Afrontar las crisis y los retos


Esta crisis no es (sólo) una crisis económica. Está afectada por múltiples variables y al mismo tiempo afecta a numerosas dimensiones. Y saliendo del marco del que todos hablan, nos podemos plantear igualmente cómo afrontamos las crisis y los retos cotidianos. Porque cada vez que nos despertamos, cada mañana que salimos de “la cama” para salir hacia el mundo, nos encontramos un mundo que hoy no está escrito y tiene que pasar a nuestra bitácora personal; un mundo en el que, por mucho que nos empeñemos en planificar una y otra vez, repetidas veces y en ocasiones puedan parecerse o ser similares, es siempre nuevo. Algo me dice que sólo existe el hoy, y que en el hoy se cumplen o se frustran las expectativas que tenemos. Y que la mayor parte de realidades que identificamos como “problemas” no son expectativas que no se cumplen según nuestros cálculos (porque existen los casos en los que las expectativas se ven superadas y no nos preocupan), sino allí donde se muestra nuestra incapacidad, nuestra debilidad queda manifiesta, o nuestro dolor nos supera.

Lo dicho, de retos y de crisis tenemos el día lleno. Es un reto sentarse en casa, es un reto superar una contrariedad, es un reto aprender algo nuevo, es un reto que se descoloquen los planes, es un reto la puntualidad, es un reto aprender a convivir en casa y convivir de hecho también es un reto. Hay crisis pequeñas, quizá para muchos insignificantes, pero con grandes repercusiones en todos los ámbitos y dimensiones de nuestro ser. Hay crisis laborales y conflictos que piden ser resueltos ya, hay crisis en las familias, en las relaciones personales, en las palabras que utilizamos, y en las que dejamos de usar, hay crisis en forma de contradicción, de coherencia, de muro o de mar. Por lo tanto, ante crisis y retos tenemos que educarnos para disponernos a superarlos.

Haciendo una rápida lista de elementos a tener en cuenta, que pueden ayudar a afrontar las primeras o segundas crisis, destaco los siguientes:

  1. Desterrar la queja, el enfado y la impotencia.
  2. Ser positivos y propositivos.
  3. Saber buscar alianzas, ayudas en otras personas.
  4. Aprender de la experiencia sucesivas veces, o buscar experiencia en otros.
  5. No dejar pasar las oportunidades para mejorar.
  6. Educarse en el esfuerzo y la paciencia.
  7. Despertar la creatividad.
  8. Mirar el mundo con buenas intenciones.
  9. Conocer bien causas y consencuencias de la situación actual.
  10. Delimitar horizontes, sin dejar de ser ambicioso en el resultado.
  11. Dar a conocer a otros el momento en el que nos encontramos.
  12. Autoajustar las propias respuestas sucesivamente, sin dejar de valorar cada intento.
  13. Establecer un plan, lo cual implica reflexión.
  14. Poner los sentimientos y emociones en su sitio.
  15. Dar prioridad a los primeros pasos, con fuerza suficiente.
  16. Considerar nuestra capacidad de transformación de la realidad.
  17. Aceptar lo incambiable.
  18. Salvar no sólo el problema, sino también las circunstancias.
  19. “Atacar” colateralmente la situación, hasta que pueda ser encarada.
  20. Valorar posibles “pérdidas” y “desgastes”.
  21. Motivarse para el éxito, escuchar lo positivo.
  22. Evitar permanecer mucho tiempo sin “hacer nada”.
  23. Estudiar vías de solución, conocer qué han aportado otros.
  24. Cambiar de lugar, para pensar con mayor claridad.
  25. Establecer principios irrenunciables de actuación.

Supongo que todos podemos percibir, y más a medida que pasan los años, que esto es de una importancia fundamental y clave en todos los sentidos.Quizá no podamos cumplir los 25 puntos expuestos, pero si estamos en una mayoría centrados y los vivimos con normalidad se puede esperar algo más que si estamos dentro del marco de la siguiente lista. Te ofrezco los contrarios de la anterior:

  1. Dejarse llevar por las protestas, considerar todo injusto.
  2. Ser negativos y reactivos.
  3. Sentirse solo.
  4. No tener en cuenta el valor de la experiencia.
  5. Perder el tiempo.
  6. Buscar la comodidad y la impaciencia.
  7. Repetir lo de siempre.
  8. Pensar que todo está en tu contra.
  9. Desconocer por qué ha pasado lo que ha pasado.
  10. Idealizar las soluciones.
  11. Aislarse en uno mismo, sin contar con nadie.
  12. Derrotarse en el primer fracaso.
  13. Improvisar los pasos.
  14. Dejarse llevar por sentimientos y emociones.
  15. No valorar el inicio de las acciones.
  16. Creer que no podemos hacer nada.
  17. Luchar contra lo incambiable.
  18. Descuidar las circunstancias.
  19. Ir directos al problema.
  20. Querer conservar todo, sin perder nada.
  21. Desmotivarse a uno mismo.
  22. Dejar pasar el tiempo.
  23. Ignorar otros intentos, la experiencia de otros.
  24. Permanecer anclado.
  25. No tener principios.

Una vez que tenemos las dos listas (una resolutiva y la otra empeorativa) te invito a valorarte a ti mismo con sinceridad. Si perteneces a la primera, muchas felicidades. Tienes grandes posibilidades en tu mano. Si perteneces a la segunda principalmente, te recomiendo que des pasos hacia la primera, poco a poco.

Me considero un romántico práctico, y a mi entener hay mucho de la crisis global que se solucionaría afrontando de forma estratégica las crisis y retos locales. Por eso considero que de modo directo, retomar las cosas pequeñas de la vida influye decisivamente en los aspectos más generales de la misma, incluida la crisis económica. Es una cuestión pedagógica y educativa, y no soy el primero ni el último que incidirá una vez más sobre ello.

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3 pensamientos en “Afrontar las crisis y los retos

  1. He leido su comentario. Creo que es un análisis sesudo, riguroso y es un planteamiento positivo. También me parece muy objetivo. A mi, personalmente, si me quedara en paro ahora, me dejaría fuera de combate. El impacto sería tan fuerte, que no podría reaccionar. Tendría que hacer un esfuerzo tan titánico para sobreponerme, que solo la ayuda de DIOS NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, podría hacer que saliera adelante. Si, realmente creo que me sentiría hundido. Si, decididamente, creo que no podría hacer ningún análisis, ni seguir ninguna estrategia. La situación me dejaría totalmente fuera de combate. Desde luego, si llega el momento, solo podría sostenerme DIOS.

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