humor, que más de uno ha llegado creerse… es previsible que el primer detector de mentiras de la red nada más salir al cyberespacio pueda colapsarse, en el caso de que una herramienta como esta sea viable en algún momento.

Según la información ofrecida, ayer se tardó treinta minutos en corregir el error en Wikipedia. Un tiempo a mi entender que hace muy respetable la macroenciclopedia global, y le da seriedad. Y valoro que hay bulos en la vida diaria que tardan mucho más tiempo en ser corregidos. ¿Dónde está entonces el problema? ¿Es en la capacidad de todos para hablar? ¿Está en las normas del cyberespacio?

A mi entender, es una cuestión personal. No tiene que ver tanto con internet como con las personas que manejan y usan sus fuentes. Lo preocupante es la intención que puede haber detrás de unas no-bromas que se dicen. Y lo que no es cuestionable es la capacidad de todos para expresarnos y opinar. Dicho lo cual, creo que el retorno y el mejor antivirus es personal. Por un lado, a la hora de recibir información saber manejar varias fuentes, no todas de internet y por lo tanto seguir leyendo libros, no dar credibilidad a todo cuanto se ve y menos aún a cuanto se lee, no leer y asumir sin más o irreflexivamente, ser crítico con las opiniones de otros, aprender a dialogar sobre los contenidos que he recibido y no defenderlos a la primera de cambio, situarse en la red en un marco de referencias amplio que permita un horizonte abierto, contrastar y relacionar información de diferentes puntos y en diferentes sentidos, tener capacidad de memoria, no dejarse llevar a las primeras de cambio, conocer bien en qué lugar se publican y entender los mecanimos de la red para autorregularse, conocer bien la propia lengua con sus ambigüedades y sus artimañas, con sus giros y con sus relgas de argumentación, ganar en autonomía y en juico personal…. En definitiva, saber buscar, saber leer, saber criticar, aprender a aprender. Porque de la misma manera antes, cuando sólo había periódicos de papel y libros, también circulaban opiniones erróneas, datos incorrectos y mentiras despiadadas e interesadas con las que había que aprender a lidiar.

  1. Donde veo mayor problema en la falta de confianza que puede llegar a generar, en el daño a determinadas personas o entidades. Aunque no seamos economistas ni expertos en finanzas, todos somos testigos de las consecuencias que esto puede tener en unas dimensiones que se nos escapan habitualmente. Si ocurre con las macroeconomías, croe que de la misma manera, pero mucho más delicadamente, con determinadas personas o instituciones. El daño a la imagen, la difamación o la calumnia se deberían perseguir con más énfasis. Tanto en internet, como en la vida pública cotidiana. Sería un signo de verdadero desarrollo el respeto universal a todas las personas, el derecho a la buena fama, y yendo un poco más allá, pensar primero en las buenas intenciones de la gente antes que en lo más retorcido.
  2. Por otro lado, un aspecto delicado es el mal que una noticia falsa ya ha producido en quienes la han recibido. Pienso por ejemplo educativamente, en el doble esfuerzo que tiene que hacer alguien para aprender y desaprender algo, si es que da el segundo paso. O, peor si cabe, en aquellos que se han quedado con algo dentro que no es verdad, porque la mentira siempre provoca un daño interior irreparable en quienes se han “intoxicado” con ella. Algo que ya exponía Sócrates en sus diálogos. A este respecto, me parece ingenuo pensar lo contrario, como si no pasase nada.

Más interesante me parece el hecho de querer convertirse en una fuente fiable para los demás. La cuestión de la crecibilidad y la imagen en nuestro mundo están íntimamente relacionadas, de modo que reclaman una relación estrecha. En este punto, habría que ser crítico primero con lo que cada uno publica en la red, en el buen uso del nombre de otras personas o fuentes, o en la sincera expresión de las opiniones personales, dejando claro que no son verdades objetivas sobre la realidad, y que están por lo tanto abiertas al diálogo. Supongo que es mucho pedir una ética tan elevada.

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