Cadenas de sufrimiento


Me ronda por la cabeza últimamente la siguiente idea: existen cadenas de sufrimiento. No es mío, original. Lo he tomado de un libro. La imagen sería: una cadena a la que se van sumando anillos, de tal manera que prolonga su acción “esclavizante”. Así, cada vez que existe sufrimiento en el mundo, va creciendo y creciendo la cadena.

Me pregunto entonces si esto es verdad, si el sufrimiento y el dolor, y por lo tanto el mal, también se extienden como si fuera una epidemia y se contagia. Si, como me decían cuando era pequeño, se puede comprobar que causar dolor o molestar a alguien al inicio del día supone que a lo largo de sus 24 horas esta persona contagiará su dolor y malestar a otras tantas, y así sucesivamente.

¿Alguien puede parar esto?

Entiendo que con más sufrimiento y odio, no. Así es imposible. Con más muerte, no se puede adelantar, como tampoco se puede luchar con la misma herramienta que pretende ser derrocada. El poder no puede vencerse con poder; el odio tampoco con odio; la muerte siembra más muerte; la división continúa su espiral esponencial de regiones y casillas e individualismos.

¿Quién puede romper esta cadena que a tantos esclaviza? Si llega a mí, ¿qué me ocurrirá? No lo sé. ¿Cambiaré, seré fuerte y detendré su epidemia? No puedo. ¿Resistiré su envite? Seguramente no. La cadena se frena, desde mi fe, en la Cruz del Señor. Es Él quien carga con el mal del mundo, quien devuelve bien a cambio de mal, quien soporta su dolor. Y en la medida en que se convierta nuestro corazón, a sus sentimientos, también como cristianos podremos vivir este misterio. Hasta que no se convierta, continuaremos la espiral, provocaremos según nos han provocado, desearemos lo que nos han hecho, y viviremos bajo la Ley del Talión. Transformarse al “amor”, a la primacía del prójimo sólo es posible para quien acepta diariamente la Cruz y deja que el Espíritu viva en su interior.

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2 pensamientos en “Cadenas de sufrimiento

  1. Cierto, todo nuestro dolor, sufrimiento, angustia, turbación ya lo llevó Cristo (es aconsejable recordar que, aunque esté resucitado y vivo, las huellas de su pasión las sigue llevando en sus manos, en sus pies y en su costado abierto de par en par. Pero el pago con su sangre el rescate por nuestras vidas, y no hemos llegado a la sangre por mantener la fé.

  2. Pingback: Post de noviembre 2011 | Preguntarse y buscar

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