Mt 25,31 – El juicio final (3)


Vuelvo otra vez sobre mis pasos. Recuerdo que un día rompí algo en casa, mientras jugaba con mi hermano. Supongo que es algo que muchos hemos hecho. En cuanto vi que estaba hecho pedazos, en el suelo, renuncié a la posibilidad de dar marcha atrás. Ya era imposible. Lo hecho, deshecho estaba. Y automáticamente saltó a mi cabeza que mis padres se enterarían. ¿Qué pasaría entonces? El interrogante se cernía sobre mí, y para ser sincero, no me hacía ninguna ilusión la respuesta. Llegó el momento, mis padres preguntaron, intenté escabullirme, pero no pude. La mentira es mala consejera en esos casos, y las escusas son débiles, insuficientes y además empeoran todo. Finalmente, quedé aguardando las palabras de mis padres. Aquí ya no decidía yo. Y mi madre me dijo: “Cuando pasan estas cosas, ¿por qué no nos lo dices tú primero, antes de que nosotros nos enteremos?” Con la cabeza cabizbaja, aprendí la lección y no supe qué contestar con acierto.

La lógica de mis padres es aplastante. Y muy similar al juicio. Hasta que no aparece la verdad no hay posibilidad de reconciliación. De donde deduzco que el juicio, dada la situación en la que encontramos, de miedo y de mentira, es imprescindible. Dios no ha tenido capacidad todavía para perdonar todo en nosotros. Y nos defendemos de él con tanta facilidad, como si jugásemos al escondite en terreno conocido, que resulta complejo llegar al corazón para sanarlo y purificarlo del todo. Creo que de tanto jugar al escondite con Dios, terminamos también aprovechando la coyuntura para ni siquiera decirnos la verdad a nosotros mismos, y mucho menos dejar que los demás puedan descubrirla en profundidad. Está en riesgo demasiado, está en riesgo lo único que necesitamos, está en riesgo lo más grande. El amor. Otras cosas importan menos.

El juicio, del cual se ríe la misericordia (St 2), es una oportunidad excelente y maravillosa. Nos pone en nuestro sitio, que es donde queremos realmente estar. Porque el pez fuera del agua no puede vivir, y el hombre fuera de la verdad se destruye. No hay por tanto que temerle al juicio, como tampoco hay que temerle a la misericordia. El juicio comienza ya, en la escucha, en la voz de la propia conciencia, en la posibilidad de aceptar o rechazar al Señor de la historia aquí y ahora. Ha comenzado, pero tiene que llegar, evidentemente, a plenitud. El juicio es la oportunidad, en definitiva, de que reconozcamos que hemos sido amados hasta el extremo, que aceptemos totalmente la salvación que Cristo nos ofrece en la Pascua.

Desde la cena de ayer, hasta la cena de hoy, me ha cuestionado mucho el planteamiento cristiano sobre estas cuestiones escatológicas. He dialogado con gente más preparada que yo, he dialogado con hermanos y amigos, he predicado sobre el asunto, he cogido algún que otro libro, y me he descargado un archivo de internet (muy fiable, por cierto) que todavía no he podido ni mirar por encima. Todo sobre el mismo asunto. Y he llegado a un par de conclusiones, que comparto con vosotros, esperando que nos ayuden a rezar más que a entender, sin más:

  1. La vida cristiana no tiene sentido cuando “nos olvidamos de Cristo”, y cuanto Cristo amó, ama y amará. Perder de referencia al Señor de la historia es justo lo contrario de la afirmación central del Juicio: Dios tendrá la última palabra. Frase que sólo inquieta a aquellos cuya imagen de Dios, cuyo pensamiento sobre Dios, cuya experiencia de Dios, no sea plena. Es decir, que es normal que nos inquiete, y por tanto, que nos ponga sobre la pista de la purificación de nuestro pensamiento sobre Dios. ¡Aquí queda mucho camino siempre! ¡Dios es tan grande! ¡El misterio pascual es tan misterioso! ¡Conocer nos sacia tan poco!
  2. Tendríamos que dar gracias Dios por volver, una vez más, a despertarnos del letargo de lo cotidiano y de la aplastante inmanencia de nuestra realidad. No puedo quedar al margen de esta Palabra cuando la escucho. Tengo la sensación de que, más que cerrarse puertas, se abren ahora y ya. Está de par en par abierta para amar al prójimo, para buscar al Señor en lo cotidiano, para saber dónde se encuentra aunque mis ojos no sean capaces de verlo. Recuerdo, como no puede ser de otro modo, que el rico Epulón deseaba volver para avisar a los suyos; pues ya hay quien nos ha “dado el toque de alarma”, quien nos ha devuelto a la vida.
  3. No creo, por otro lado, que nadie sea tan ingenuo de pensar que no tiene nada que purificar, ni nadie tan soberbio que piense que aprovecha la vida al máximo realmente cuando sólo la gasta para sí mismo (es decir, cuando intenta guardársela sin más). Pongámonos a ello. Por un lado el goce será mayor en cuanto que podemos amar a Dios, que tanto nos ha amado. Y por otro, superemos las barreras que atenazan, controlan y someten nuestra capacidad de amar.
  4. Aceptemos el perdón, no huyamos de él, no nos mostremos orgullosos. ¡Lo necesitamos! Es curioso ver que incluso los justos preguntan, desde su ignorancia. Parece que la pregunta de los justificados y de los que están malditos es la misma, pero no es así. Los primeros se sorprenden, se ponen en su pregunta aún más en manos de Dios. Reconocen ante él sus limitaciones. Ahondan más aún en sus debilidades, en su precariedad. Los segundos, sin embargo, se quieren justificar a sí mismos, protegerse, evadir su responsabilidad. Ambas actitudes, me recuerdan, como creo que no puede ser de otro modo, a aquellos dos que subieron al Templo a orar: uno se colocó detrás, pidió perdón; el otro, orgulloso y a la vista de todos, exigía más de lo que merecía. El primero bajó justificado. El segundo, se condenó a sí mismo, cerrando sus entrañas a la posibilidad del amor de Dios.
Anuncios

2 pensamientos en “Mt 25,31 – El juicio final (3)

  1. Pingback: Post publicados en Noviembre 2011 | Preguntarse y buscar

  2. Pingback: Post de noviembre 2011 | Preguntarse y buscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s